Después del gimnasio: por qué el cuerpo se agota aunque uno quiera seguir y qué hacer para recuperarlo sin vueltas
Una especialista británica en rendimiento deportivo desglosa los tres mecanismos que se disparan tras una sesión intensa y repasa las estrategias concretas para volver antes a entrenar sin que las piernas queden hechas polvo.
Acá en la Argentina, cuando uno sale del gimnasio o termina de correr y se sienta en la vereda a tomar agua, suele mirar el reloj y pensar que el cuerpo le pasó factura demasiado rápido. La realidad es que esa sensación de pesadez que llega una hora después, esa mezcla de piernas flojas y energía por el piso, no es un capricho del músculo ni una excusa del cerebro: es la consecuencia de al menos tres procesos que ocurren al mismo tiempo, según explicó Athalie Redwood-Brown, profesora de análisis del rendimiento deportivo en la Universidad de Nottingham Trent, que se detuvo a desmenuzar cada uno de ellos para que cualquiera pueda entender qué le pasa al organismo cuando aprieta el acelerador.
Lo primero que hay que entender es que el músculo funciona con partículas con carga eléctrica que permiten que se contraiga. Cuando uno entrena fuerte, ese equilibrio iónico se altera y el tejido pierde capacidad de responder con la misma eficacia. Por eso esa frase tan criolla de "los músculos quedaron vacíos" tiene bastante de cierta: el sistema sigue ahí, pero le cuesta activarse como al principio de la sesión.
El cerebro también se cansa, y mucho
A ese agotamiento periférico se le suma lo que la especialista llama fatiga central, que no es otra cosa que una disminución transitoria en la capacidad del cerebro y la médula espinal de enviar las señales que ordenan la contracción. En esos casos el músculo está listo, pero el comando que lo activa llega más débil. Es como si el motor del auto estuviera perfecto pero el acelerador hubiera perdido presión.
Y como si todo eso fuera poco, entran en juego las reservas de energía. Los músculos usan carbohidratos almacenados como combustible principal y, después de una sesión prolongada, esos depósitos bajan bastante. La transpiración, mientras tanto, se lleva agua y electrolitos como el sodio, que son clave para que músculos y nervios funcionen bien. Si uno no repone eso, el rendimiento cae y el esfuerzo se percibe como más duro de lo que realmente fue.
Cansancio y dolor de los días siguientes no son lo mismo
Redwood-Brown marcó una diferencia que muchos mezclan: la fatiga que aparece al rato de terminar no es lo mismo que el dolor muscular de aparición tardía, conocido por sus siglas en inglés como DOMS. Este último suele aparecer después de movimientos poco habituales o cuando uno retoma la actividad tras un tiempo parado, y se asocia sobre todo con el trabajo excéntrico, ese en el que el músculo genera fuerza mientras se alarga, como cuando uno baja lentamente una pesa o controla el descenso en una sentadilla. La fatiga post sesión es inmediata y se va en horas; el DOMS aparece uno o dos días después y puede quedarse hasta una semana.
Hay un mito que la especialista se encarga de derribar: la idea de que el principiante sufre más que el entrenado. "Un corredor con experiencia que hace por primera vez una sesión intensa de fuerza puede quedar tan resentido como alguien que empieza de cero", sostuvo Redwood-Brown, y la diferencia es que el cuerpo habituado se recupera más rápido porque ya conoce los caminos para volver al equilibrio. Pero el golpe, la primera vez, lo recibe igual.
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