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SÁB, 17 OCT 2026
Economía

Por primera vez, el pollo le ganó la pulseada a la carne vacuna en la mesa de los argentinos

Un promedio de 47 kilos por habitante en los últimos doce meses dejó a la carne aviar apenas por encima de los 46,7 kilos de bovina, según un informe del IERAL. La diferencia de precios explica buena parte del fenómeno: un kilo de vaca equivale a 3,6 kilos de pollo entero.

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Graciela VidelaInterior provincial y campo · · lectura 3 min
Por primera vez, el pollo le ganó la pulseada a la carne vacuna en la mesa de los argentinos

La mañana llegó con esa garúa fina que no termina de definirse y que en el sur de Santa Fe complica el arranque de las cosechas, pero el termómetro de la economía, que se mide en góndola y no en surco, acaba de dar un dato que hace rato venía pidiendo pista: por primera vez en la historia reciente del consumo argentino, el pollo le sacó una cabeza de ventaja a la carne vacuna. No fue una diferencia abrumadora, pero fue suficiente como para que el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) lo consigne como un mojón en la de los hogares.

Entre agosto de 2025 y julio de 2026, cada habitante del país se llevó a la boca, en promedio, 47 kilos de pollo contra 46,7 kilos de carne vacuna. La cifra parece una pulseada de milímetros, pero simbólica y comercialmente es enorme: durante décadas, el asado, la milanesa y el bife fueron sinónimo de proteína animal en la Argentina, y el pollo era, a lo sumo, un actor de reparto. Hoy, del surco a la góndola, el reparto se convirtió en más protagonismo de góndola.

El dato de los números que mandó al frente al pollo

  • Consumo de pollo por habitante: 47 kilos en doce meses.
  • Consumo de carne vacuna por habitante: 46,7 kilos en el mismo período.
  • Relación de precios: 1 kilo de carne vacuna equivale, en promedio, a 3,6 kilos de pollo entero y a 1,9 kilos de pechito de cerdo.
  • Período considerado: agosto de 2025 a julio de 2026, doce meses corridos, no año calendario.
  • Fuente: informe del IERAL, con datos de consumo y precios relevados en góndolas de todo el país.

Lo que empujó el cambio, como suele ocurrir en la economía de los argentinos, fue el bolsillo. Un kilo de carne vacuna costó, en promedio, lo mismo que 3,6 kilos de pollo entero o que 1,9 kilos de pechito de cerdo. La diferencia es la que terminó de inclinar la balanza en la lista del supermercado, sobre todo en hogares de ingresos medios y bajos, donde cada cien pesos de presupuesto se estiran mucho más si van a parar al mostrador de la avícola que al de la carnicería tradicional.

Daniel, productor avícola de Granadero Baigorria, lo resume con una frase que repite cada vez que termina un lote: "La gente sigue queriendo comer asado, pero cuando llega el momento de pagar, se acuerda de que con lo que sale un kilo de cuadril compra tres kilos de pollo y le alcanza para toda la semana". Esa ecuación, multiplicada por millones de familias, es la que dejó a la carne vacuna un escalón abajo por primera vez.

La industria avícola, hay que decirlo, viene leyendo este escenario desde fines de 2024. Los criaderos, las plantas de faena y los frigoríficos del sector invirtieron en capacidad instalada, en líneas de trozado y en packaging orientado a la familia tipo, justamente porque veían que la demanda iba a reaccionar así. Y el consumo les terminó dando la razón en los números, aunque sea por un margen finito.

Ahora bien, no todo lo que brilla es pollo: el dato del IERAL es un promedio por habitante y mide los kilos efectivamente comprados, no los efectivamente comidos. Hay desperdicio, hay diferencias por regiones, hay provincias donde la vaca todavía gana por goleada y hay ciudades grandes donde el delivery de milanesas sigue siendo el rey del fin de semana. Pero la foto promedio del país, que es la que miran los economistas y los funcionarios, muestra un cambio cultural y económico de fondo.

Mientras tanto, en los escritorios donde se diseñan las políticas para el campo y para la mesa de los argentinos, todavía hay un elefante adentro del galpón que nadie termina de mover: el Estado no resolvió cómo ordena la cadena de ganados y carnes para que el productor tambero y el feedlotero mediano no terminen pagando los platos rotos de un consumo que se desplaza hacia otra proteína. La pregunta que queda flotando es si la carne vacuna va a recuperar terreno o si el pollo, definitivamente, le cambió el eje a la dieta nacional.

GV
Graciela VidelaInterior provincial y campo

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