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SÁB, 17 OCT 2026
Economía

El 80% de los argentinos teme perder su empleo y prioriza la estabilidad por sobre cualquier otra variable

Un relevamiento regional sobre 4.600 personas ubica al país a la cabeza del miedo a la desocupación. La incertidumbre económica y el avance de la inteligencia artificial configuran un escenario de parálisis: la mayoría piensa en cambiar de trabajo, pero no se postula a ninguna oferta.

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Daniela EscuderoEconomía · · lectura 3 min
El 80% de los argentinos teme perder su empleo y prioriza la estabilidad por sobre cualquier otra variable

El 80% de los trabajadores argentinos consultados en un estudio reciente reconoce que le preocupa quedarse sin empleo, un nivel de temor que supera al registrado en Chile, Ecuador, Panamá y Perú y que vuelve a poner a la Argentina en el centro de la conversación sobre la fragilidad del mercado laboral regional. Se trata de un dato que atraviesa a ocupados de distintos rubros y también a especialistas en recursos humanos, lo que refuerza la lectura de que la preocupación dejó de ser individual para transformarse en un rasgo estructural del vínculo entre los empleados y sus empresas.

Vamos a los números: qué pesa más a la hora de elegir un puesto

  • El 54% de los encuestados en la Argentina ubica a la estabilidad como el atributo más importante de su empleo, por encima del clima laboral (25%) y de las posibilidades de crecimiento (11%).
  • El 35% admite que le da miedo buscar otro trabajo. Entre quienes sienten ese temor, el 27% teme ingresar a una empresa y quedar expuesto a recortes o despidos, el 20% descree de la oferta estable dentro de su sector y el 19% menciona la inestabilidad global como freno.
  • El 79% piensa en cambiar de trabajo, pero el 57% se limita a mirar ofertas sin llegar a postularse.
  • El 75% siente que su carrera está estancada, el porcentaje más alto de los cinco países relevados.

Ese comportamiento tiene una denominación cada vez más extendida en la literatura de recursos humanos: job hugging, es decir, el abrazo al puesto propio como estrategia defensiva frente a la incertidumbre. La comparación con el año anterior muestra un escenario todavía más cauteloso: la proporción de trabajadores que evita cualquier movimiento de carrera se amplió en línea con la profundización de las dudas macroeconómicas y con el impacto que la irrupción de la inteligencia artificial comenzó a tener en los niveles de entrada al mercado laboral. En la práctica, la parálisis se traduce en una menor rotación voluntaria y en una mayor tolerancia a condiciones que, en otro contexto, habrían sido motivo de renuncia.

“El comportamiento de la fuerza laboral se vuelve más conservador y las decisiones de cambio laboral se toman con mucha mayor cautela o directamente se posponen.”Germán Ruiz, director de Operational Talent Solutions de Randstad Argentina

El consultor en recursos humanos Patricio Navarro Pizzurno coincide en el diagnóstico y advierte que conviven expectativas catastróficas que no siempre se condicen con la realidad, pero que igual terminan moldeando decisiones individuales. Según su lectura, la inteligencia artificial ya eliminó posiciones de entrada al mercado y la falta de planes internos de reconversión profundiza el temor a quedar afuera, lo que empuja a muchos trabajadores a aceptar condiciones económicas o laborales que no consideran justas. Para un asalariado de clase media de la provincia de San Luis, el efecto más visible es doble: por un lado, la chance de obtener un aumento real vía cambio de empleo se reduce porque casi nadie se atreve a pujar en el mercado; por otro, la negativa a buscar nuevas oportunidades convive con la sensación de que el sueldo actual pierde poder de compra mes a mes, configurando un empate técnico entre la necesidad de mejorar ingresos y el miedo a perder lo que ya se tiene.

Qué le cambia al bolsillo de una familia puntana

En términos concretos, lo que esta dinámica le modifica al bolsillo de una familia promedio de San Luis es el menú de opciones disponibles para sostener o mejorar su nivel de vida. La estabilidad se paga con ingresos que corren detrás de la inflación, y la búsqueda activa de mejores sueldos se vuelve un riesgo que la mayoría decide no tomar. El resultado es un mercado laboral más rígido, con menos movilidad ascendente y con un piso de protección simbólica —el puesto propio— que termina funcionando como techo para cualquier mejora salarial.

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