El termómetro de agosto marca 1,7%: la inflación más baja en catorce meses, pero Argentina sigue segunda en el ranking regional
El INDEC difundió la suba de precios de agosto, que perforó el piso de los dos puntos y trajo algo de alivio a las góndolas. Aun así, en el comparativo con Latinoamérica el país queda apenas detrás de Venezuela y muy por encima del resto, que en su mayoría cerró el mes por debajo del uno por ciento o directamente en deflación.
Por estas horas el cielo sobre el interior provincial muestra esa claridad engañosa de la primavera que recién arranca, con mañanas todavía frescas y tardes que empiezan a pedir riego en las huertas y los maizales tardíos. Esa luz, en el campo, siempre se lee como una promesa: la de poder sembrar un poco más, cosechar un poco mejor y, sobre todo, poder vender sin que los números se desangren. Sin embargo, cuando uno cruza el portón del establecimiento y se sienta a hacer las cuentas con una calculadora y un café, el optimismo se topa con la realidad que acaba de publicar el INDEC: la inflación de agosto fue del 1,7 por ciento, la cifra mensual más baja desde junio del año pasado.
El dato, difundido por el organismo oficial de estadísticas, representa una desaceleración de cuatro décimas frente al 2,1 por ciento registrado en julio y se ubica dentro del rango que venían anticipando los analistas privados, que proyectaban un número de entre 1,4 y 1,9 por ciento. Con este resultado, la inflación acumulada en los primeros ocho meses del año alcanza el 21,30 por ciento, mientras que la variación interanual trepó al 33,5 por ciento, un número que, aunque sigue siendo alto, muestra una tendencia descendente que los productores rurales miran con atención.
Del surco a la góndola: lo que sienten los productores
En el tramo que va del surco a la góndola, esa desaceleración de cuatro décimas no se traduce de manera automática en alivio para el bolsillo del chacarero ni para el consumidor final. Horacio, productor hortícola de Mar del Plata, me lo explicaba esta semana mientras descargaba cajones de lechuga en el mercado concentrador: "Mirá, cuando la inflación baja un poco, uno respira, porque al menos podés proyectar a tres o cuatro meses sin que los números te queden viejos al otro día. Pero el 1,7 sigue siendo alto para quien vende verdura: el gasoil, los agroquímicos, el flete, todo eso subió mucho más en lo que va del año. La baja es bienvenida, pero todavía no alcanza". Su lectura coincide con la de varios colegas de la zona núcleo, que reconocen que la desaceleración es una buena noticia, aunque todavía insuficiente.
Lo que el número de agosto deja en claro es que la tendencia descendente se sostiene, pero a un ritmo que todavía no logra perforar el piso del uno por ciento mensual que muestran la mayoría de los países de la región. En el ranking latinoamericano, Argentina quedó en el segundo lugar, apenas detrás de Venezuela, que registró un alza mensual del 8,9 por ciento en agosto, un número que sigue golpeando con dureza a la población venezolana y que mantiene a ese país en una situación extraordinaria dentro del continente.
Lo que el Estado todavía no resolvió
La foto regional, mirándola con detenimiento, muestra que la Argentina está dejando atrás la hiperinflación que la golpeó durante años, pero todavía queda lejos del club de países que lograron bajar la inflación a niveles cercanos a cero. Chile, Uruguay, México, Perú, Colombia y Brasil, cada uno con sus particularidades, vienen mostrando durante 2026 una inflación acumulada que va del 1,69 al 5,35 por ciento en ocho meses, mientras que acá seguimos en el 21,30. Esa brecha, que se ensancha cuando se mira el acumulado interanual del 33,5 por ciento, es la que define el día a día de las familias y de los productores que siguen calculando precios en dólares o en kilos de novillo para no perder contra la suba general.
A mí, como periodista que recorre el interior y el campo, este 1,7 por ciento me deja una sensación ambigua: por un lado celebro que la inflación siga bajando y que la tendencia sea clara, porque eso permite planificar la siembra, la cosecha y la venta de manera más ordenada. Por otro lado, no puedo dejar de notar que mientras los vecinos regionales festejan deflación o variaciones mínimas, acá todavía celebramos perforar el 2 por ciento mensual, algo que en Brasil o Chile ya sería motivo de preocupación. El Estado, en ese sentido, todavía no resolvió el problema de fondo: la inflación argentina sigue siendo estructural, todavía no logramos ese salto de calidad que nos ponga a la par del resto del continente. La primavera en el campo ayuda, el cielo despejado invita, pero las cuentas, como siempre, se hacen con números, y los números todavía marcan una distancia que el gobierno no ha logrado cerrar.
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