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SÁB, 17 OCT 2026
Economía

Haval H7: el SUV chino que llega a la Argentina con dos motorizaciones y mil dólares de diferencia

La marca GWM ya comercializa en el país su modelo H7 con versiones naftera e híbrida. En ciudad, el ahorro de combustible entre ambas puede ser significativo, aunque la garantía y el equipamiento vienen parejos en las dos opciones.

GV
Graciela VidelaInterior provincial y campo · · lectura 4 min
Haval H7: el SUV chino que llega a la Argentina con dos motorizaciones y mil dólares de diferencia

Les cuento esto porque me parece que vale la pena mirar con lupa lo que acaba de desembarcar en el mercado argentino: el Haval H7, el SUV mediano que GWM (la sigla de Great Wall Motors) ya está exhibiendo en su red de concesionarios oficiales con precios que arrancan en los 36.900 dólares para la versión naftera 2.0 Turbo con tracción integral y que trepan hasta los 37.900 dólares para la variante híbrida HEV 2WD, es decir, mil dólares más, una diferencia que a primera vista parece chica pero que se explica sola cuando uno empieza a comparar lo que cada una le promete al bolsillo del usuario a lo largo de los años.

A mí, como periodista que sigue de cerca lo que pasa en las góndolas del showroom argentino, lo que más me interesa destacar es el dato del consumo en ciudad, porque ahí es donde la diferencia se vuelve más pronunciada y donde se nota para qué sirve la plata extra que se paga por la híbrida: la automotriz informa que la versión naftera gasta 11,1 litros cada cien kilómetros en el ámbito urbano, mientras que la híbrida se queda en apenas 4,3 litros para esa misma distancia, una brecha que en el bolsillo del conductor puede traducirse en miles de pesos por mes si el auto se mueve a diario entre el trabajo, la escuela de los chicos y las idas al súper.

Consumo declarado por la marca según el tipo de recorrido

  • Ciudad: 11,1 l/100 km (naftera) y 4,3 l/100 km (híbrida).
  • Ruta: 6,4 l/100 km (naftera) y 5,8 l/100 km (híbrida).
  • Ciclo mixto: 8,1 l/100 km (naftera) y 5,6 l/100 km (híbrida).

En ruta, como se ve, los valores se emparejan bastante, lo que me hace pensar que la versión naftera tiene su fuerte cuando el vehículo se saca del congestionamiento y empieza a rodar en autopista, donde el motor 2.0 Turbo de 228 caballos con caja automática de nueve velocidades puede estirar sus piernas sin desangrarse en el surtidor; en tanto que la alternativa híbrida combina un naftero 1.5 Turbo con un motor eléctrico para entregar en conjunto 243 caballos, y además incluye una batería que se recarga sola con la energía de la frenada y el rodar, sin necesidad de enchufar el auto a la pared como ocurre con los modelos 100% eléctricos.

Otro punto que me parece clave a la hora de poner la lapicera sobre el presupuesto es la garantía: las dos versiones vienen con cobertura de fábrica por siete años o 150.000 kilómetros, lo que ya de por sí es un plazo bastante extendido para un vehículo de estas características, pero además la batería de la variante híbrida suma un año y diez mil kilómetros más, es decir, ocho años o 160.000 kilómetros, un detalle que vale la pena subrayar porque muchas veces ese componente es el más caro de reemplazar en un auto electrificado y tenerlo cubierto durante tanto tiempo cambia la ecuación de riesgo para el comprador.

Equipamiento, seguridad y dimensiones que comparten las dos versiones

  • Cinco plazas y 4,80 metros de largo, con respaldos traseros regulables y plegables para ampliar la carga.
  • Asientos delanteros con regulación eléctrica y ventilación, techo panorámico con apertura y cargador inalámbrico para celulares.
  • Seis airbags, cámara de 360 grados y frenado autónomo de emergencia con detección de peatones y ciclistas.
  • Control crucero adaptativo, asistencia de mantenimiento de carril y monitoreo de punto ciego.

En seguridad tampoco hay diferencias entre una y otra: las dos traen seis airbags, cámara de 360 grados, frenado automático de emergencia que detecta tanto peatones como ciclistas, control crucero adaptativo, asistencia para mantenerse dentro del carril y el clásico monitoreo de punto ciego, un paquete que en este segmento hace apenas un par de años era exclusivo de marcas premium y que hoy llega de serie en un vehículo de origen chino que se vende por debajo de los 40 mil dólares, una señal más de cómo se está reacomodando la oferta automotriz en el país.

Quedan en el aire, eso sí, un par de preguntas que el Estado todavía no resolvió y que pesan sobre cualquier compra de un vehículo importado como este: cómo se va a sostener el servicio posventa y la disponibilidad de repuestos en los próximos siete u ocho años de garantía, y si la red oficial de GWM va a tener la capilaridad suficiente en el interior para atender a los dueños que no vivan en Capital o en las grandes ciudades, dos puntos que no aparecen en los folletos pero que terminan definiendo la experiencia de cualquier propietario a lo largo de la vida útil del auto.

GV
Graciela VidelaInterior provincial y campo

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