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LUN, 31 AGO 2026
Vida

Volver al gimnasio sin pagar el precio: la hoja de ruta que recomiendan los especialistas para retomar después de la pausa

Después de semanas sin moverse, la mayoría arranca con el pie derecho pero termina en kinesiología. La clave está en achicar la carga antes de volver a estirarla, escuchar lo que dice el cuerpo y entender que la paciencia no es debilidad: es la forma más inteligente de recuperar el ritmo sin pasar por el consultorio.

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Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana · 31 DE AGO DE 2026 · lectura 3 min

En la esquina de cualquier club barrial de Buenos Aires, estos días, se repite una escena conocida: el que vuelve de las vacaciones con el torso colorado de enero, la mochila nueva y la certeza absoluta de que esta vez sí va a ir todos los santos días. Después de tres semanas en la playa, el entusiasmo sobra. Lo que falta, y eso lo saben los que laburan en el rubro, es el cuerpo. Y acá va una aclaración que parece obbia pero que casi nadie cumple: el que se fue entrenando hace un mes no es el mismo que volvió. Ni de cerca.

Lo que pasa cuando uno deja de entrenar, explican los especialistas en medicina del deporte que vienen publicando estudios sobre retorno al deporte, es que la tolerancia al esfuerzo se cae, los músculos pierden parte de la capacidad de bancar cargas altas y el sistema nervioso tarda en recuperar los patrones de movimiento. En criollo: el cuerpo se olvidó un poco de lo que vos todavía creés que sabés hacer. Pretender retomar exactamente desde donde se dejó, sin transición, es la receta más segura para terminar con una contractura, un tirón o algo peor.

Menos volumen, menos intensidad, más paciencia

La recomendación que repiten los preparadores físicos y que aparece en la literatura científica sobre el tema es bastante directa y vale la pena tenerla a mano. Hay que arrancar con menos volumen, menos intensidad y más tiempo de recuperación entre sesiones, al menos durante las primeras dos semanas. Suena aburrido. No lo es. Es, en realidad, la forma más inteligente de volver a moverse sin tener que parar otra vez.

  • El que entrenaba una hora puede arrancar con treinta o cuarenta minutos, con circuitos menos exigentes o ritmos moderados. La meta no es recuperar el nivel anterior en el menor tiempo posible, sino permitir que el cuerpo se readapte sin sobrecargas.
  • Las pausas entre sesiones pesan tanto como el entrenamiento en sí: alternar días de actividad con descansos suficientes y mantener horarios de sueño regulares facilita la adaptación y reduce la acumulación de fatiga y dolor.
  • Para amortiguar pérdidas durante la pausa, la literatura menciona ejercicios de fuerza con cargas ligeras, trabajo pliométrico y estímulos de alta velocidad para preservar la condición de grupos musculares clave como los isquiotibiales.

Gerardo Centurión, profesor de educación física del barrio de Belgrano, lo dice con la claridad que da el mano a mano cotidiano con los vecinos del club: "Lo que más veo después de las vacaciones es gente grande que vuelve y al segundo día ya quiere levantar lo que levantaba en noviembre. Y al tercer día me llaman porque no pueden ni levantar el café". La frase, arrancada entre risas, esconde una verdad que la clínica confirma: la ansiedad por recuperar el hábito rápido lleva a exigirse más de lo que el cuerpo tolera en esa etapa.

La cabeza también vuelve oxidada

Porque el retorno al deporte no es solamente una cuestión de piernas y de pulmones. Hay una dimensión mental que también se resiente cuando la rutina se corta por períodos largos. La alteración prolongada de las costumbres puede afectar variables psicológicas vinculadas al entrenamiento, y algunos deportistas -no solamente los de elite, también los amateurs de toda la vida- pueden necesitar un acompañamiento específico para retomar con confianza y sin la zozobra de sentirse un extraño en el propio cuerpo.

“Respetar los tiempos del cuerpo es la mejor inversión a mediano plazo; apurarlo es la forma más rápida de terminar en rehabilitación.”Gerardo Centurión, profesor de educación física

Acá, entonces, la síntesis que vale la pena llevarse a casa: volver después de la pausa es un proceso, no un salto. Reducir la carga inicial, respetar los tiempos de recuperación y escuchar las señales del cuerpo -el dolor, la fatiga, el mal humor con el entrenamiento- son los tres ejes sobre los que coinciden los especialistas. Empezar con menos intensidad no es retroceder, como bien decía Gerardo con su media sonrisa. Es, en el fondo, la forma más segura de volver a moverse, que es de lo que se trataba todo esto desde el primer día.

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Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana

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