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SÁB, 17 OCT 2026
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Sergio se queda: la película cubana que convirtió la revolución en melancolía cotidiana

Una recorrida por la obra de Tomás Gutiérrez Alea, el filme que puso a un escritor hastiado frente a los cambios de Cuba y mezcló ficción con noticieros de la Crisis de los Misiles.

CA
Celeste AlcarazCultura y espectáculos · · lectura 3 min
Sergio se queda: la película cubana que convirtió la revolución en melancolía cotidiana

A veces pienso que el subdesarrollo no es sólo la falta de fábricas o de dinero: es esa costumbre de mirarse el ombligo mientras el mundo se sacude afuera. Eso es lo que vuelve tan vigente a Memorias del subdesarrollo, la película que Tomás Gutiérrez Alea terminó en La Habana hace casi seis décadas y que todavía sirve para discutir cómo miramos nuestro propio país. La vi de nuevo esta semana, en el marco de un ciclo de cine político que organiza un centro cultural de Buenos Aires, y la sala estaba llena de gente grande, de esas que suelen conversar bajito antes de que empiece la proyección. Esta vez, en cambio, hubo un silencio espeso desde el primer plano de La Habana.

Un escritor que se queda por hartazgo, no por convicción

La historia arranca con una decisión familiar: la mujer y los padres de Sergio se suben a un vuelo con destino a Miami mientras la revolución avanza sobre las calles cubanas. Sergio, un escritor habituado a los hoteles caros, a las novelas europeas y a las mujeres que él mismo moldea, decide no subir a ese avión. Su motivo no es la militancia ni el heroísmo: es algo parecido al cansancio. Esa elección, tan poco épica, es el motor íntimo de una película que se mueve siempre entre lo privado y lo colectivo.

Alea no necesita que su protagonista discursee sobre política. Le alcanza con mostrarlo tomando un whisky mientras escucha por la radio los partes de la Crisis de los Misiles, o filmándolo mientras intenta convertir a sus parejas en versiones de las mujeres que él imagina. Las conquistas de Sergio son ensayos de dominación cotidiana: él quiere corregirles la dicción, la manera de vestirse, los libros que leen. Esa voluntad de moldear al otro termina siendo una metáfora bastante transparente del personaje frente al país que también intenta cambiar sin que nadie se lo pida.

“A mí me interesa mucho el tema de cómo alguien se mira a sí mismo mientras se transforma todo lo que tiene alrededor.”Tomás Gutiérrez Alea, en entrevistas recopiladas por la cinemateca cubana

El otro gran recurso del filme es la mezcla con imágenes de archivo. Alea intercala noticieros de la Crisis de los Misiles, marchas, discursos y recortes de la prensa de la época, y los cruza con los recuerdos de Sergio. Así, el drama íntimo de un tipo insoportable se hermana con el temblor de un mundo en disputa. Lo que pasa afuera termina filtrándose en la habitación donde él escucha los bombardeos de Playa Girón por la radio, y la película consigue algo que pocas veces se ve: que la historia grande no compita con el personaje, sino que lo explique.

Por qué esta película sigue viva en el debate sobre el Tercer Cine

  • El Tercer Cine fue una corriente latinoamericana que rechazó tanto al cine comercial de Hollywood como al cine de autor europeo, y propuso un cine pensado para los conflictos sociales y políticos de la región.
  • La aparición de cámaras y películas más baratas permitió a realizadores como Alea producir con autonomía económica y creativa, sin depender de los grandes estudios.
  • El cine cubano tuvo un papel central en ese movimiento, y Memorias del subdesarrollo es una de sus piezas emblemáticas, junto a obras de Santiago Álvarez y Fernando Solanas.
  • La película trabaja las diferencias de clase tanto en el vínculo de Sergio con la revolución como en sus relaciones sentimentales, donde el intelectual se relaciona con mujeres de extracción social más modesta.

Lo que más me gusta de la película, y por eso se la recomiendo a quien tenga la posibilidad de verla, es que no le da la respuesta fácil al espectador. Sergio no es un héroe ni un antihéroe a la manera tradicional: es un tipo común que se queda, que mira, que registra, y que termina siendo un espejo incómodo para cualquiera que haya pensado que la historia se mira desde el living. Esa incomodidad es la que la mantiene viva, ciclo tras ciclo, sala tras sala.

CA
Celeste AlcarazCultura y espectáculos

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