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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

Cuando la gripe se complica: las señales que un médico no quiere que ignore nadie

El infectólogo Dhatri Kotekal advierte que sentir mejoría y luego empeorar de golpe es una de las alertas más claras para consultar sin demora. La neumonía, la sepsis y los eventos cardiovasculares pueden aparecer incluso en personas previamente sanas.

FC
Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana · · lectura 4 min
Cuando la gripe se complica: las señales que un médico no quiere que ignore nadie

Acá en el barrio uno escucha cada invierno la misma frase: “es una gripe, ya se va a pasar”. Y la mayoría de las veces es cierto, pero hay momentos en los que el cuerpo empieza a avisar que algo se desvió del camino, y conviene no hacerse el distraído. Esa frontera entre un cuadro molesto y uno peligroso es lo que preocupa al infectólogo Dhatri Kotekal, consultado por Cleveland Clinic, y es lo que cualquier vecino de Núñez o de cualquier otra esquina de la Ciudad debería tener bien claro antes de que llegue el próximo pico de influenza.

Según explica el especialista, la gripe puede derivar en neumonía, sepsis y problemas cardíacos o respiratorios, y aunque los niños pequeños, los adultos mayores, las embarazadas y las personas con enfermedades crónicas tienen mayor riesgo, también pueden presentarse complicaciones graves en personas sanas. Por eso, la clave no es sólo mirar con qué cuadro arrancó el paciente, sino cómo evoluciona con el correr de los días.

Mejorar y empeorar: la señal más subestimada

Sentirse mejor durante una gripe y empeorar de golpe es, para Kotekal, un motivo para consultar sin demora. Ese cambio puede indicar que apareció una infección secundaria, como una neumonía, y la evolución del cuadro importa tanto como los síntomas del comienzo. Roberto, vecino de Almagro, me lo resumió en una frase mientras esperaba su turno en el centro de salud: “el día que me levanté sin fiebre pensé que estaba saliendo, y a las cuarenta y ocho horas no podía cruzar la pieza sin agitarme”. Lejos de ser una exageración, es exactamente el escenario que los infectólogos quieren que la gente reconozca a tiempo.

  • Dificultad para respirar o sensación de falta de aire.
  • Dolor o presión persistente en el pecho.
  • Labios o uñas con tono azulado, señal de poca oxigenación.
  • Confusión repentina o desmayo.
  • Vómitos intensos o deshidratación severa que impide retener líquidos.
  • En niños pequeños, respiración acelerada y llanto que no se logra calmar.
  • Mejoría inicial seguida de un empeoramiento brusco en pocas horas.

La lista parece larga, pero los especialistas insisten en que no hace falta cruzarla toda para actuar: basta con que aparezca uno solo de estos signos para que la consulta médica deje de poder postergarse. La dificultad para respirar, el dolor o la presión en el pecho y los labios o uñas azulados requieren atención de emergencia, y no son síntomas para “ver cómo amanecés mañana”. La confusión, el desmayo, los vómitos intensos y la deshidratación severa completan el cuadro de banderas rojas que ningún médico quiere ver llegar tarde.

Quiénes deben extremar los cuidados

La consulta temprana cobra especial importancia para quienes tienen diabetes, enfermedades renales, cardíacas o pulmonares, u obesidad. En personas con estas afecciones previas, el deterioro puede producirse en apenas 24 o 48 horas, un margen muy estrecho para reaccionar. También presentan mayor vulnerabilidad los menores de cinco años, los mayores de 65 y las embarazadas, y aunque estar sano antes de contraer el virus reduce el riesgo, no lo elimina, algo que el propio Kotekal se encarga de remarcar para no bajar la guardia en ninguna franja etaria.

Aunque la mayoría de las personas se recupera en una a tres semanas, el esfuerzo del organismo para enfrentar la infección puede desencadenar complicaciones que exceden al virus original. La neumonía aparece como la más habitual entre las potencialmente mortales: puede deberse al avance del virus hacia los pulmones o a una infección bacteriana favorecida por el debilitamiento de las defensas. A eso se suman la sepsis, una reacción extrema del sistema inmunitario que daña tejidos y órganos propios, el agravamiento del asma o de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, la insuficiencia respiratoria y, en pacientes con enfermedades cardíacas previas, alteraciones del pulso y de la presión arterial que pueden derivar en un infarto o en un accidente cerebrovascular.

La herramienta más concreta para evitar todo esto sigue siendo la misma de cada año: la vacunación antigripal anual, recomendada por el especialista tanto para los grupos de riesgo como para toda persona que quiera reducir chances de terminar internada. Y vale una aclaración que Kotekal considera clave: tanto la influenza A como la B pueden causar cuadros graves, de modo que el tipo de virus no descarta el riesgo individual. “Cuando alguien me dice ‘es solo la gripe’, le respondo que la gripe sola no existe: lo que existe es el cuerpo que la recibe, y a ese hay que cuidarlo antes, durante y después”, resumió el infectólogo consultado por Cleveland Clinic, en una frase que bien podría quedar pegada en la puerta de cada centro de salud del barrio.

FC
Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana

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