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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

Por qué algunos amanecen con el sueño fresco y otros lo pierden antes de abrir los ojos

Un estudio siguió durante quince días a más de doscientos adultos y encontró que la edad, la divagación mental y la calidad del descanso de cada noche explican quién se acuerda de lo que soñó y quién no. La investigación también separó dos experiencias que suelen confundirse: soñar y recordar lo soñado.

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Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana · · lectura 3 min
Por qué algunos amanecen con el sueño fresco y otros lo pierden antes de abrir los ojos

Son las siete y pico de la mañana en una calle cualquiera de Buenos Aires y, mientras la pava empieza a hacer ruido, hay una pregunta que se repite en las cocinas de toda la Argentina: te acordás de lo que soñaste? Hay gente que se levanta con la escena entera en la cabeza, como si la hubiera visto en una pantalla, y gente que abre los ojos en blanco, segura de que soñó algo pero incapaz de recuperar ni un pedacito. Durante años eso se atribuyó al azar o a la mala suerte. Un trabajo reciente publicado en la revista Communications Psychology viene a decir que no es tan así: hay razones concretas, y se pueden medir.

Quiénes participaron y cómo se los estudió

La investigación siguió durante quince días a 217 adultos sanos de entre 18 y 70 años. Cada mañana, los participantes contestaban si recordaban haber soñado y con qué nivel de detalle. En paralelo, el equipo de investigadores juntó datos demográficos, psicológicos y del sueño a partir de dispositivos de monitoreo y de pruebas específicas. La idea fue simple: cruzar lo que la gente decía al levantarse con lo que pasaba en su cabeza y en su cuerpo durante la noche, durante más de dos semanas seguidas.

  • Actitud atenta hacia los propios sueños: quienes se interesan más por lo que sueñan tienden a recordarlo más.
  • Tendencia a la divagación mental: las mentes que se van por las ramas durante el día conservan mejor las imágenes oníricas.
  • Edad: a medida que pasan los años cambia la facilidad para retener el contenido onírico al despertar.
  • Vulnerabilidad a la interferencia: si la luz, el ruido o el pensamiento consciente llegan antes de que el sueño se asiente, el recuerdo se pierde.
  • Estructura del descanso: episodios largos, con menos sueño profundo y más fases livianas, se asocian a más recuerdos al levantarse.

Soñar y recordar no son la misma cosa

Acá viene uno de los aportes más interesantes del estudio, y es que los investigadores separaron dos experiencias que la mayoría mezcla en la misma bolsa. Una es recordar el contenido concreto del sueño: las escenas, las acciones, las emociones que aparecieron mientras dormíamos. La otra es lo que llamaron sueño blanco: despertar con la certeza de que algo ocurrió durante la noche, pero sin poder recuperar ningún detalle. Esa segunda vivencia, esa sensación de haber soñado sin poder contarlo, fue más frecuente en ciertos grupos y sirvió para confirmar algo clave: soñar y acordarse de lo soñado no son lo mismo. Pueden pasar las dos cosas por separado.

El hallazgo sobre la vulnerabilidad a la interferencia ayuda a entender por qué a veces lo perdemos tan rápido. La memoria necesita unos minutos para terminar de fijar lo que soñamos, y si en ese intervalo entra un estímulo fuerte, una luz de la calle, un teléfono que suena, un pensamiento que nos lleva directo a la lista de pendientes del día, el recuerdo se borra antes de quedar archivado. Es como intentar apoyar un plato en una mesada que todavía está moviéndose.

Mercedes, vecina de Villa Crespo, lo resume con una frase que repite cada mañana mientras prepara el mate: yo sé que soñé, lo tengo acá, en la panza, pero cuando quiero contarlo ya se me fue. Tiene 58 años y dice que de chica se acordaba de todos los sueños, uno por uno, y que ahora apenas retiene una sombra. El estudio le da la razón sin saberlo: la edad es uno de los factores que más pesan en la facilidad para conservar esos recuerdos al despertar.

“La edad cambia la facilidad para retener ese contenido onírico al momento de abrir los ojos.”Conclusiones del estudio publicado en Communications Psychology
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Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana

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