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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

La trampa del agotamiento que se camufla de rutina: cuándo sospechar que el estrés ya se cronificó

Dormir mal, perder el hilo de una frase o explotar por nada suelen verse como males menores. Especialistas y estudios recientes marcan la línea que separa una semana pesada de un desgaste sostenido que pasa inadvertido.

FC
Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana · · lectura 3 min
La trampa del agotamiento que se camufla de rutina: cuándo sospechar que el estrés ya se cronificó

Acá, en la redacción, uno se cruza seguido con gente que llega con dos cafés encima y te dice, casi como pidiendo permiso, que está destruida. Lo dice sonriendo, como si confesara un vicio menor. Pero cuando te sentás a charlar con calma, aparece el dibujo completo: noches cortadas, olvidos que antes no existían, una irritabilidad que asusta porque antes no estaba. Esa mezcla, que parece un cúmulo de malas semanas, puede ser otra cosa. Y de eso va esta nota.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos llevan años advirtiendo algo que muchos subestiman: el estrés sostenido en el tiempo no se queda en la cabeza. Afecta el sueño, la concentración, el ánimo y hasta la capacidad de tomar decisiones simples. El problema es que casi nunca llega como un paquete cerrado. Va de a poco, en señales sueltas, y por eso cuesta verlo.

Señales que aparecen desperdigadas

Una persona se despierta a las tres de la mañana sin motivo aparente. Otra pierde el hilo de lo que iba a decir a mitad de una frase. Una tercera reacciona con una intensidad desmedida ante un contratiempo menor, como un mensaje sin responder o un trámite que se demora. Tomadas de a una, parecen cosas de la vida. Juntas, empiezan a dibujar un patrón. Una revisión publicada en 2025 en la revista Frontiers in Psychology, que45 revisiones y más de 2.000 estudios, encontró que las alteraciones del sueño y los problemas cognitivos —sobre todo en atención, memoria y funciones ejecutivas— aparecen de manera consistente en cuadros de estrés crónico. Otro estudio, publicado en 2024 en Neurobiology of Stress, señaló que la exposición prolongada puede afectar la memoria de trabajo, la flexibilidad cognitiva y el control de la conducta.

“El problema surge cuando la respuesta de estrés no logra apagarse. En ese punto, el cerebro deja de administrar bien recursos básicos: organizar, recordar, priorizar y responder con calma se vuelven tareas que consumen más energía que antes.”Leah Doane, profesora de Psicología de Arizona State University
  • Dormir peor sin una causa médica clara, con despertares nocturnos o sueño fragmentado.
  • Olvidar tareas simples o perder el hilo de una conversación con frecuencia.
  • Irritarse de manera desproporcionada ante situaciones que antes no afectaban.
  • Sentir cansancio aun habiendo descansado, como si el cuerpo no se recuperara.
  • Dificultad para tomar decisiones o para priorizar lo urgente.

Lo más engañoso de este cuadro es que la rutina puede seguir en pie. Alguien sigue llegando a tiempo al trabajo, sigue respondiendo mensajes, sigue cumpliendo compromisos. Por afuera, todo parece normal. Por adentro, convive con un sueño roto y una tolerancia a la frustración que se viene achicando. En los espacios de bienestar circula un término que sirve para ordenar lo que pasa: el llamado modo supervivencia. No es un diagnóstico clínico, no aparece en los manuales de psiquiatría, pero describe con bastante precisión ese estado de alerta permanente en el que el cuerpo opera como si estuviera en peligro, aun cuando no lo esté.

María Laura, administrativa en Once, me lo resumió el otro día mientras esperaba el subte: “Yo sigo funcionando, hago todo lo que tengo que hacer, pero siento que estoy corriendo con el freno de mano puesto. Y a la noche me acuesto y no puedo parar la cabeza”. Su relato es el de miles. No se trata de una semana pesada, que también existe y se supera. Se trata de un cansancio que no se explica por lo que se hizo, sino por cómo se está viviendo. Y la diferencia entre una cosa y la otra, como me insistió una médica clínica del barrio de Belgrano con la que hablé este viernes, es justo lo que hay que aprender a distinguir antes de que el cuerpo termine cobrando la factura.

FC
Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana

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