El sol se esconde y la vitamina D entra en zona de cuidado: qué saber antes de salir a comprar suplementos
Con varias jornadas seguidas de cielo cubierto en buena parte del país, vuelve la pregunta sobre si hace falta hacerse análisis o tomar cápsulas. Un especialista de la Universidad de Buenos Aires explica quiénes deben prestarle atención y por qué, en la mayoría de los casos, no hay que automedicarse.
La mañana arrancó con ese gris denso que se pega contra los vidrios, esa luz pálida que no termina de decidir si es de día o todavía sigue anocheciendo. Desde la ventana del living, Marcela, vecina de Once, lo resume como lo resume cualquiera que haya salido a la calle con bufanda esta semana: "Mirá, yo ya perdí la cuenta de cuántos días seguidos vamos así. Salgo a trabajar a la mañana y cuando vuelvo ya es de noche, y al mediodía es como si todavía no hubiera salido el sol". Esa postal, repetida en decenas de barrios porteños y del conurbano, vuelve a poner sobre la mesa una consulta que reaparece cada vez que el cielo se pone gris largo: ¿hay que preocuparse por la vitamina D cuando pasan demasiados días sin sol? La respuesta, como suele pasar en medicina, es "depende".
Antes que nada, vale una aclaración que parece obvia pero no lo es. La vitamina D se fabrica principalmente en la piel cuando recibe radiación ultravioleta B, esa misma que en exceso provoca quemaduras y a la que se le cuelgan tantos carteles de advertencia en octubre. También se puede conseguir comiendo, sobre todo a través de huevos, pescados grasos como el salmón o la caballa y yogur fortificado, pero en la mayoría de las personas la síntesis cutánea sigue siendo la fuente principal, la que más pesa en la balanza.
Las nubes filtran, pero no borran
Ahora bien, ¿qué pasa cuando durante varios días seguidos el cielo está tapado, llueve de manera persistente o directamente no se ve el sol? Acá viene un dato que suele sorprender a quien lo escucha por primera vez. Las nubes filtran parte de esa radiación, claro, pero no la eliminan por completo, así que varias jornadas consecutivas con mal tiempo no implican, por sí mismas, una caída significativa en los niveles de vitamina D. A eso se le suma algo que funciona como un pequeño colchón interno: el organismo guarda reservas que le permiten sostener los valores durante períodos más cortos de menor exposición. La posibilidad concreta de desarrollar una deficiencia depende, entonces, de los niveles previos de cada persona, de sus antecedentes médicos y de sus condiciones de salud, no del estado del tiempo de la última semana.
Quiénes sí deben prestarle atención
Hasta acá, lo importante es no entrar en pánico ni salir a comprar cápsulas por las dudas. Pero tampoco se trata de hacer como si el tema no existiera. El médico internista Ramiro Heredia, especialista en medicina interna de la Universidad de Buenos Aires, fue muy claro al marcar los grupos que sí necesitan mirar este tema con más cuidado, y la lista es concreta. Según explicó, forman parte de ese universo los adultos mayores, las personas con obesidad, los pacientes con enfermedad celíaca, quienes atravesaron cirugías bariátricas, quienes quedaron internados o transitaron cuadros críticos y, por último, quienes tienen antecedentes de osteoporosis o fracturas. "En estos casos la decisión de pedir un análisis y definir un tratamiento depende de la evaluación médica. No es algo que el paciente tenga que resolver solo ni en la farmacia", resumió Heredia.
Para el resto: ni análisis ni suplementos por las dudas
Para todas las personas que no están dentro de esos grupos, el mensaje del especialista es directo y no admite demasiadas vueltas: no existe una recomendación general de suplementación para adultos sanos sin una deficiencia documentada, y el exceso, lejos de ser inofensivo, puede ser directamente perjudicial. Tomar vitamina D en cantidades elevadas, advirtió el médico, puede provocar toxicidad, elevar el calcio en sangre y dañar la función renal, una combinación que nadie busca de manera voluntaria.
Para qué sirve la vitamina D y qué pasa cuando falta
Y sin embargo, no hace falta ser médico para entender por qué esta vitamina trae tantos dolores de cabeza. La vitamina D cumple un rol central en la absorción de calcio y fósforo, dos minerales clave para los huesos. Cuando falta de manera sostenida, las consecuencias pueden ser serias: en adultos aparece osteomalacia, un cuadro que provoca fragilidad ósea y aumenta el riesgo de fracturas, mientras que en los chicos una carencia importante puede derivar en raquitismo. Además de su papel en el sistema óseo, la vitamina D participa en el funcionamiento muscular y en la regulación del sistema inmunitario, con lo cual su déficit tiene impacto más allá de los huesos. Cuando ya existe una deficiencia, además, los alimentos solos muchas veces no alcanzan para corregirla, y ahí es donde la indicación médica se vuelve imprescindible.
Antes de cerrar, queda un cabo que el propio Heredia dejó entrever al cierre de la entrevista pero que todavía no terminó de desarrollar con detalle: la relación entre la falta de luz natural y los cambios de ánimo, esa famosa idea de que el invierno "deprime" y no es solo una sensación. Volveremos sobre eso en una próxima nota, porque el tema, otra vez, lo merece.
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