Una calma que también se siente en el surco: el dólar se quedó quieto y el campo mira de reojo
El billete cerró en 1.535 pesos en el Banco Nación y el blue se mantuvo en 1.550, en una rueda donde el Banco Central volvió a comprar reservas y el tipo de cambio mayorista acumuló una caída del 0,4% en lo que va de octubre.
La mañana se levantó con una neblina persistente sobre los lotes del centro pampeano y una térmica que todavía no termina de instalarse, esa transición de octubre que en el campo se vive con la misma atención con la que se mira el precio del dólar: porque cuando el tipo de cambio se queda quieto, también se queda quieta la expectativa de quienes están a punto de cerrar números para la nueva campaña, y eso, en el surco, se nota. Porque a esta altura del año ya no se trata de sembrar y olvidarse: el productor que tiene la liquidación a la vuelta de la esquina necesita saber si el peso que va a recibir le sirve para reponer el gasoil, pagar el flete y dejar algo en la cuenta, y por eso cada movimiento del oficial se lee con la misma seriedad con la que se lee un pronóstico de lluvias.
Lo concreto de la jornada del jueves 15 de octubre es que el dólar al público no se movió: el Banco Nación lo siguió ofreciendo a 1.535 pesos para la venta, y el promedio del sistema financiero lo terminó ubicando en 1.535,17 para la venta y 1.481 para la compra, una photo finish que habla más de la paridad entre entidades que de una verdadera pulseada de mercado. En el paralelo, la postal fue casi calcada: el blue abrió sin variaciones y se sostuvo en 1.550 pesos, con una brecha de apenas el uno por ciento respecto del minorista oficial, lo que en la práctica significa que para quien necesita hacerse de un billete por la ventanilla informal la diferencia con el banco es de apenas quince pesos, un margen tan fino que empieza a quedar fuera del cálculo cotidiano de buena parte de los ahorristas.
El mayorista retrocedió seis pesos en lo que va de octubre
El segmento mayorista, donde se mueven las empresas y los importadores, terminó la rueda con una suba de apenas cincuenta centavos y se instaló en 1.513 pesos, en una sesión en la que el volumen negociado en el contado llegó a 580,4 millones de dólares. La cifra relevante, sin embargo, está en la foto del mes: desde el primero de octubre el mayorista acumula una baja de seis pesos, equivalente a un 0,4%, que no es una cifra espectacular pero sí es una cifra que el campo registra, porque del surco a la góndola lo que manda muchas veces no es la magnitud del movimiento sino la dirección, y aquí la dirección es hacia abajo.
Esta quietud cambiaria convive con un dato que, leído con paciencia, también tiene su peso: el miércoles anterior el Banco Central cerró la rueda comprador en el mercado cambiario, con una adquisición de 101 millones de dólares que representaron el 17,4% de la oferta disponible, y calificó el ingreso como de buen nivel para esta época del año, una definición que suele ser técnica pero que en la práctica funciona como un guiño a la calma. Las reservas brutas, mientras tanto, quedaron en 49.722 millones de dólares, una cifra 117 millones menor a la de la jornada anterior, en parte porque la onza de oro retrocedió 1,3% en los mercados internacionales hasta los 4.121,20 dólares, un movimiento que tiene más que ver con la geopolítica de los metales que con la foto local, pero que también forma parte del termómetro.
Para quien cobra en pesos, paga la tarjeta en dólares o recibe remesas del exterior, la lectura es directa: el poder de compra de esos dólares se sostiene en niveles parecidos a los de las últimas semanas, sin saltos ni sobresaltos, lo que permite planificar el cierre de mes con una variable menos en la calculadora, aunque también con menos margen para especular con un salto que muchos todavía tienen en la cabeza. Lo que el campo observa, mientras tanto, es otra película: si el precio del oficial sigue quieto en el umbral de los 1.500 pesos, y la cosecha gruesa se viene con retenciones que el Estado todavía no resolvió cómo se van a mover, lo que el productor puede hacer es ajustar hombros y volver a mirar el cielo, que es, como siempre, la primera variable de las que no se negocian.
“Cuando el dólar se queda quieto yo me quedo pensando, porque en el surco lo que necesito es que el oficial me deje llegar a fin de mes y no quedar enganchado con los insumos que ya tengo comprados.”Walter, productor en Chivilcoy
Lo que el Estado todavía no resolvió
Porque la estabilidad cambiaria que muestran los números del jueves es apenas una foto, y debajo de esa foto hay varias conversaciones pendientes que el Estado todavía no resolvió, empezando por la letra chica del régimen de liquidación de las exportaciones, siguiendo por el esquema de retenciones que se renovará una vez que termine el calendario vigente, y terminando por la readecuación de los precios internacionales que ya comenzaron a pegar en los puertos, una combinación de temas que define, del surco a la góndola, qué porcentaje del precio final efectivamente llega al bolsillo del que trabaja la tierra. Por ahora, con el oficial clavado en 1.535, el productor cuenta los pesos uno por uno, mira la próxima lluvia y se prepara para un cierre de año en el que la calma del dólar puede ser buena noticia para el consumidor y, a la vez, una señal de alerta para quien sigue esperando que el precio justo se parezca, alguna vez, al que vio en el cable cuando empezó la campaña.
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