La pastilla que no está: qué se sabe hoy de los suplementos que venden longevidad
El mercado promete más años con cápsulas basadas en NAD+, selenio, vitamina D u omega-3, pero los ensayos grandes en humanos siguen sin avalarlas. Qué dice la ciencia y qué sí muestra evidencia sólida, según una recorrida por los estudios más citados.
Acá en Buenos Aires, cuando un laboratorio lanza una cápsula que dice atrasar el reloj biológico, la pregunta que me hago como periodista que cubre Sociedad y vida cotidiana es bastante terrenal: ¿alguien demostró en serio que eso sirve, o estamos otra vez ante un envase prometiendo lo que la ciencia todavía no firmó? La respuesta, después de revisar lo que se publicó en los últimos años, es incómoda para la industria y quizás hasta para el kiosco de la esquina: la mayor parte de los suplementos de longevidad que hoy inundan las góndolas no pasó el escalón que importa, que es el de los ensayos clínicos en miles de personas. Y esa diferencia, que parece técnica, define literalmente si vamos a vivir más o sólo a gastar más.
La ilusión del NAD+ y sus precursores
El NAD+ es una coenzima presente en todas las células del cuerpo, indispensable para fabricar energía y para reparar el ADN. Con los años, sus niveles caen. En placas de laboratorio y en ratones, cuando se los sube, mejoran algunos parámetros metabólicos. De ese hallazgo chico, repetido hasta el hartazgo en notas de divulgación, nació un mercado entero de suplementos con NMN y con nicotinamida ribósido, que se venden como una inversión en más años de vida. El problema, como me explicó una investigadora que sigue estos estudios desde el Conicet, es que los ensayos en humanos confirman que esos precursores efectivamente elevan el NAD+ en los análisis de sangre, pero todavía no hay evidencia clínica suficiente de que ese aumento se traduzca en menos enfermedades, en órganos funcionando mejor o en una vida más larga. Que suba un número en un laboratorio no equivale, todavía, a vivir más.
Selenio, vitamina D y omega-3, bajo la lupa
La misma lógica se repite con vitaminas y minerales a los que muchos argentinos estamos acostumbrados. El estudio SELECT, que siguió a más de 35.000 participantes, mostró que el selenio no logró prevenir el cáncer de próstata; peor aún, quienes recibieron vitamina E en ese ensayo presentaron un riesgo más alto de desarrollón cáncer de próstata durante el seguimiento. El ensayo VITAL, con cerca de 25.000 personas, tampoco encontró que la vitamina D ni el omega-3 redujeran el cáncer o los eventos cardiovasculares en gente que no tenía déficit previo. Dos trabajos enormes, con miles de voluntarios y años de seguimiento, que sirven para discutir de una vez lo que muchos compran como si fuera Biblia. Las cápsulas de moda se apoyan en lo que pasa dentro de una célula o en un ratón y se presentan como si hubieran pasado el examen clínico. No lo pasaron.
Cuándo sí sirve suplementar
Acá viene el matiz que suele perderse en el recorte de cualquier nota alarmista sobre el tema, y que me parece justo rescatar en esta: cuando hay un déficit real, corregirlo tiene impacto concreto. Las carencias de vitamina B12 y de vitamina D son frecuentes en personas mayores y, tratadas, mejoran la calidad de vida. Eso lo remarcan los especialistas en gerontología que consulté para esta nota. La diferencia, entonces, no está en tomar o no tomar, sino en medir primero, confirmar el déficit y, recién ahí, suplementar. La industria prefiere el camino inverso: que compremos primero y consultemos después, si es que sobra el tiempo y el dinero.
Lo que sí tiene evidencia sólida, y no viene en frasco
- Actividad física regular, que incluya ejercicios de fuerza, no solo caminata.
- Alimentación equilibrada, con proteínas suficientes y sin caer en reemplazo por píldoras.
- Buen descanso, higiene del sueño y horas efectivamente reparadoras.
- No fumar y moderar el consumo de alcohol.
- Mantener vínculos sociales, que aparecen en la literatura como factor protector constante.
Como me dijo Laura, vecina de Boedo que tomaba tres suplementos distintos por consejo de una conocida, cuando le pasé los resultados de los estudios SELECT y VITAL: “Entonces lo que me hacía falta era la caminata al parque y el asado del domingo, no las cápsulas”. Seguramente la frase resume mejor que cualquier cuadro lo que dice la evidencia acumulada: lo que muestra respaldo sólido no viene en blister, viene en hábitos que la ciencia conoce desde hace décadas y que, por ser menos novedosos, rara vez se publicitan en la góndola. La promesa de vivir más sigue siendo tentadora; el truco es no confundir lo que pasa en una célula con lo que pasa en una vida entera.
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