La taza humeante y la paradoja del calor que se va con el sudor
En pleno verano, un profesor inglés explica por qué un té bien caliente puede terminar refrescando, siempre y cuando el aire seco y una corriente ayuden a evaporar la transpiración; la hidratación, dice, sigue siendo lo central.
Acá en Buenos Aires, cuando el termómetro se empecina en pasarse de los treinta y pico, uno suele agarrar la jarra de agua fría casi por reflejo, convencido de que cualquier líquido tibio es una locura en medio de la siesta. Pero la idea de que una bebida caliente puede, en ciertas condiciones, terminar enfriando el cuerpo no es un capricho de los que toman mate a las tres de la tarde con cuarenta grados a la sombra: es lo que sostiene John Tregoning, un profesor especializado en bienestar que viene investigando hace años cómo reacciona nuestro cuerpo frente a distintos estímulos cotidianos.
La clave de la paradoja está en una palabra que escuchamos desde chicos: el sudor. Cuando uno se toma un té hirviendo o un café bien cargado en un ambiente seco y con algo de brisa, el líquido incorpora calor al organismo, eso es cierto, y a la vez le pide al cuerpo que reaccione sudando un poco más. Ese sudor extra, si logra evaporarse, se lleva consigo una cantidad interesante de energía térmica y entonces la sensación termina siendo de alivio, no de ahogo.
Cuando el aire no ayuda, la taza caliente se vuelve una mala idea
El problema aparece cuando esa misma taza humeante la tomamos adentro de una habitación cerrada, con humedad a tope y sin una corriente de aire que mueva las cosas. En ese escenario, que en la ciudad es más común de lo que uno quisiera, el sudor no se evapora, se queda pegado a la piel, empapa la remera, chorrea por la espalda, y entonces el calor que sumamos con la bebida se queda adentro sin contrapeso, como bien me lo señaló Marta, vecina de San Telmo, mientras esperaba el colectivo bajo el sol: "Yo en casa no tomo nada caliente ni loca, porque siento que me cocina por dentro".
La diferencia, según lo que explica Tregoning, se entiende si uno mira dos procesos al mismo tiempo: el calor que entra con la bebida y el calor que sale por la piel cuando el agua del sudor se transforma en vapor. Si el entorno permite que esa evaporación ocurra, el balance es favorable y la infusión termina refrescando; si el aire está cargado de vapor y no circula, el balance se da vuelta y lo que parecía una ayuda se convierte en un problema.
Lo importante no es la temperatura del vaso, sino tomar líquido seguido
Para Tregoning, la discusión entre bebida fría y bebida caliente en realidad es secundaria frente a una cuestión mucho más simple y a la vez más postergada: la hidratación. El cuerpo necesita reponer líquido de manera frecuente durante los días de calor, sin importar si lo que tenemos en la mano es un vaso con hielo, una limonada a temperatura ambiente o un té bien caliente, porque lo que marca la diferencia es la constancia y no tanto los grados del termo.
“La temperatura de la taza tiene un papel secundario frente a la hidratación y las condiciones del ambiente.”John Tregoning, profesor especializado en bienestar
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