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DOM, 18 OCT 2026
Vida

Después de la menopausia el ovario no se apaga: sigue trabajando en silencio y los científicos empiezan a entender por qué

Un estudio conjunto de la Universidad Northwestern y el Instituto Buck para la Investigación del Envejecimiento revisó más de 5.800 proteínas en tejido ovárico de mujeres de entre 50 y 75 años y encontró que el órgano no queda inactivo: cambia, se inflama, se repara y, con los años, empieza a parecerse cada vez más a lo que los investigadores llaman un tejido bajo estrés.

FC
Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana · · lectura 4 min
Después de la menopausia el ovario no se apaga: sigue trabajando en silencio y los científicos empiezan a entender por qué

A esta altura de la nota uno se imagina la esquina de un laboratorio cualquiera en Chicago, con el viento de noviembre golpeando contra los ventanales y un grupo de científicas mirando placas de Petri como quien mira fotos de la familia. Del otro lado de esas placas, escondidos en cortes finísimos de tejido ovárico, estaban los protagonistas de una historia que durante décadas se contó al revés: la de un órgano al que se le daba por terminado mucho antes de tiempo.

Porque la idea instalada es que, cuando llega la menopausia, el ovario simplemente se jubila. Deja de fabricar óvulos, baja la producción de hormonas y listo, se apaga. Eso es lo que repite el saber popular, lo que repiten muchas consultas ginecológicas y lo que, en gran parte, repite el sentido común. Ahora, un trabajo publicado en la revista Aging Cell viene a discutir ese libreto con datos concretos: el ovario no se apaga, se transforma.

Un mapa de 5.812 proteínas para mirar al ovario por dentro

La investigación es un trabajo conjunto entre equipos de la Universidad Northwestern y el Instituto Buck para la Investigación del Envejecimiento, ambos en Estados Unidos. Para llegar a estos resultados analizaron 28 muestras de tejido ovárico obtenidas de mujeres operadas por indicaciones benignas, es decir, sin sospecha ni diagnóstico de cáncer. Todas tenían entre 50 y 75 años y fueron divididas en tres grupos: de 50 a 59, de 60 a 69 y de 70 años en adelante.

Con una herramienta que se llama espectrometría de masas, los investigadores pudieron cuantificar 5.812 grupos de proteínas en esos tejidos. Cada proteína es una pieza del engranaje del cuerpo: algunas construyen estructuras, otras envían señales, otras defienden, otras inflaman. El equipo se dedicó a comparar los perfiles proteicos entre los tres grupos etarios, como si pusiera tres fotos de la misma persona a los 30, a los 50 y a los 70 años y se pusiera a buscar las diferenciases entre ellas.

  • A mayor edad, se incrementaron las proteínas asociadas a la inflamación y a la respuesta inmunitaria innata, la primera línea de defensa del organismo.
  • Aumentaron también las proteínas vinculadas al recambio de la matriz extracelular, esa red invisible de moléculas que sostiene a los tejidos como un andamio.
  • Disminuyeron las proteínas relacionadas con la arquitectura celular, los filamentos estructurales y las queratinas, es decir, las piezas que mantienen a las células firmes y ordenadas.
  • En las mujeres de 70 años o más se detectaron 117 proteínas con cambios significativos respecto del grupo de 50 a 59 años: 84 disminuyeron y 33 aumentaron.

Qué significa que un ovario se transforme

El cuadro general que dibujan estos números es bastante elocuente. El ovario deja de ser ese órgano dedicado casi exclusivamente a la fertilidad y empieza a parecerse cada vez más a un tejido que pasa el tiempo reparándose, enviando señales y lidiando con el paso de los años. No es un paro, es un cambio de funciones. Como una fábrica que cierra una línea de producción pero no la planta entera: reorienta sus máquinas hacia otros procesos.

Eso lo resume con claridad Francesca Duncan, profesora asociada de Ciencias Reproductivas en la Facultad de Medicina Feinberg de Northwestern y coautora del trabajo. En diálogo con la prensa especializada, Duncan explicó que la pérdida de fertilidad está definida por el agotamiento de los óvulos, pero que eso no significa que el órgano quede sin función. "Los cambioses continúan a lo largo de las décadas posteriores a la menopausia", señaló la investigadora, que lleva años dedicada a estudiar el envejecimiento reproductivo.

La coincidencia con el cáncer de ovario y la lectura cuidada

Hay un capítulo del trabajo que merece ser leído con cuidado y sin apuro. Los investigadores compararon los perfiles proteicos del ovario envejecido con datos de estudios previos sobre cáncer de ovario y encontraron que, en el grupo de 60 a 69 años, había mayor presencia de algunas proteínas que habían sido vinculadas a ese tipo de tumor. Es una coincidencia que aparece justo cerca de la edad mediana de diagnóstico de la enfermedad.

Pero hay que pisar con precaución acá. Los autores aclararon que ninguna de las muestras analizadas en este estudio tenía signos de cáncer ni patología maligna. Lo que detectaron son cambiosicos compatibles con un entorno más inflamado y más reactivo, no con un tumor en formación. La ciencia funciona así: levanta pistas, no condena. Y estas pistas, en todo caso, abren la puerta a preguntarse de qué manera el envejecimiento ovárico puede preparar el terreno para ciertas enfermedades, una línea de investigación que, como me dijo una colega mientras revisábamos juntos el paper, "recién empieza a caminar".

Lo que deja este estudio, en definitiva, es algo que a esta altura parece de Perogrullo pero que la medicina tardó décadas en confirmar: la menopausia no es un punto final, es una transición. El ovario sigue activo, sigue produciendo proteínas, sigue modificándose, y recién ahora empezamos a tener el mapa lo suficientemente detallado como para entender qué hace, cómo lo hace y por qué esos cambios importan para la salud de las mujeres mucho después de los 50. Como me dijo una investigadora del equipo cuando le consulté por el sentido más amplio del trabajo, "mientras el tejido siga vivo, sigue contando una historia, y nosotros recién estamos aprendiendo a leerla".

FC
Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana

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