El sueldo se termina antes de que termine el mes: dos de cada tres argentinos ya no tienen plata al llegar al día 20
Un relevamiento de Zentrix Consultora muestra que la mayoría de los hogares se queda sin fondos antes de la tercera semana y que el crédito se volvió un parche para llegar a fin de mes, no una herramienta para comprar algo durable. Los más jóvenes y los sectores de menores ingresos son los que más sufren el desfasaje entre ingresos y gastos.
La mañana se levanta húmeda en el sur de Santa Fe y el campo empieza a perfilarse contra un cielo plomizo que no termina de definirse: esa indecisión del tiempo, que a veces posterra una siembra o arruina una cosecha, es casi un espejo de lo que sienten los hogares argentinos con su dinero, porque la plata entra y se va sin que quede claro adónde, y la pregunta que sobrevuela cada mes es la misma: ¿alcanza? La respuesta, para dos de cada tres personas, es un no rotundo mucho antes de que termine el calendario, y a esa altura ya no queda margen para ahorrar ni para enfrentar un imprevisto.
Un mes que no cierra en blanco
El Monitor de Opinión Pública de Zentrix Consultora, relevado en septiembre, pone números a una sensación que repiten las familias en la mesa y en la fila del supermercado: el 66,7% de los consultados se queda sin dinero disponible antes del día 20, apenas un tercio llega al cierre del mes con algún resto positivo y solo uno de cada diez consigue guardar algo. El cuadro describe una economía familiar que funciona del surco a la góndola con un hilo muy fino, donde lo que entra se gasta y lo que falta se pide, y donde el fin de mes dejó hace rato de ser una meta de ahorro para convertirse en una carrera de obstáculos.
El crédito como puente, no como inversión
El informe también revela un cambio cultural en el uso de la deuda: del 56,2% de los encuestados que tomó crédito en los últimos seis meses, el 55,1% lo destinó a alimentos o gastos de salud y otro 21,3% a tarifas y servicios, es decir, a cubrir lo indispensable. Apenas el 11,8% pidió plata para comprar bienes durables, que era históricamente la razón principal por la que un hogar se endeudaba. En criollo: ya casi nadie se endeuda para comprarse una heladera o cambiar el auto; se endeuda para comer y pagar la luz.
La fractura por nivel de ingresos y por edad
El escenario se vuelve más crudo cuando se mira con lupa. En los sectores de menores ingresos, el 59,6% ya no tiene un peso antes del día 15 y el 83,3% no supera el 20; el 68,1% tomó deuda en el último semestre, dos de cada tres para necesidades esenciales, y el margen de ahorro es inferior al 1%. En la clase media, el 51,4% se queda sin ingresos antes del fin de mes y, entre los que se endeudaron, el destino más frecuente fueron los servicios (29%), una proporción más alta que en los otros estratos. En la clase alta, en cambio, solo el 20% llega sin dinero al cierre del mes, el 61,9% ahorra y, cuando toma crédito, lo hace principalmente para comprar bienes durables (63,4% de los casos). A la vez, los menores de 40 son el grupo con mayor presión: el 60,9% tomó deuda en los últimos seis meses, solo el 3% tiene capacidad de ahorro y el 72% no supera el día 20, un combo que los deja sin red para cualquier imprevisto.
Qué espera la gente del Estado
- Regular las condiciones de otorgamiento de crédito: la opción más elegida, con el 61,3% de las menciones entre quienes piden intervención.
- Condonación de deudas: apenas el 7,5%, una proporción baja que muestra que la demanda apunta más a reglas claras que a borrón y cuenta nueva.
- Sensación de que los ingresos no acompañaron a la inflación: el 81,8% de los consultados comparte esa percepción, que desde marzo no baja del 81% y llegó al 87,4% en julio.
Carlos, productor de Villa Amelia, lo resume mientras mira el lote que todavía no se anima a refertilizar por la suba de los insumos: Acá en el campo sabemos lo que es trabajar todo el mes y quedarte corto a mitad de camino; lo que cambia es que ahora eso les pasa a todos en la ciudad y en el pueblo, no solo al que cosecha. La lectura que deja el relevamiento es que el desfasaje entre ingresos y gastos se volvió transversal, golpea más fuerte abajo y entre los menores de 40, y que el crédito dejó de ser una herramienta para proyectar y pasó a ser un parche para sobrevivir. El Estado, mientras tanto, todavía no resolvió la pregunta de fondo: cómo hacer para que un mes argentino alcance para cubrir un mes argentino.
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