Volver al mismo ring y perder por la misma esquina: la nueva película de Sorkin y la sombra de La red social
Aaron Sorkin vuelve a juntarse con el universo de Mark Zuckerberg en una secuela que se tropieza con el mismo obstáculo de siempre: él mismo sentado en la silla de director. La crítica especializada señala que sus mejores guiones nacieron cuando otro se hizo cargo de la cámara.
Lo confieso: salí de la sala con esa sensación agridulce que te queda cuando una película te promete revancha y termina confirmando lo que ya sospechabas. El precio de la red llega como una suerte de continuacion de La red social, aquela pelicula de 2010 que David Fincher firmo con mano de hierro y que le dio a Sorkin un lugar de honor en Hollywood. El problema es que, esta vez, no hay Fincher que ponga orden.
Sorkin escribe y dirige, y la critica especializada coincide en algo que vengo escuchando desde hace rato: sus mejores paginas nacieron cuando otro director las llevo a la pantalla. Fincher en La red social, Danny Boyle en Steve Jobs, Rob Reiner en Algunos hombres buenos. Eran realizadores que sabian contenerle los excesos, decirle basta al monologo, imponerle un ritmo que el solo no se da. Sin esa mano externa, el libreto respira pero el filme se desinfla.
Lo que se ve y lo que se escucha
- Secuencias de dialogo larguisimas, brillantes al leerlas pero indigestas al verlas: existen porque suenan bien dichas en voz alta, no porque la escena las pida.
- Interiores mal iluminados, algo llamativo si tenemos en cuenta que el director de fotografia es el mismo que trabajo en La red social.
- Un montaje sin urgencia, que va de un plano al siguiente sin que nada se dispare en el cuerpo del espectador.
- Una tendencia al idealismo que, sin nadie que la discuta, termina pesando sobre el conjunto como una losa.
La propia pelicula tiene una linea que funciona como autorretrato involuntario. El personaje que interpreta Bill Burr, y que ya aparecio en los trailers, suelta algo asi como que Sorkin es un guardia de transito con los brazos caidos mientras los coches derrapan y atropellan todo. Es un chiste que, viniendo de adentro, duele un poco: porque la critica viene diciendo lo mismo desde Molly's Game, y el guionista-director parece escucharlo sin terminar de hacerselo carne.
“Sorkin es, segun esa linea, un guardia de trafico con los brazos caidos mientras los autos derrapan y atropellan todo.”Personaje interpretado por Bill Burr en El precio de la red
Aun asi, no todo es para tirar a la basura. Hay algo querible en su empecinamiento, en esadecision de volver a pelear en el mismo ring, con las mismas herramientas, sabiendo que la critica lo esta esperando con el cuchillo entre los dientes. La pelicula reune ademasecos de The Newsroom y de un proyecto sobre el 6 de enero que Sorkin lleva anos intentando levantar sin suerte, como si no pudiera evitar meter en cada guion sus fantasmas de siempre: la prensa ideal, el discurso civico, el abogado que arenga al jurado.
Mi conclusion, despues de pensarlo un rato, es que Sorkin funciona mejor cuando otro lo traduce. No porque sus dialogos sean malos, sino porque el cine no vive solo de palabras: vive de imagen, de corte, de luz, de ese silencio entre replica y replica que un director externo sabe construir. Cuando el se sienta en la silla de director, se olvida de todo eso y se entrega al monologo, que es su superpoder y su trampa.
En la fila para entrar al cine, mientras esperaba con la entrada en la mano, escuche a un tipo decirle a su amigo: 'Lo vi porque me encanto La red social, espero que no me defraude'. No supe que contestarle. La respuesta honesta era que, probablemente, ya lo habia defraudado antes de que se apagaran las luces de la sala. Igual, el proximo finde largo se puede volver a ver la de Fincher: sigue ganando por goleada.
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