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SÁB, 17 OCT 2026
Entretenimiento

Jim Henson y el truco de tomarse el mundo con la seriedad de un niño

A treinta y cinco años de su muerte, el creador de los Muppets sigue siendo una referencia ineludible de la cultura pop. Una recorrida por sus ideas, sus personajes y esa filosofía que volvió a los títeres protagonistas de la conversación familiar.

CA
Celeste AlcarazCultura y espectáculos · · lectura 2 min
Jim Henson y el truco de tomarse el mundo con la seriedad de un niño

Cada vez que me topo con un video viejo de Jim Henson detrás de una de sus criaturas tengo la misma reacción: me quedo pegada a la pantalla. Hay algo hipnótico en la manera en que mueve las manos, en ese diálogo con un partenaire que muchas veces es otro titiritero hablando por debajo de la mesa. Ese muchacho que arrancó a los diecisiete con un show cancelado a las tres semanas terminó cambiando para siempre la manera en que los chicos —y los no tan chicos— se sientan frente a una pantalla.

Un optimismo que no era ingenuo

Lo que más me cuesta de la figura de Henson es lo poco que se parece al estereotipo del genio torturado. Al contrario: su motor era una convicción casi pedagógica. Repetía que la gente más sofisticada que conocía eran, todos, niños por dentro. Lo decía sin ironía, como quien enuncia una verdad a la que llegó después de mucho mirar. Esa idea —que el adulto no debería abdicar del juego— fue el motor silencioso de casi todo lo que construyó.

“La gente más sofisticada que conozco son todos niños por dentro.”Jim Henson

Un método hecho de exageraciones y absurdos

  • Su regla de oro era la exageración: de un rasgo fijo nace el personaje y, con él, la identificación del público.
  • Tomaba lo cotidiano y lo llevaba a una abstracción reconocible: eso era, para él, el absurdo bien entendido.,El objetivo último no era hacer reír, sino usar la risa como herramienta para poner las cosas en perspectiva.

Esa lógica se ve a las claras en la galería que dejó: la rana Gustavo, la cerdita Peggy, todo el universo que Disney terminó absorbiendo décadas más tarde. Lo notable es que ninguno de esos personajes explica su gracia; más bien la lleva puesta. Cuando Henson describía el mecanismo, sonaba casi como un artesano discutiendo los cortes de un mueble. Y sin embargo el resultado era pura emoción.

Henson murió en mayo de 1990, a los 53 años, por un choque tóxico derivado de una infección bacteriana. Lo hizo en pleno rodaje, con proyectos abiertos. Tres décadas y media después, la pregunta que sobrevuela su archivo es incómoda: en un ecosistema de streamings y pedagogías expresses, ¿aguanta todavía esa combinación de absurdo y ternura que él volvió famosa? Si miramos con cuidado, la respuesta está a la vista cada vez que una serie familiar logra, por un rato, tratar al espectador como alguien capaz de reírse de verdad.

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Celeste AlcarazCultura y espectáculos

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