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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

Cuando el cuarto deja de ser refugio: cómo las redes sociales rediseñaron la intimidad adolescente

FC
Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana · · lectura 3 min
Cuando el cuarto deja de ser refugio: cómo las redes sociales rediseñaron la intimidad adolescente

Acá, a la vuelta, en cualquier casa de un barrio cualquiera de la Argentina, abrir la puerta del cuarto de un adolescente ya no es lo que era. Antes era meterse en un universo paralelo, un poco caótico, un poco íntimo, con pósteres pegados a las apuradas, libros apilados en el piso, ropa tirada sobre la silla y, si uno tenía suerte, algún diario íntimo escondido bajo el colchón. El desorden era parte del paisaje: una forma silenciosa de decir que ese espacio le pertenecía a alguien que estaba creciendo, equivocándose y armándose a su manera.

Yo crecí viendo eso en casa de amigos, en los departamentos del centro, en las casas de barrio con patios de tierra. Era una constante que nadie cuestionaba. Hoy, en cambio, los cuartos que circulan por redes sociales parecen otra cosa: paredes de tonos neutros, camas prolijamente tendidas, tiras de luces que hacen las veces de reflectores improvisados. La singularidad no desapareció del todo, pero se corrió del plano físico. El espacio dejó de contar la historia del dueño y empezó a contar la historia que ese dueño quiere mostrar.

Una habitación con paredes de cristal

El sociólogo Erving Goffman, hace ya varias décadas, marcó una diferencia que sigue siendo útil para entender lo que está pasando: habló del "frente de escena", esa zona donde sostenemos una imagen pública, y del espacio privado, donde uno puede descansar del personaje, ensayar versiones de sí mismo y fallar sin testigos. La habitación del adolescente cumplía, históricamente, esa segunda función. La puerta cerrada funcionaba como un pacto tácito: adentro se suspendía el juicio ajeno.

“La escritora Sithara Ranasinghe lo resume con una imagen potente: describe el fenómeno como una habitación con paredes de cristal, donde el límite entre escenario e intimidad se disuelve bajo la mirada de una audiencia desconocida.”Sithara Ranasinghe

Lo más inquietante del asunto, y esto me parece clave para entender por qué se nota tanto, es que la cámara no necesita estar encendida para que el efecto actúe. Basta con la conciencia de que cualquier rincón puede ser filmado, capturado y comentado en cualquier momento. Eso modifica la conducta: inhibe la espontaneidad, desalienta el desorden, empuja hacia una especie de estandarización silenciosa. Ya no es la mirada de los padres la que ordena el espacio, sino la de una audiencia invisible que termina siendo internalizada, como un ojo que nunca parpadea.

  • Paredes de tonos neutros que reemplazan pósteres y collages personales.
  • Camas prolijamente tendidas listas para cualquier filmación espontánea.
  • Tiras de luces y pequeños reflectores que funcionan como escenario.
  • Menos objetos a la vista, menos rastros del desorden propio de la edad.
  • Una estética estandarizada, parecida en distintos puntos del país y del mundo.

María, una vecina del barrio de Villa Devoto con la que hablé mientras juntaba la mesa en lo de su madre, me lo decía mientras acomodaba los platos, con esa honestidad criolla que tenemos los argentinos para hablar de los chicos: "Mi hija de quince ordena el cuarto como si fuera un showroom, pero a la noche, cuando se cree sola, ahí sí veo las cosas revueltas, las paredes con los stickers que esconde cuando viene alguien. Es como si tuviera dos cuartos". Esa frase, tan simple, condensa todo lo que Goffman y Ranasinghe describen en términos teóricos: el frente de escena y la trastienda conviviendo en el mismo metro cuadrado.

La adolescencia siempre fue un umbral incierto, un período de transición donde equivocarse forma parte del aprendizaje. La pregunta que dejan estos cuartos cada vez más despojados, cada vez más parecidos entre sí, es hasta dónde sigue existiendo ese margen de imperfección cuando el espacio íntimo se convierte en un set permanente. Mientras tanto, en las casas del barrio, los padres miran la puerta cerrada y se preguntan, con razón, qué hay detrás de tanta prolijidad repentina.

FC
Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana

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