La inteligencia artificial se enchufó a la red y ahora Estados Unidos no sabe qué hacer con la factura de luz
Los centros de datos pasaron de gastar el 1,9% al 4,4% de la electricidad estadounidense en apenas cinco años, y el Departamento de Energía proyecta que podrían llegar al 12% hacia 2028. La expansión choca con redes saturadas, comunidades que se plantan y proyectos frenados por 156.000 millones de dólares.
El otro día se me cortó la luz mientras hervía el agua para unos fideos. Duró veinte minutos, lo justo para acordarme de que la energía no es infinita y que alguien, en algún lugar, está decidiendo quién se queda sin ella. Mientras yo renegaba en la cocina, en otro rincón del mundo una enorme sala llena de servidores seguía pidiendo megawatts para entrenar modelos de lenguaje. La diferencia es que a ellos nadie les cortó el cable.
La inteligencia artificial no vive solo en la nube y en papers académicos: vive en edificios enormes, con equipos refrigerados todo el año, que devoran electricidad las 24 horas. Y ese consumo empezó a transformarse en un problema serio para el sistema eléctrico de Estados Unidos.
Cuánto consumen hoy y cuánto prometen consumir mañana
Un informe del Lawrence Berkeley National Laboratory, citado por el Departamento de Energía, indica que los centros de datos gastaron unos 176 teravatios hora en 2023, alrededor del 4,4% de toda la electricidad que se consume en el país. Cinco años antes, en 2018, la cifra rondaba el 1,9%. En otras palabras: el consumo se duplicó con creces en medio quinquenio.
Las proyecciones para 2028 ubican la demanda entre 325 y 580 teravatios hora. Traducido al castellano de la casa: para esa fecha, los data centers podrían representar entre el 6,7% y el 12% del consumo eléctrico total de Estados Unidos, dependiendo de qué tan optimista sea el escenario. Para dimensionarlo, pensemos que estamos hablando de una porción equivalente a todo el consumo eléctrico de una economía mediana de Europa, pero concentrada en unas pocas instalaciones puntuales.
- En 2018, los centros de datos absorbían el 1,9% de la electricidad estadounidense.
- En 2023, ese porcentaje saltó al 4,4%, con 176 teravatios hora consumidos.
- Para 2028, el rango estimado va del 6,7% al 12% del total nacional.
El problema no es solo de volumen. Es de timing, que en buen porteño significa que los tiempos no se condicen. Un data center se levanta en meses; una línea de transmisión de alta tensión o una subestación nueva pueden tardar años. Mientras la tecnología corre, la infraestructura eléctrica camina, y a veces directamente se queda esperando el colectivo.
Plata llama: NVIDIA factura y los pueblos se plantan
Para entender por qué la presión sobre la red se aceleró tanto, alcanza con mirar los números de NVIDIA. La compañía cerró su segundo trimestre fiscal de 2027 con 96.221 millones de dólares en ingresos, un 106% más que el año anterior. El 93% de eso, unos 89.000 millones, vino de su división de centros de datos, que creció un 117% interanual. El fundador y CEO, Jensen Huang, lo dijo sin vueltas en la presentación de resultados: la capacidad de cómputo se transformó en una fuente de ingresos en sí misma. Cuando un negocio crece a esa velocidad, los enchufes empiezan a faltar.
Y ahí aparece el otro frente de conflicto: las comunidades que reciben estos proyectos en su propio patio. Durante 2025, al menos 48 iniciativas por unos 156.000 millones de dólares fueron bloqueadas o demoradas por oposición local. La gente no quiere una central eléctrica auxiliar ni un transformador gigante al lado de la escuela. La resistencia vecinal, sumada a la saturación de las redes, ya empezó a poner un freno real a la expansión.
Yo reconozco que cada vez que uso un asistente de inteligencia artificial para escribir un mail o resumir un PDF, estoy metiendo presión sobre un sistema que en algún estado de Norteamérica está al límite. La tecnología no es gratis, ni siquiera la que parece magia. Mi consejo, ahora que te lo pediste sin pedirlo: la próxima vez que te quejes por una suba de tarifa o por un corte de luz, acordate de que detrás de cada respuesta automática hay un galpón lleno de máquinas que también quieren su porción de la red. Exigir tarifas razonables y planes de inversión energética deja de ser un capricho y pasa a ser necesidad pura.
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