Plano del dólar en la semana: la pizarra se acomoda y el campo mira el cielo
El blue quedó a mil quinientos cincuenta y cinco pesos y el oficial a mil quinientos treinta y cinco, con una brecha de veinte pesos. La estabilidad del arranque no borra las preguntas que, del campo, siguen latiendo.
Amanecí con el cielo encapotado y una garúa fina que no termina de definirse, ese tiempo que en el surco se traduce en barbecho postergado y en el ánimo del productor en una pausa incómoda. Mientras la mañana avanzaba, la pizarra cambiaria del lunes mostró una foto que, por primera vez en varias ruedas, se lee con cierta calma: el dólar blue cerró a mil quinientos cincuenta y cinco pesos y el oficial a mil quinientos treinta y cinco, apenas veinte pesos de brecha, algo menos del uno coma tres por ciento. Para quienes seguimos el pulso de la economía desde el interior provincial, esa diferencia chica no es un dato técnico: es la distancia que separa lo que un productor puede soñar con retener del pago de una semilla o de la reposición de un implemento y lo que efectivamente termina costando cuando el importador le pasa la factura.
La pizarra que miran los bancos y la que mira la calle
En el Banco Nación la referencia volvió a ser mil cuatrocientos ochenta y cinco para la compra y mil quinientos treinta y cinco para la venta, un número que funciona como ancla para buena parte de los contratos que se firman en el interior. Esa es la cotización que pesa en el precio de la electrónica que se vende en las casas de, en las cuotas de los rodados que llegan de afuera y en cualquier pago atado a moneda dura. En el circuito informal, al que recurren buena parte de los productores chicos para hacerse de efectivo sin pasar por la ventanilla, la venta terminó en mil quinientos cincuenta y cinco, una diferencia que, traducida a un embarque de cinco toneladas de soja, no alcanza para modificar una decisión de venta, pero sí para sostener por delante del precio final una duda razonable sobre el momento de liquidar.
“Mientras el agua no afloje no hay apuro, pero uno mira la pizarra igual, porque veinte pesos de brecha hoy son doscientos mañana.”Horacio, productor de Carlos Casares
La pregunta del cierre de cada jornada ya no es si el blue se va a disparar, sino cuánto tiempo aguanta este equilibrio sin que se lo lleve puesto la próxima tormenta política. Por ahora, el mercado respondió con estabilidad y el riesgo país se sostuvo en seiscientos sesenta puntos básicos según el índice de JP Morgan, un número que, para el interior, funciona como termómetro indirecto: cuando baja, el crédito se hace más barato; cuando sube, la cadena de pagos se tensa y el productor termina financiando al acopio con su propia cosecha.
- Dólar blue: mil quinientos cincuenta y cinco pesos para la venta, brecha de veinte pesos con el oficial.
- Dólar oficial en Banco Nación: mil cuatrocientos ochenta y cinco compra y mil quinientos treinta y cinco venta, sin variantes durante la jornada.
- Dólar tarjeta: alrededor de mil novecientos noventa y cinco pesos, tomando el minorista más un treinta por ciento de percepción a cuenta de Ganancias.
- Riesgo país: seiscientos sesenta puntos básicos, según el índice de JP Morgan.
- Ether: dos mil cuatrocientos dieciséis dólares en el segmento de activos digitales, mercado que opera las veinticuatro horas los siete días.
Para los gastos del mes, la estabilidad de este lunes implica que los precios dolarizados del surtido de electrónica, los pasajes al exterior y los servicios contratados afuera del dólar no recibieron una presión extra por el lado cambiario, algo que se nota especialmente en los consumos que se pagan en cuotas con tarjeta. Pero esa foto quieta del arranque de semana no resuelve la discusión de fondo que arrastra el campo desde hace meses: cómo se traduce, del surco a la góndola, esta calma cambiaria en un precio justo para lo que producimos, en un gasoil que sigue pesado en la mochila y en una presión impositiva que no se tomó ni un día de descanso. Lo que el Estado todavía no resolvió es justamente eso: cómo hacer que la estabilidad de la pizarra se transforme en previsibilidad para el productor que hoy mira el cielo esperando que la garúa pase de una vez y le deje sembrar tranquilo.
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