Cuidar el cuerpo para no perder la autonomía: la rutina que propone López Rosetti para preservar cerebro y corazón
El médico clínico y cardiólogo sugirió sumar caminatas, ejercicios de fuerza, controles periódicos y vida social como una manera de envejecer sin resignar independencia. También hizo foco en la atención de los problemas auditivos y en consultar ante señales como mareos, dolor de pecho o falta de aire inusual.
Acá, en este país donde muchos aprendimos a medir el día por si llegamos a la vuelta del lago o por la caminata hasta el club, el doctor Daniel López Rosetti, médico clínico y cardiólogo, volvió a poner sobre la mesa una idea que suena sencilla pero que requiere constancia: cuidar cerebro y corazón es, en buena medida, una cuestión de hábitos diarios y de no saltearse los controles médicos. La propuesta, que recorre medios y consultorios, apunta a un objetivo muy concreto: preservar la autonomía con el paso de los años, ese don de poder valerse por uno mismo que a veces se pierde sin que uno lo note hasta que ya es tarde.
Caminar, conversar y no ahogarse en el intento
El punto de partida, según explicó el especialista, es elegir una actividad que resulte placentera y arrancar con una exigencia acorde a las posibilidades de cada uno. La idea, dijo, es que las caminatas con amigos, las tardes en el club barrial o un grupo de baile se conviertan en la puerta de entrada al ejercicio. Y, una vez dentro, la recomendación concreta es sumar 150 minutos de caminata rápida por semana, repartidos por ejemplo en media hora durante cinco días, para no concentrar todo el esfuerzo en una sola jornada. Como referencia del ritmo, López Rosetti sugirió algo muy de acá, muy nuestro: que la caminata permita charlar sin quedarse sin aire. Si uno no puede mantener una conversación mientras camina, conviene bajar un cambio.
Porque, como me decía la otra tarde Marta, vecina del barrio de Belgrano mientras hacía la cola en la verdulería, el problema nunca es empezar, sino sostener. Y ahí entra el segundo pilar de la rutina: el trabajo muscular. López Rosetti propuso ejercicios de fuerza dos o tres veces por semana, con opciones que pueden hacerse en casa sin mayores complicaciones, como levantarse de una silla y volver a sentarse, hacer flexiones apoyándose contra una pared o trabajar con bandas elásticas y cargas livianas. En personas mayores, insistió, este tipo de entrenamiento está directamente vinculado con el tono muscular, el equilibrio y, otra vez, la autonomía para levantarse de la cama, subir una escalera o cargar una bolsa sin pedir ayuda.
Señales de alerta: cuándo frenar y llamar al médico
Ahora bien, acá viene una de las partes más importantes del mensaje, esa que muchos escuchan pero pocos aplican: la progresión debe ser gradual y el cuerpo hay que escucharlo. López Rosetti fue claro al señalar que, si durante la actividad aparecen mareos, dolor de pecho, palpitaciones o una falta de aire inusual, lo que corresponde es detener el esfuerzo y consultar al médico. También advirtió que la dificultad para respirar en las tareas cotidianas, esa sensación de que cargar la bolsa del súper o subir dos tramos de escalera se volvió una odisea, requiere una evaluación profesional. El cuerpo, sostuvo, suele dar avisos antes de que algo más serio pase; lo que no se puede hacer es mirarlos para otro lado.
Porque, como me decía hace unos días don Enrique, vecino de Caballito que camina todas las mañanas por el parque, uno se acostumbra a las molestias y termina conviviendo con ellas como si fueran parte del paisaje. Y esa naturalización, aclaró el especialista, es precisamente lo que se busca evitar: el control de la presión arterial, la diabetes, el colesterol y otros lípidos, la atención de la obesidad y dejar el cigarrillo son piezas centrales de un cuidado que, explicó, apunta a proteger las arterias, porque tanto el cerebro como el corazón necesitan el oxígeno y los nutrientes que llegan por la sangre. Si las cañerías se tapan, explicó, los dos órganos lo sufren.
Descanso, comida de casa y gente alrededor
Y acá aparece el tercer pilar de la propuesta, ese que a veces se subestima: dormir bien, alimentarse de manera razonable y no aislarse. López Rosetti recomendó un descanso adecuado y una alimentación de tipo mediterráneo, con verduras, frutas y legumbres en el menú cotidiano. A eso sumó reducir el consumo excesivo de alcohol y prestar atención a los cuadros depresivos, que muchas veces se disfrazan de cansancio o de mal humor y terminan pasando factura. La vida social, insistió, no es un adorno: tejer lazos con otras personas, juntarse a charlar, salir a caminar acompañado, es parte del mismo tratamiento, porque el contacto humano sostiene la motivación y, de alguna manera, le da sentido al esfuerzo.
En ese mapa, el especialista incluyó un punto que suele quedar fuera de la conversación médica pero que tiene efectos concretos: la audición. Explicó que la pérdida auditivaimpacta de lleno sobre la comunicación y sobre el vínculo con los demás, y que atenderla a tiempo es clave para no quedar afuera de las conversaciones ni del mundo. Porque, como me decía la vecina del tercer piso, cada vez que le costaba seguir el diálogo en una reunión familiar, lo que hacía era callarse y asentir, y de a poco fue dejando de juntarse. Consultar al otorrino y, si hace falta, usar audífonos, puede ser la diferencia entre seguir participando o empezar a retirarse sin darse cuenta.
“Cuidar el cuerpo y la cabeza no es solo una cuestión de médicos y estudios: es una decisión de todos los días, y hay que empezarla antes de que el cuerpo avise que algo anda mal.”Daniel López Rosetti, médico clínico y cardiólogo
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