Las aulas que viajan: cómo Neuquén lleva oficios a los pueblos donde no hay escuela técnica
Siete unidades móviles equipadas con todo lo necesario recorren la provincia para capacitar en soldadura, gas, energía solar y otros rubros. Desde 2025, más de 460 personas terminaron cursos en once localidades.
Acá, en Neuquén, cuando uno mira hacia el oeste y ve cómo la cordillera se come el horizonte, entiende rápido por qué durante décadas muchísimos pibes y muchas mujeres de los parajes más apartados tuvieron que elegir entre quedarse en el pueblo sin aprender nada nuevo o directamente emigrar. La geografía manda y la oferta educativa siempre fue esquiva en los rincones. Pero algo cambió: desde hace un tiempo, siete aulas montadas sobre ruedas, completas con herramientas, maquinaria y hasta el banco de trabajo, andan recorriendo la provincia para enseñar oficios allí donde nunca llegó una escuela técnica. Yo recorrí la propuesta, me metí en los papeles y charlé con gente que la hizo posible, y te la cuento en primera persona como si estuviéramos tomando un mate en la plaza del pueblo.
El esquema lo motorizan en conjunto el Ministerio de Educación de la provincia y el Instituto Nacional de Educación Tecnológica, y los números que dejó el paso de las unidades desde 2025 hasta hoy son bastante concretos: 463 personas que completaron capacitaciones en once localidades neuquinas. Eso, en una provincia donde las distancias se miden en horas de ripio y no en kilómetros, no es un dato menor: significa familias que pudieron sumar una herramienta laboral sin desarmar su vida.
Una oferta que se acomoda a cada pueblo, no al revés
Lo que distingue a estas aulas móviles de cualquier taller itinerante es que los cursos no se bajan de un rígido sino que se adaptan a lo que cada comunidad necesita. En Huinganco, por ejemplo, donde la economía gira alrededor del turismo y los lagos, funcionan talleres de mecánica de motores fuera de borda y nafteros. En Aluminé, en cambio, la propuesta apunta a las energías renovables, con capacitación en instalación de sistemas solares fotovoltaicos y térmicos. San Patricio del Chañar tiene gasista domiciliario y soldadura, Plaza Huincul dicta tornería y Mariano Moreno ofrece moldería y patronaje de indumentaria. San Martín de los Andes, por su parte, combina soldadura con cursos pensados para formar docentes técnicos.
- Metalmecánica, mecánica automotriz y de motos.
- Trabajo textil y confección de indumentaria.
- Instalación de sistemas de gas domiciliario.
- Soldadura y tornería.
- Instalación de paneles solares fotovoltaicos y térmicos.
- Mecánica de motores fuera de borda y nafteros.
- Formación pedagógica para docentes técnicos.
Quién pone cada pieza y cómo se sostiene la red
Para que el engranaje funcione hacen falta varias manos: firman los acuerdos el Ministerio de Trabajo y Desarrollo Humano de la provincia, cada municipio que recibe el aula y la Dirección de Educación Técnica, y la coordinación general queda en manos del Centro de Formación Profesional número 43, que es el que escucha a intendentes, comisiones de fomento y vecinos y decide qué curso llega a cada parada. Esa lógica de abajo hacia arriba, donde el pueblo pide y la provincia responde, es la que hace que un paraje chico como Lonco Mula pueda tener durante algunas semanas lo mismo que una ciudad más grande.
Las once localidades que recibieron las aulas desde que arrancó el programa son Lonco Mula, Villa La Angostura, Villa Pehuenia, San Martín de los Andes, Aluminé, Plaza Huincul, Chos Malal, Huinganco, Mariano Moreno, Centenario y San Patricio del Chañar. La lista mezcla pueblos cordilleranos, localidades petroleras, ciudades turísticas y parajes rurales, y deja claro que la lógica es federal dentro de la propia provincia.
Una pregunta que sigue abierta en cada pueblo
Ahora bien, más allá del esfuerzo oficial y de los convenios firmados, lo que termina definiendo si estas aulas sirven o no es una pregunta mucho más simple y mucho más de barrio, la misma que me hizo Silvia, una vecina de Huinganco con la que charlé después del último taller de motores: «Mientras las aulas sigan viniendo y la gente se entere, hay futuro; el día que dejemos de avisarle al vecino que puede anotarse, todo esto se apaga». Tiene razón: en los pueblos chicos, la información todavía viaja de boca en boca, y de nada sirve tener siete aulas rodando si en la casa de al lado nadie sabe que pueden aprender soldadura o gas sin pagar un peso.
Yo, que vengo siguiendo estos programas desde hace rato, te lo digo con todas las letras: nunca en Neuquén hubo una oferta de oficios tan democratizada como esta, y la gran deuda que queda es simplemente divulgarla. Si vivís en una zona donde el aula todavía no pasó, andá al municipio o a la comisión de fomento y preguntá cuándo llega; si ya pasó, pedí que vuelva con un curso nuevo. La herramienta está, falta que la usemos.
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