La inflación no encuentra el piso: septiembre cerró en 1,9% y los analistas ya descartan una baja sostenida antes de 2027
El índice volvió a moverse en zigzag y las proyecciones del Banco Central confirman que los próximos meses tampoco traerán alivio: ningún mes del horizonte relevado perfora el 1,6%. Tarifas, prepagas, alquileres y paritarias atados a la inflación pasada explican por qué los aumentos de hoy reaparecen mañana en el bolsillo.
El cielo sobre el sur de Santa Fe amaneció cubierto y con una llovizna fina que no alcanza para empapar el lote pero suficiente para retrasar la cosecha gruesa, y mientras los productores miran el barro con la misma paciencia con que miran los números de la economía, el Indec confirmó que la inflación de septiembre se ubicó en 1,9%, un dato que vuelve a dibujar una curva en zigzag que ya se volvió costumbre y que, lejos de moderarse, parece instalada en la vida cotidiana de los argentinos.
Lo que muestra el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que elabora el Banco Central es, cuanto menos, desalentador para quien espera un respiro: las proyecciones del panel de analistas ubican a octubre en 1,7%, a noviembre en 1,6%, a diciembre en 1,8%, a enero y febrero de 2027 en 1,6% cada uno, y a marzo de ese mismo año en 1,7%, de modo que ninguna estimación del conjunto de consultoras perfora el piso del 1,6% mensual en todo ese tramo, y eso significa, en criollo, que el bolsillo seguirá recibiendo golpes mensuales que no bajan de ese umbral hasta bien entrado el año próximo.
Por qué la inflación no cede: la inercia y los precios regulados
Detrás de ese movimiento oscilante hay mecanismos muy concretos que trasladan los aumentos ya registrados hacia los meses que vienen, y el más importante es la indexación: las jubilaciones, las tarifas de servicios públicos, las cuotas de la medicina prepaga, los alquileres y las paritarias salariales se actualizan mirando la inflación que ya ocurrió, de manera que los incrementos del pasado no desaparecen sino que reaparecen, con distintos rezagos, en los precios y en los ingresos de los meses siguientes, y eso convierte a cada suba en una semilla que germina más adelante.
- Jubilaciones y asignaciones atadas al índice de movilidad.
- Tarifas de gas, luz y transporte con ajustes por inflación pasada.
- Cuotas de medicina prepaga y cuotas escolares con subas periódicas.
- Alquileres indexados por coeficientes que replican el IPC.
- Paritarias salariales que negocian mirando la inflación ya registrada.
A esa inercia se le suma otro factor que pesa cada vez más: la recomposición de los precios regulados, que en lo que va del año acumularon una suba de 31,5%, frente al 21,8% que registró la inflación núcleo, y esa diferencia de casi diez puntos porcentuales presiona sobre el índice general aunque otros rubros muestren un ritmo más moderado, porque cuando los precios administrados corren más rápido que el resto terminan empujando al promedio desde arriba.
Lo que dicen los especialistas y lo que todavía no resolvió el Estado
Para el economista Juan Manuel Telechea lo que está pasando es perfectamente consistente con la experiencia histórica de los procesos de estabilización, ya que, según sus palabras, es bastante rápido bajar la inflación desde niveles muy elevados pero después cuesta muchísimo más bajar lo que sería la inflación inercial, y agregó que en los procesos de la región que lograron resultados sostenidos la baja a un dígito anual demandó más de tres o cuatro años, de modo que pretender una caída pronunciada en pocos meses va a contramano de lo que la evidencia regional.
En la misma línea se pronunció Diego Piccardo, de la Fundación Libertad y Progreso, quien sostuvo que un proceso de desinflación puede tener repuntes mensuales sin que eso implique un cambio de tendencia, mientras que Fiorella Scalise, de EcoGo, detalló que la indexación de tarifas, alquileres, prepagas, cuotas escolares y salarios mantiene los aumentos atados a la inflación pasada en distintas proporciones, y por eso cada intento de desaceleración choca con un andamiaje contractual y regulatorio que reproduce los números del mes anterior.
A todo esto se suma la estacionalidad, porque rubros como indumentaria, turismo, frutas y verduras tienen aumentos concentrados en determinadas épocas del año, y eso genera saltos puntuales que interrumpen la tendencia, al tiempo que la nafta y la carne pueden sumar variaciones adicionales según el clima o el comportamiento del mercado internacional, como bien sabe Roberto, un productor de-wheelart Laglaff que cada vez que tiene que reponer el gasoil del tractor siente que el precio cambia de una semana a la otra.
Del surco a la góndola el camino es largo y en cada tramo hay un mecanismo que indexa lo que ya subió, de modo que la pelea contra los precios se parece más a una carrera de postas que a una carrera de velocidad, y mientras la inflación no termine de desatarse de su propia sombra el productor seguirá mirando el cielo, el precio del maíz y el resultado del REM con la misma atención con que mira la receta del silo bolsa, porque sabe que el número que sale del campo se cruza, inevitablemente, con el número que sale del Indec.
Lo que el Estado todavía no resolvió es, justamente, el nudo de la indexación: mientras jubilaciones, tarifas, prepagas, alquileres y paritarias sigan atados a la inflación ya registrada, cualquier intento de bajar el índice chocará con el peso de los contratos vigentes, y en ese escenario el zigzag mensual dejará de ser un accidente estadístico para convertirse en la forma misma que adoptó la dinámica de precios en la Argentina, una dinámica que, según los propios pronósticos oficiales, no aflojará hasta bien entrado 2027.
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