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LUN, 31 AGO 2026
Economía

La pulseada por el dólar: en julio, por cada billete que se vendió al mercado, los argentinos se llevaron casi siete

Las personas compraron USD 3.319 millones en un mes y 1,7 millones de ellas pasaron por las ventanillas formales; el agro, otra vez, fue el proveedor de los billetes que el resto de la economía eligió guardar.

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Graciela VidelaInterior provincial y campo · 31 DE AGO DE 2026 · lectura 5 min

Enero húmedo arriba del litoral, cosechas que demoran y una mesa de escritorio donde lo que se cuenta, esta vez, no son granos sino billetes: la pulseada por el dólar volvió a inclinar la cancha hacia los compradores y, como viene pasando desde abril del año pasado, el campo aparece del lado que oferta, mientras el resto de los argentinos se queda con la otra mano del mostrador.

Lo dice el último informe de Evolución del Mercado de Cambios del Banco Central: en julio pasado, 1.700.000 personas compraron dólares en el mercado formal por un total bruto de USD 3.319 millones, frente a apenas 697.000 vendedores que entregaron USD 404 millones en el otro extremo de la ventanilla. La diferencia, USD 2.916 millones netos del lado de la demanda, convirtió al mes en el segundo más fuerte desde que se liberó el acceso a la divisa, sólo por detrás del pico de septiembre del año pasado, cuando la cercanía de las legislativas empujó a guardar billetes por USD 5.130 millones netos.

La tendencia, lejos de moderarse, se sigue acelerando

Porque si uno mira la película completa, la curva no hace otra cosa que subir desde abril de 2025, cuando alrededor de un millón de personas se animó a comprar USD 2.077 millones y el mercado cambió de fisonomía para siempre. Mayo de ese año cerró en USD 2.283 millones, junio en USD 2.468 millones y julio en USD 3.473 millones, antes de una baja en agosto (USD 2.448 millones) y del salto electoral de septiembre. Después, durante el verano y el otoño de 2026, el volumen mensual se estabilizó en una franja de USD 2.000 millones a USD 2.700 millones, hasta que julio volvió a picar hacia arriba.

  • Abril de 2025: USD 2.077 millones (unos 1.000.000 de personas).
  • Mayo de 2025: USD 2.283 millones.
  • Junio de 2025: USD 2.468 millones.
  • Julio de 2025: USD 3.473 millones.
  • Agosto de 2025: USD 2.448 millones.
  • Septiembre de 2025: USD 5.130 millones (récord).
  • Julio de 2026: USD 3.319 millones (1.700.000 compradores).

Puestos uno detrás del otro, los números cuentan una historia que tiene más de gesto político y económico que de simple conveniencia cambiaria: entre abril de 2025 y julio de 2026, las personas compraron en bruto USD 44.437 millones y vendieron apenas USD 6.557 millones, una relación de 6,78 a 1 que se mantiene estable en los últimos meses. Es decir, por cada dólar que alguien llevó al mercado para hacerse de pesos, otros siete argentinos se lo quedaron en su caja fuerte, en su cuenta en el exterior o debajo del colchón.

“Yo vendo cuando el precio cubre los costos y cuando me pagan a término; el resto lo dejo en dólares porque aprendí que acá el peso se licúa más rápido de lo que uno cosecha.”Marcelo, productor de Marcos Juárez

Y acá aparece el dato que vuelve a poner al campo en el centro de la escena: el sector agropecuario, según el mismo relevamiento, fue el principal oferente neto de divisas en julio, con USD 3.505 millones ingresados por Oleaginosas y Cereales. Es decir, mientras las familias argentinas se llevaban USD 3.319 millones en billetes de los bancos y las casas de cambio, la cadena agroexportadora liquidó casi lo mismo para sostener la liquidez que el resto de la economía estaba demandando. Del surco a la góndola, pero también del surco al billete verde guardado en un cajero.

¿Por qué compran más los argentinos y por qué no aparece el vendedor?

Hay un fenómeno que el propio informe del Banco Central subraya y que sirve para entender por qué la curva no se desacelera: en julio hubo unos 300.000 compradores más que en mayo, lo que sugiere que nuevos ahorristas están entrando al mercado formal en lugar de recurrir a otras alternativas, en un país donde el refugio en moneda extranjera dejó hace rato de ser patrimonio de los más ricos. La facturación, el plazo fijo, el alquiler o la indemnización, todos esos pesos que alguien recibió a lo largo del mes encontraron su destino natural del lado del billete: comprar, guardar, dolarizarse, esperar.

El contraste con los vendedores es elocuente: mientras en julio hubo 1.700.000 compradores, sólo 697.000 personas vendieron dólares, y muchos de ellos lo hicieron por necesidad concreta, no por estrategia. La explicación es casi geográfica y cultural, porque el principal vendedor de julio, otra vez, fue el campo liquidando la cosecha, y el campo tiene fecha, tiene precio y tiene sobrada lógica financiera: liquidar cuando el tipo de cambio conviene y resguardarse cuando no. El resto del país, en cambio, hace lo contrario: compra cuando puede y vende sólo cuando no le queda otra.

La pregunta que sobrevuela al informe, y que el propio mercado de cambios todavía no termina de responderse, es si este ritmo de compra se sostendrá en los próximos meses o si, como pasó después del pico de septiembre del año pasado, volverá a estabilizarse en el rango de USD 2.000 millones a USD 2.700 millones mensuales que rigió durante el verano y el otoño. Lo que ya nadie discute es que la decisión de liberar el acceso no sólo abrió una ventanilla: abrió también una nueva psicología financiera, donde tener pesos en la mano empieza a ser visto como una excepción y no como la regla.

Lo que el Estado todavía no resolvió

Porque si algo muestra la foto de julio es que la política cambiaria sigue dependiendo de un equilibrio que el Estado no termina de construir: los argentinos demandan dólares, el campo los ofrece, y entre uno y otro extremo queda un sistema que administra tensiones en lugar de resolverlas. Mientras tanto, la pregunta de fondo sigue pendiente: ¿va a seguir creciendo la demanda de dólares entre los ahorristas, o aparecerá, de una vez, un programa económico que convenza a esa mayoría de que volver a tener pesos no es, otra vez, perder plata?

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Graciela VidelaInterior provincial y campo

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