La maldición invisible que pesa sobre "Casablanca": por qué nadie pudo (ni quiso) hacer una secuela
A lo largo de décadas, Warner Bros. encaró al menos cuatro proyectos para continuar o rehacer el clásico de 1943. Todos chocaron contra la misma pared. Un recorrido por los papeles que quedaron en el cajón y las razones por las que Humphrey Bogart e Ingrid Bergman terminaron siendo insustituibles.
Lo primero que hay que entender cuando uno se sienta a investigar por qué "Casablanca" nunca tuvo una secuela es que el intento no es de ahora. Es de siempre. Warner Bros. lleva décadas dándole vueltas a la idea y, una y otra vez, el estudio se topa con la misma pared: la película de 1942, estrenada en 1943, dirigida por Michael Curtiz y protagonizada por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman, se sostiene sobre un final que, justamente, no pide continuación. Lo que parece una licencia artística funciona en realidad como un cerrojo. Cualquier nueva historia tiene que abrirlo, y nadie ha querido pagar el costo.
El primer papel que llegó a mi mesa fue el de un guion encargado casi en caliente, pocos meses después del estreno original. Se llamaba "Brazzaville" y el estudio le puso manos al escritor Frederick Stephani, con la idea de recuperar a Rick Blaine, al capitán Louis Renault y al rival Ferrari. El plan era recuperar el tono y volver a juntar al trío de actores que ya habían funcionado en pantalla. Pero el proyecto se cayó antes de empezar a filmarse.
El giro que mandó al archivo al primer intento
Lo que terminó de hundir a "Brazzaville" fue un giro central del relato: revelar que Rick y Renault habían sido agentes aliados desde el principio. A los responsables del estudio les hizo ruido. Entendieron que esa revelación iba directamente en contra de todo lo que la película original había construido sobre ambos personajes. Si Rick era un agente encubierto y Renault un colaborador secreto, el arco que los llevaba a tomar sus decisiones en la última escena dejaba de tener sentido. Decidieron archivar el proyecto antes de gastar un dólar en producción.
- "Brazzaville" (secuela de posguerra escrita por Frederick Stephani): recuperaba a Bogart como Rick, a Claude Rains como Renault y a Sydney Greenstreet como Ferrari, pero fue cancelada por contradecir la evolución de los personajes.
- Remake de 1973 que el estudio quiso poner en manos de François Truffaut: el francés lo rechazó porque consideraba imposible reemplazar a Bogart y Bergman.
- "Return to Casablanca" (tratamiento de Howard Koch en los años ochenta): seguía al hijo de Rick e Ilsa y dependía de Bergman ya en edad madura, lo que se cayó con la muerte de la actriz en 1982.
- Intento encabezado por Cass Warner, nieta de uno de los cofundadores del estudio: el estudio volvió a decir que no, aunque dejó la puerta abierta si aparecía un director interesado.
Truffaut, el que dijo lo que todos pensaban
A veces un rechazo aclara más que cualquier guion. En 1973 el estudio tanteó la posibilidad de un remake y fue a buscar a uno de los cineastas más respetados del momento, François Truffaut. Le ofrecieron la dirección. Truffaut dijo que no, y lo hizo con un argumento que, leído hoy, parece el diagnóstico oficial de por qué nadie pudo volver a contar la historia. Para él, encontrar actores capaces de reemplazar a Humphrey Bogart y a Ingrid Bergman era prácticamente imposible. Y no se quedó ahí: también señaló que el cariño que el público estadounidense le tenía a "Casablanca" volvía todavía más difícil justificar una nueva versión. La negativa del francés fue tan concreta que enfrió la iniciativa. Después de Truffaut, el estudio ya no tuvo a quién ofrecerle el proyecto con el mismo pedigree.
El hijo de Rick e Ilsa y el guion que quedó en un cajón durante una década
El intento más ambicioso llegó en los años ochenta, cuando Howard Koch, uno de los guionistas del film original, escribió un tratamiento para una secuela titulada "Return to Casablanca". La historia se ambientaba unas dos décadas después del desenlace conocido y proponía seguir a Richard, el hijo que Rick y Ilsa habían tenido, en su viaje para descubrir sus orígenes y encontrar a su padre biológico en Oriente Próximo. Koch pensaba en una Ingrid Bergman ya mayor para volver a ponerse en la piel de Ilsa. Pero Bergman murió en agosto de 1982 y el proyecto perdió una de sus razones de ser. Warner revisó el tratamiento, pidió cambios, llegó una versión rehecha en 1989 y volvió a rechazarla. El guion quedó en un cajón y de ahí no salió más.
Años más tarde, Cass Warner, nieta de uno de los cofundadores del estudio, volvió a empujar la idea. La respuesta fue la de siempre: no. Aunque, a diferencia de las anteriores, esta vez vino con una puerta entreabierta. Desde el estudio le dijeron que reconsiderarían el proyecto si aparecía un director dispuesto a poner el cuerpo y llevarlo adelante. Más de tres décadas después de esa conversación, ese director todavía no apareció.
Resumiendo lo que me quedó después de revisar los cuatro intentos: el problema nunca fue falta de ganas ni de ideas. Hubo al menos una secuela escrita, un remake tentado con un director europeo de primer nivel y dos tratamientos posteriores que llegaron a la puerta del estudio. Lo que faltó, en cada caso, fue la manera de respetarle al público la película que ya tenía. Volver a "Casablanca" exige moverle el final, y moverle el final es romperle el corazón a medio siglo de espectadores. Por ahora, el cajón sigue cerrado.
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