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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

Una herencia que se sostiene con esfuerzo y dos turnos de trabajo

En el límite entre Centenario y Vista Alegre, Silvana y Jorge dejaron atrás los recuerdos del colegio para volver a la vida en la chacra. Con sueldos de maestra y empleado municipal, mantienen animales, alfalfa y los sueños de sus hijos.

FC
Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana · · lectura 3 min
Una herencia que se sostiene con esfuerzo y dos turnos de trabajo

Acá, en la calle 9, donde Centenario se toca con Vista Alegre y el viento del Alto Valle se mete entre los olivillos, hay una casa que fue creciendo de a poco, bolsa por bolsa, como crecen las cosas cuando se hacen con las manos. La casa se levanta sobre tres hectáreas que el padre de Silvana Aiello le dejó al irse, y hoy es el centro de un proyecto que esta pareja sostiene a fuerza de dos sueldos, un tractor que a veces no quiere arrancar y muchas horas después del trabajo.

Silvana y Jorge Stelrrig se conocieron hace 19 años, en la puerta de un colegio, mientras esperaban a sus hijos. Bastó esa primera charla para descubrir que los dos venían de familias chacareras de la zona, que los dos habían crecido entre acequias, animales y mesas largas, y que los dos guardaban la misma nostalgia. Durante mucho tiempo juntaron materiales con lo que sobraba de sus sueldos: bolsas de cemento, hierros, ladrillos. Compraban cuando podían. Hasta que hace tres años se animaron y se mudaron.

La chacra al revés

En el campo hoy hay alfalfa, gallinas, conejos y una incubadora que armó Lucas, el hijo de 17 años, con sus propias manos. Un monte se plantó solo donde antes hubo manzanos y perales: la tierra, cuando nadie la trabaja, se vuelve humedal. Esa imagen resume, de algún modo, lo que esta familia intenta revertir.

La diferencia con los padres y los abuelos es concreta y la cuenta Silvana con una frase que se repite en muchas mesas del interior: antes la chacra sostenía a la familia, ahora es la familia la que sostiene a la chacra. Ella trabaja desde hace casi veinte años como secretaria en una escuela técnica; Jorge es empleado en el área de educación de la zona. Son esos sueldos los que pagan el forraje, los animales y la mano de obra que necesitan para que el campo no se apague.

“Vamos con los animales, juntamos el dinero para comprar alimento, gallinas ponedoras, pollos, y vamos buscándole la vuelta. Antes no cumplían horario. Ahora uno tiene su trabajo, cumple, y a la tarde y los fines de semana atendemos los animales. Es otro tipo de estrés.”Silvana Aiello, secretaria y chacarera
  • Silvana trabaja como secretaria en una escuela técnica desde hace casi veinte años; Jorge es empleado del área de educación.
  • El campo se mantiene con alfalfa, gallinas ponedoras, pollos parrilleros y conejos.
  • Lucas, el hijo de 17 años, armó una incubadora artesanal y el año pasado crió 600 pollos parrilleros.
  • El bisabuelo de Silvana llegó desde Italia con 12 años, alrededor de 1920, y el abuelo fue quien empezó la chacra.
  • Jorge proyecta plantar frutales y viñas para producir y vender en el mismo campo.

Caminando por el terreno, entre gallineros y corralones, uno entiende por qué acá no se habla de abandonar sino de sumar. Silvana lo dice mientras mira cómo Lucas revisa la incubadora y Jorge revuelve un poco la tierra con la mirada puesta en las vides que quiere plantar: lo hacen a pulmón los tres, y cada camada de pollos que sale del galpón es un paso más en la herencia que empezaron a construir ellos mismos.

FC
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