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SÁB, 17 OCT 2026
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Lo que casi nadie sabe del grito inicial de Drew Barrymore en Scream: Wes Craven la hizo llorar de verdad con un truco que da escalofríos

A treinta años del estreno, un detalle de la filmación vuelve a recorrer el mundo: las lágrimas de Casey fueron reales y el director las provocó con un recuerdo atroz. La escena que cambió el slasher para siempre, contada desde adentro.

CA
Celeste AlcarazCultura y espectáculos · · lectura 4 min
Lo que casi nadie sabe del grito inicial de Drew Barrymore en Scream: Wes Craven la hizo llorar de verdad con un truco que da escalofríos

Te voy a ser sincera: cuando uno se sienta frente al monitor para revisar material de archivo sobre Scream, espera encontrar nombres, cifras y algún que otro dato de producción. Lo que no espera es cruzarse con la historia de un mechero encendido en el set, una actriz a los gritos y un director al que se le iluminó la cara al escuchar la confesión de su protagonista. Y sin embargo, ahí estaba: la génesis de uno de los llantos más recordados del cine de terror de los noventa, narrado por la propia gente que estuvo adentro del rodaje.

La secuencia abre la película con una llamada telefónica que parece un juego y termina en pesadilla. Casey Becker, el personaje de Drew Barrymore, contesta el teléfono, habla con alguien que dice conocerla y termina acorralada en el porche de su casa. Es el prólogo que redefinió al género. Pero el dato que vuelve a circular treinta años después es más íntimo y, si me permitís, bastante más perturbador: esas lágrimas no las fabricó ninguna escuela de actuación.

Una noche de noticia, un día de rodaje

La noche anterior a filmar la apertura, Drew Barrymore leyó una noticia que la dejó mal. Un hombre había quemado vivo a su perro. La historia se le quedó pegada. Al día siguiente, cuando se lo cruzó a Wes Craven en el set, se lo contó. Y Craven, cuentan los que estaban ahí, hizo lo que hacen los grandes directores cuando les aparece una emoción así de cruda delante: la usó.

Durante la filmación, según reconstruyó Julie Plec, asistente de dirección del rodaje, Craven se acercaba a la actriz y le susurraba al oído la frase Estoy encendiendo el mechero. El efecto fue inmediato. Plec lo recuerda desde afuera del set: "Se oía a Drew gritar y aullar, y yo pensaba: ¿Pero qué coño está pasando ahí dentro? Y era Wes, que la estaba animando".

Lo que se ve en pantalla, entonces, no es una actriz repitiendo la indicación de un coach. Es el recuerdo de un animal sufriendo, traído a la superficie a propósito. Craven convirtió una noticia horrible en combustible para una escena que, se mire como se mire, es también horrible. El truco no fue un truco: fue una llave maestra.

La otra capa del golpe: el marketing

Porque el llanto real era solo una de las dos patas de la apuesta. La otra fue de manual de publicidad. Barrymore apareció como la cara de Scream en afiches, tráileres y notas de prensa. La gente entraba al cine convencida de que la seguía a ella durante toda la película. Y ahí estaba el otro movimiento del director: matarla antes de los quince.

Richard Potter, director de desarrollo de Dimension Films en ese momento, lo explicó con una claridad que todavía hoy funciona: "Vas a ver el tráiler y los anuncios, y vas a estar seguro de que ella es la protagonista. Es imposible que muera. Cuando muera al final de esa secuencia, pensarás: cualquiera podría morir". Esa frase es, en realidad, la promesa de toda la película: a partir de Casey, nadie está a salvo.

La referencia inevitable es Hitchcock en Psicosis. Pero mientras que Hitchcock guardó el secreto de Janet Leigh con un contrato de confidencialidad y un estricto orden de producción, Craven y el estudio jugaron a invertir la expectativa. Le dijeron al público exactamente lo contrario de lo que iban a hacer, y aun así el público mordió el anzuelo. La diferencia es que acá no había secreto que guardar: la sorpresa dependía de que la cara visible fuera la de la víctima.

Por qué sigue dando vueltas

A treinta años del estreno, la secuencia de apertura de Scream sigue estudiándose en escuelas de cine y sigue apareciendo en cada lista de mejores prólogos del género. Lo que estas grabaciones y recuperan es la parte humana del asunto: el detalle de un mechero, un grito genuino y un director que supo leer el momento justo para apretar el botón correcto.

  • La escena que abrió Scream en 1996 redefinió al slasher moderno al matar a la estrella anunciada antes del primer acto.
  • El llanto de Drew Barrymore fue real: Craven la hacía revivir, entre toma y toma, una noticia sobre crueldad animal que ella había leído la noche anterior.
  • La asistente Julie Plec recordó que desde afuera del set se escuchaba a la actriz gritar y aullar mientras el director la motivaba con frases cortas.
  • La estrategia comercial puso a Barrymore como cara de la campaña para que el público asumiera que era la protagonista y el shock de su muerte resultara máximo.
  • El caso dialoga con Psicosis de Hitchcock, aunque con la inversión de que acá se construyó la sorpresa sobre la promesa explícita de la protagonista, no sobre el secreto.
CA
Celeste AlcarazCultura y espectáculos

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