La vuelta al mundo en silla de ruedas: dos amigos australianos que se cargaron todo al hombro y no se bajaron de ninguna
Fletcher Crowley se fracturó dos vértebras a los 17, en una bajada en bicicleta de montaña. Años después, junto a Lachie Bennett, su amigo del colegio y compañero de trabajo en un centro de rehabilitación, armó un viaje de tres meses por cuatro continentes. Subieron 268 escalones en Hong Kong, bucearon con tiburones en Sudáfrica y se dejaron caer en parapente. La historia, contada por ellos mismos, arranca en una cena de turno nocturno.
Hay una imagen que se repite en las redes de Fletcher Crowley y Lachie Bennett y que resume, sin proponérselo, todo el viaje: los dos abrazados arriba del Gran Buda de Hong Kong, agotados, felices, con la ciudad entera a sus pies. Para llegar hasta ahí tuvieron que subir 268 escalones. Lachie los hizo cargando a Fletcher en la espalda. Cuando me lo contaron por videollamada, desde Sídney, los dos se rieron como si fuera una anécdota menor. No lo es.
Fletcher tenía 17 años cuando una caída en bicicleta de montaña le fracturó dos vértebras. Hoy puede ponerse de pie y dar algunos pasos, pero el esfuerzo lo deja sin aire enseguida. Cuando le pregunto cómo se define, antes de cualquier palabra técnica, me dice: "Soy alguien a quien le gusta viajar". Lachie trabaja como terapeuta en un centro de recuperación para personas con lesiones medulares. El mismo lugar donde, después de años sin verse, los reencontró el destino y, sobre todo, una cena de turno nocturno.
Una amistad que nació en una guardia
Fletcher y Lachie habían ido juntos al colegio, pero se habían perdido el rastro. El reencuentro fue en el centro de rehabilitación donde Lachie trabaja y donde Fletcher hace su recuperación. La amistad se selló durante una cena de turno nocturno. Ahí descubrieron que compartían la música, la moda, las ganas de conocer gente nueva y, sobre todo, algo más íntimo: los dos habían lidiado con ansiedad y habían aprendido a manejarla. Esa coincidencia, dicen, fue el verdadero punto de partida.
"Empezamos a hablar y nos dimos cuenta de que teníamos mucho en común. Mucho más de lo que pensábamos", cuenta Lachie, sentado en el living de su casa, en las afueras de la ciudad. Fletcher asiente desde la otra pantalla. Cuando le pregunto por el momento en que pensó en viajar juntos, no duda: "Fue casi una decisión natural. Sabía que con Lachie iba a poder hacer cualquier cosa".
De dos semanas a tres meses
La idea original era una escapada corta. Un viaje de dos semanas, apenas. Hasta que apareció una oferta de vuelta al mundo con varias escalas. La compraron sin pensarlo demasiado. El itinerario terminó incluyendo Hong Kong, Italia, Austria, Suiza, Países Bajos, Francia, España, Brasil y Sudáfrica. Todo en tres meses. Todo con una silla de ruedas.
- En Hong Kong, Lachie cargó a Fletcher en la espalda para subir los 268 escalones del Gran Buda. "Fue surrealista", dicen.
- En Suiza, una familia que los seguía por redes los invitó a quedarse en su casa sin conocerlos.
- En Francia se alojaron en la granja de ovejas de un conocido y pasaron una noche en una capilla del siglo X cerca de Niza.
- En Brasil recorrieron la selva en cuatriciclo.
- En Sudáfrica hicieron safari, bucearon con tiburones y volaron en parapente.
La logística no siempre fue fácil. Algunos lugares directamente no estaban preparados para una silla de ruedas y hubo que buscar rutas alternativas, cambiar hoteles sobre la marcha o, como en Hong Kong, resolverlo a fuerza de brazos. "Puede requerir un poco más de planificación y a veces las cosas tardan más, pero encontramos la manera de que casi todo funcione", explica Fletcher. Lachie completa: "Nunca fue un problema de ganas. Fue, a lo sumo, un problema de logística".
El lema que se volvió bandera
Al principio financiaron el viaje con ahorros propios. Cuando empezaron a publicar videos en redes, la respuesta fue tan grande que una campaña de micromecenazgo les dio el margen para ser más espontáneos. El alojamiento también se resolvió en gran parte gracias a la gente que los contactaba para ofrecerles un cuarto, una casa, una cena. El lema que eligieron resume la filosofía de todo el recorrido: "El mundo no es accesible, nosotros lo somos".
“El mundo no es accesible, nosotros lo somos.”Fletcher Crowley y Lachie Bennett
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