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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

De un departamento chico a una mesa de nueve: la historia de María Laura y los seis hermanos que la eligieron como mamá

Empezó como maestra de dos de los chicos, transitó años de trámites, una separación y el desconcierto de un embarazo que llegó cuando ya tenía la guarda. Hoy, en una casa de Temperley, convive con sus siete hijos, de 1 a 20 años.

FC
Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana · · lectura 5 min
De un departamento chico a una mesa de nueve: la historia de María Laura y los seis hermanos que la eligieron como mamá

A veces las historias grandes empiezan en una esquina que uno conoce de memoria, esa esquina donde se crujan el colectivo y la vuelta al colegio. Acá, en el sur del conurbano bonaerense, en una casa de Temperley a la que se llega después de caminar dos cuadras entre árboles y veredas todavía húmedas por el rocío de la mañana, me abre la puerta María Laura, maestra, mujer de 38 años que hasta hace poco vivía en un departamento pequeño y hoy se despierta, según me dice con una sonrisa enorme, "con siete hijos gritando por el desayuno".

La conozco porque un vecino del barrio, Jorge, que atiende el kiosco de la esquina y la ve pasar cada mañana con la mochila de Nahitan colgada y a tres chicos detrás, me había comentado días atrás: "Tenés que conocer a la Mari, esa mujer armó una familia que parece sacada de una película, pero es la realidad más linda que vas a ver". Y acá estoy, sentado en su cocina, mientras Daniel y Milo, los gemelos de 13, revolean una pelota de fútbol en el patio y Maiara, la melliza de 16, me prepara un té con la misma seriedad con la que seguramente prepara sus trabajos prácticos de la escuela técnica.

De maestra a referente afectivo

María Laura es docente y hace ya un tiempo que su vida gira alrededor del aula. En esa aula conoció a dos de los seis hermanos que hoy son sus hijos, porque los chicos vivían institucionalizados desde hacía cinco años en un hogar con el que ella colaboraba como voluntaria. La posibilidad de adoptarlos empezó a tomar forma de a poco, casi como un murmullo que iba creciendo hasta volverse necesidad, aunque al principio le parecía una idea completamente inalcanzable. "Vivía en un depto chico, no me sentía lista y mi pareja en ese momento pensaba que no íbamos a poder mantener económicamente a seis chicos", me cuenta mientras acomoda a Nahitan, de poco más de un año, que se cuelga de su pollera como si fuera una hamaca.

La pareja se separó por un tiempo y ella, en vez de bajar los brazos, arrancó los trámites sola. Lo que siguió fue un proceso largo, con idas y vueltas, con momentos de frustración y otros de una enorme alegría contenida, porque los propios chicos tampoco querían ser adoptados de entrada y ella, a su vez, tampoco se sentía lista para dar el paso definitivo. La figura que terminó funcionando para todos fue la de referente afectivo: sin imposiciones, sin apuros, con paciencia, dejando que el vínculo se fuera tejiendo como se teje una bufanda en invierno, punto por punto.

Cuando desde el organismo de adopción le preguntaron si prefería quedarse con uno solo de los chicos, o con los gemelos, o con los mellizos, la respuesta de María Laura fue tajante, casi sin pensarlo. "Quiero estar con los seis", les dijo. Y esa frase, que parece salida de un escenario de ficción, se transformó en el motor de todo lo que vino después.

El recreo donde todo cambió

Los seis hermanos habían construido entre ellos un bloque muy sólido durante los años que pasaron en el sistema de protección. La mayor, Daiana, hoy tiene 20 años y estudia Abogacía, pero en aquel momento era la que organizaba las rutinas, la que repartía la ropa, la que cuidaba a los más chicos como si fuera una mamá en miniatura. Cederle ese rol a otra persona no fue algo que ocurrió de un día para el otro, sino un proceso que ella tuvo que transitar con sus propios tiempos. "La más grande tenía que cederme el derecho a cuidarlos. Fue un desafío que ella tuvo que afrontar: dejarme el cuidado de los chicos a mí, de a poco", recuerda María Laura, y al escucharla uno entiende que acá no se trata de un trámite administrativo sino de un delicado movimiento de afectos, de lealtades, de roles que se negocian en silencio.

El punto de inflexión, lo que terminó de confirmar el vínculo, llegó en un recreo de la escuela, en un momento tan cotidiano como cualquier otro, cuando algunos de los chicos se acercaron y le dijeron, con esa honestidad brutal que solo tienen los pibes: "Te elegimos para ser nuestra mamá". Desde esa frase, los papeles dejaron de ser un trámite frío y se transformaron en la búsqueda de una convivencia posible, de un hogar donde esos seis hermanos pudieran crecer juntos.

“Te elegimos para ser nuestra mamá.”Los hermanos, en un recreo escolar

La familia que siempre soñó

Hoy la casa de María Laura es un pequeño universo en movimiento constante: Daniel y Milo (13), los gemelos, y Maiara y Lionel (16), los mellizos, asisten a una escuela técnica; Zaira (18) cursa el último año del secundario; Daiana (20), la mayor, estudia Abogacía; y Nahitan, de poco más de un año, es el bebé que llegó después de la adopción y que se transformó en una de las sorpresas más grandes de la historia. Cuenta María Laura que uno de los gemelos le besó la panza antes de que ella supiera que estaba embarazada y dijo, casi al pasar, "hola, bebé", y así fue como se enteró de la llegada del que hoy es el más pequeño de los hermanos.

La pareja que se había separado en medio del proceso también retomó el vínculo y hoy ocupa un rol activo como padre en esta familia que pasó de dos a nueve en cuestión de años. Los hermanos mayores, además, cuidan a Nahitan con un entusiasmo que a María Laura, según me confiesa, todavía hoy la emociona cada vez que lo ve. "Son el amor de mi vida. Es la familia que siempre esperé, siempre quise una familia grande y hoy la tengo unida", resume, con la voz algo quebrada pero la sonrisa intacta, mientras el chico del kiosco, Jorge, me escribe al celular para preguntarme si ya escuché la historia completa. Participa, además, de la Asociación Civil Adopten Niñes Grandes, desde donde acompaña a otras familias que atraviesan procesos similares.

  • Daniel y Milo, los gemelos, tienen 13 años y van a la misma escuela técnica.
  • Maiara y Lionel, los mellizos, tienen 16 años y cursan en la misma escuela.
  • Zaira tiene 18 años y está en el último año del secundario.
  • Daiana, la mayor, tiene 20 años y estudia Abogacía.
  • Nahitan tiene poco más de un año y es el bebé que llegó después de la adopción.
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Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana

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