La jubilación mínima se achicó a menos de la mitad de lo que valía hace casi siete años
Un estudio privado confirma que el haber mínimo perdió 41% de poder adquisitivo entre diciembre de 2019 y agosto de 2026, arrastrado por una inflación acumulada de más de 4.200% frente a un aumento nominal de poco más de 2.400%. Casi tres millones de personas cobran ese ingreso.
Soy Graciela Videla y en esta nota de interior provincial quiero compartir una cifra que, por repetida, no deja de golpear: la jubilación mínima vale hoy un 41% menos que a fines de 2019. No es una interpretación política ni una estimación de tribuna: es la diferencia exacta entre lo que subieron los precios al consumidor y lo que creció, en pesos, el haber más bajo del sistema previsional argentino durante un período que ya supera los seis años y medio.
Para dimensionarlo de un modo que cualquier vecino de un pueblo del interior pueda entender, basta con poner los números uno al lado del otro. Entre diciembre de 2019 y agosto de 2026, el Índice de Precios al Consumidor acumuló una suba de 4.231,3%. En ese mismo tramo, el ingreso mínimo jubilatorio creció nominalmente 2.468,6%, pasando de 19.068 pesos a 489.776 pesos, cifras que ya incluyen el bono de refuerzo que perciben los titulares del haber más bajo. La brecha entre ambos números es la que explica, sin matices, por qué la jubilación mínima compra hoy apenas el 59,3% de lo que adquiría a fines de 2019.
Una pérdida que se siente en la mesa y en la farmacia
El deterioro no es exclusivo de quienes cobran el haber mínimo. Alrededor de tres millones de personas perciben jubilaciones superiores y, aun así, también perdieron poder de compra. El haber máximo trepó de 103.064 a 2.824.694 pesos, un aumento nominal de 2.640,7%, pero su poder adquisitivo en agosto de 2026 fue 36,7% menor al de diciembre de 2019. Un haber equivalente a tres veces el mínimo de entonces acumuló una caída cercana al 36% en términos reales.
El mecanismo actual de actualización aplica los índices de inflación con dos meses de rezago, lo que en los papeles suena razonable pero en la práctica significa que cuando los precios suben, los haberes pierden poder de compra, y cuando los precios bajan, lo recuperan de manera parcial. Es una lógica que conspira contra los ingresos fijos y que, en un país con la inflación acumulada que arrastra la Argentina, castiga especialmente a quienes menos margen tienen para esperar.
Mientras tanto, el Estado todavía no resolvió cómo recomponer de manera estructural el piso del sistema previsional. El bono congelado desde marzo de 2024 es la muestra más elocuente de un problema de fondo: los reajustes automáticos por movilidad pueden empatar con la inflación del último año, pero no reparan casi siete años de pérdida acumulada. Para los casi tres millones de personas que hoy cobran la jubilación mínima, el recorrido del plato a la mesa se hizo, en términos reales, más corto que nunca.
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