Quedan días para pescar truchas en la Patagonia neuquina: qué se puede y qué te puede pasar si te pasás del límite
Acá en la Patagonia neuquina, cuando el viento empieza a pegar de otra manera y el calendario se pone finito, hay un tema que siempre vuelve a la mesa de los que vivimos cerca de los embalses: la pesca. Y esta semana me tocó cruzarme con una historia que, la verdad, deja bastante en claro cómo están funcionando los controles y hasta dónde se puede estirar la cuerda antes de que la cosa termine mal.
La ventana que todavía está abierta
Antes que nada, vale la pena aclararlo para el que no lo tenga fresco: la temporada general en ríos y lagos neuquinos recién abre el 1 de noviembre. Pero mientras tanto, y hasta el 31 de octubre, hay dos embalses que mantienen habilitada una zona con reglas muy puntuales. Se trata de Piedra del Águila y Alicurá, donde sigue vigente lo que se conoce como Zona 2. En ambos casos, el cupo es de cinco truchas arcoíris por permiso y la actividad está permitida únicamente en horario diurno, de día y nada más.
Dicho de manera más simple para el que se pierde con los reglamentos: si querés salir a pescar antes de noviembre, tu única opción legal es ir a uno de esos dos embalses, sacar el permiso correspondiente en la Dirección Provincial de Fauna, respetar el tope de cinco piezas y volver a casa antes de que se ponga el sol. Si te pasás de cualquiera de esas dos cosas, ya estás incurriendo en infracción, y como vamos a ver, las consecuencias pueden ser bastante serias.
- Embalses habilitados habilitados hasta el 31 de octubre: Piedra del Águila y Alicurá, en su Zona 2.
- Cupo máximo por permiso: cinco truchas arcoíris por pescador.
- Horario permitido: únicamente en horas de luz, lo que se conoce como horario diurno.
- Apertura de la temporada general en ríos y lagos de Neuquén: 1 de noviembre de 2026, con arranque del ciclo 2026-2027.
El caso del Prisma y los 42 ejemplares
Esta vez me lo contó Daniel, un vecino del barrio Villa del Norte que siempre anda merodeando por la zona del Limay: en el operativo de esta semana, a la altura del kilómetro 1304 de la Ruta 237, los agentes de Fauna y de la División Brigada Rural y Montada del Limay se toparon con una imagen que, según me dijo el muchacho, le dejó sabor a poco al resto de los pescadores que sí juegan limpio. En el baúl de un Chevrolet Prisma encontraron 42 truchas arcoíris, varias de ellas ya sin cabeza y prácticamente listas para ir derechito al freezer de alguien. La cifra, como se imaginarán, multiplicaba por más de ocho el cupo legal que estaba vigente en los embalses habilitados.
Lo que siguió fue lo de manual: se labró un acta de infracción bajo la Ley Provincial de Fauna Silvestre 2539, el conductor quedó sumariado y el pescado, imagino, terminó decomisado. Pero lo más interesante es que no se trata de algo aislado, ni mucho menos. En mayo pasado, sobre el kilómetro 1353 de la misma ruta 237, se secuestraron 31 truchas en condiciones similares. Y unos meses antes, en marzo, tres rodados terminaron incautados junto con truchas ya faenadas y, para sumar un condimento extra, carne de ciervo. La 237, que conecta Neuquén capital con la cordillera y pasa pegada a varios de los embalses más concurridos, se volvió con el tiempo un corredor de control habitual, y por lo que se ve, los controles están dando resultados concretos.
Menos infracciones, más presencia en la ruta
Según lo que informó la Dirección Provincial de Fauna, desde que se intensificaron los patrullajes en la zona el número de infracciones detectadas cayó alrededor de un 60% respecto a la temporada anterior. Es una cifra que llama la atención y que muestra, en definitiva, dos cosas a la vez: por un lado, que cuando el Estado se pone firme con los controles, la gente tiende a portarse mejor; y por el otro, que todavía hay un porcentaje que sigue tentando el límite y termina pagando las consecuencias.
Ahora bien, con noviembre a la vuelta de la esquina y la temporada completa por abrirse, lo más sensato que se puede hacer es sentarse un rato, verificar que el permiso provincial esté vigente y, sobre todo, confirmar las condiciones específicas del embalse o del curso de agua al que uno tenga pensado ir. A veces uno cree que tiene todo claro y termina metiéndose en un lugar donde veda, cupo o restricción lo agarran desprevenido. Y la verdad, como me dijo Daniel antes de despedirse mientras acomodaba la caña en el asiento de acompañant: "uno vale uno, antes de salir a la casa, pregúntale a la casa si quiere".
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