Matienzo y los hilos: Florencia Tellado, la sombrerera que le tejió el guardarropas a Moria Casán
En un loft nuevo del barrio de Palermo, la diseñadora de sombreros que se formó entre Londres y el Teatro Colón reconstruye, pieza por pieza, el vestuario de la serie biográfica de la diva. Siete meses, ferias americanas y un solo encuentro cara a cara con La One.
La esquina de Matienzo y Costa Rica, en Palermo, tiene esa calma de domingo a las once de la mañana. El sol cae sobre la vereda, alguna persiana metálica todavía está baja y, sin embargo, del otro lado de un portón color verde musgo, adentro de un loft de 145 metros cuadrados, hay alguien trabajando. Es Florencia Tellado, 43 años, que acaba de cruzar la puerta de su taller propio después de dos décadas enteras moviéndose entre productoras, sets publicitarios y sombrereras europeas. Acá, entre maniquíes, telas apiladas y hormas que parecen restos de un naufragio elegante, la recibimos mientras acomoda la mesa y se ríe de la cantidad de cajas que todavía no desarmó desde la mudanza.
Tellado es, sobre todo, milliner: diseñadora de sombreros. Pero el encargo que le cambió el año la sacó de ese carril conocido y la empujó a un territorio que nunca había pisado, el de la ficción, con mayúsculas. La llamaron por un audio, en medio del ruido de un cumpleaños infantil, para proponerle el vestuario de la serie biográfica sobre Moria Casán que protagoniza Griselda Siciliani. Ella dice que lo único que tenía en la cabeza cuando arrancó era a Moria, toda Moria junta, desde los escenarios de revista de los setenta hasta los living shows más recientes.
Una cronología al revés y un universo entero para vestir
El proyecto arrancó en julio de 2025 y terminó en febrero de 2026. Como la serie no cuenta la vida de Moria en orden cronológico, Tellado y su equipo tuvieron que armar un universo de vestuario que reconociera cada etapa de la diva sin que se notaran los saltos temporales. Cada look tiene que funcionar como una máquina del tiempo pero, al mismo tiempo, tiene que conversar con el que viene antes y el que viene después. No es un detalle menor: es, básicamente, lo que vuelve verosímil a un personaje público que el espectador conoce de memoria.
“Lo único que tenía en la cabeza era a Moria. Pensaba cómo representarla siendo fiel a su estilo tan único. Tiene un estilo muy definido. En los colores, los estampados, sabés cuáles son Moria y cuáles no.”Florencia Tellado, diseñadora de vestuario
- Los trajes más importantes se hicieron a medida para cada actriz, especialmente para Griselda Siciliani en el rol central.
- El resto del guardarropas se armó con piezas alquiladas, compradas o reformuladas en el propio taller.
- Una parte importante del material vintage salió de ferias americanas que Tellado rastreó durante meses.
- La decisión de qué servía y qué no dependía de un olfato muy entrenado: identificar qué pertenecía al universo de Moria y qué quedaba afuera.
Lo que distingue a Tellado, lo que la hace única en el circuito, es la doble formación. Veintidós años de vestuario publicitario le dieron velocidad de reflejo y cintura para resolver problemas en horas, no en días. Pero la pata más, la que la define, es la sombrerería: se formó con tres maestros que parecen sacados de un mapa. Hilda Juárez, la sombrerera histórica del Teatro Colón; Laura Noetinger, la que eligió la reina Máxima de Holanda para sus apariciones públicas; y Noel Stewart, en Londres, una de las manos que están detrás de los sombreros de Givenchy, Valentino, Mulberry y Roland Mouret. De esa temporada inglesa, Tellado rescata sobre todo el silencio y la precisión: un milímetro fuera de lugar arruina una pieza entera.
Esa doble pertenencia explica dos cosas que, sobre el papel, parecen no tener nada que ver. Por un lado, explica el sombrero de Paco Amoroso para su paso por el Tiny Desk, una de las piezas más comentadas del último año. Por el otro, explica el mensaje que le llegó por Instagram desde la producción de Marilyn Manson para encargarle diseños. Lo que une ambos pedidos, tan distintos entre sí, es la mano de alguien que entiende que un sombrero no es un accesorio: es una declaración de intenciones.
Para la serie de Moria, Tellado se reunió una sola vez en persona con La One. Una reunión, en medio de siete meses de trabajo, que ella recuerda como suficiente. La organización del día a día se sostuvo por audios y mensajes, con Griselda Siciliani como intermediaria natural. Y acá aparece la parte del oficio que no se ve: cuando un diseñador de vestuario trabaja para una figura pública, no puede copiar, no puede repetir un look famoso tal cual, porque cualquier parecido deliberado se lee como chiste o como falta de respeto. Entonces hay que traducir. Reconstruir el espíritu sin calcar la postal.
El resultado, según cuenta mientras acomoda una horma y mira la calle por la ventana del taller, fue un guardarropas que funciona como personaje propio de la serie. Las piezas más emblemáticas, las que el público va a recordar, son las que se hicieron a medida. El resto, lo que da cuerpo y volumen a cada escena, salió del circuito de ferias americanas que cualquier porteño conoce: esas rondas de domingo a domingo en las que un ojo entrenado distingue, entre montañas de colchas y abrigos de los noventa, la manga enterita del ochenta, el lurex auténtico, el bordado que sostiene una toma en primer plano.
Ahora, instalada en su loft de Matienzo, Tellado recibe encargos de vestuario y accesorios. Dice que su próximo desafío personal es vestir a Lady Gaga, y lo dice sin despeinarse, como quien comenta que el lunes hay que pasar por el lavadero. Acá, en este Palermo que todavía huele a café recién hecho y a barrio que se reinventa, la espera una temporada larga. Mientras tanto, deja una idea flotando, de esas que conviene anotar en el cuaderno antes de salir a la calle: la moda argentina, cuando se pone seria, puede contar la vida entera de alguien sin necesidad de decir una sola palabra.
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