La receta para defender la memoria se cocina entre todos: qué se discutió en Buenos Aires sobre cómo esquivar la demencia
Especialistas de once países analizaron en la ciudad los resultados del estudio LatAm-FINGERS, que durante dos años siguió a más de mil mayores y comprobó mejoras en sus capacidades cognitivas. La alimentación, el movimiento, los vínculos y el cuidado del corazón aparecen como aliados de una misma estrategia.
La esquina de siempre, en pleno centro porteño, se llenó esta semana de batas blancas y carpetas con estadísticas, pero el tema que se discutió adentro tenía más que ver con la mesa familiar que con un laboratorio. En un encuentro internacional organizado en Buenos Aires, especialistas en neurología, nutrición y salud pública repasaron los hallazgos de LatAm-FINGERS, un ensayo clínico que durante dos años acompañó a 1.065 personas mayores de once países de la región con una idea fuerza: que la demencia no se enfrenta con un solo fármaco, sino con un menú de hábitos sostenidos en el tiempo.
Cinco patas para una misma mesa
La propuesta que se puso bajo la lupa en el encuentro argentino es bien concreta y, a la vez, bastante ambiciosa. Reúne cinco ejes que, según los especialistas, se retroalimentan entre sí: la alimentación saludable, la actividad física regular, los estímulos cognitivos (como aprender algo nuevo o ejercitar la memoria), los vínculos sociales y el control de los factores de riesgo cardiovascular, empezando por la presión arterial, la glucosa y el colesterol. La idea es que ninguno de esos puntos alcanza por sí solo: la protección aparece cuando se sostienen juntos, como una rutina.
“La clave consiste en sostener el principio de la intervención sin ignorar las diferencias culturales y sociales.”Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de FLENI e investigadora principal de LatAm-FINGERS
- El 80% de los participantes mantuvo una adhesión moderada o alta al programa a lo largo de los dos años.
- El 84,9% completó la evaluación final del estudio.
- Se registró una mejora de la cognición global entre quienes siguieron la intervención más estructurada, con actividades organizadas y contacto frecuente con los equipos de salud.
- El otro grupo recibió recomendaciones para incorporar los hábitos con mayor autonomía y también contó con orientación preventiva.
- Los participantes tenían entre 60 y 77 años y provenían de once países de la región, lo que permitió medir cómo se adaptan las recomendaciones a contextos muy distintos.
Acá, donde el tango suena en cualquier esquina y la milanesa con puré sigue reinando en la mesa de los domingos, adaptar el consejo a la realidad de cada barrio fue una de las obsesiones del equipo. Crivelli contó que las propuestas alimentarias y la organización de las actividades se ajustaron a los recursos y las costumbres de cada comunidad. No se trataba de importar una dieta nórdica ni una rutina de gimnasio imposible, sino de encontrar equivalentes locales: lo que en un país andino podía ser caminatas por la montaña, en una ciudad pampeana se traducía en talleres de memoria en el centro de jubilados.
El corazón como termómetro del cerebro fue otro de los ejes que más se escucharon en las mesas de trabajo. La hipertensión, la diabetes, el tabaquismo y el colesterol elevado dañan los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro, y con los años ese deterioro se traduce en problemas de memoria, atención y razonamiento. Por eso la evaluación médica periódica se integra a la estrategia preventiva con la misma fuerza que un buen plato de lentejas o una partida de cartas con los amigos: porque cuidar el corazón es, en definitiva, cuidar la cabeza.
Los especialistas aclararon que estos resultados no significan que una rutina saludable garantice evitar la demencia. El envejecimiento cognitivo tiene múltiples causas y muchos factores que todavía escapan a la ciencia. Lo que sí muestra el estudio, dijeron, es que hay márgenes reales de prevención posible, y que esos márgenes se agrandan cuando la estrategia se comparte: cuando un médico controla la presión, una cocinera piensa un menú rico y sano, un profesor de gimnasia adapta un ejercicio y un vecino abre la puerta de su casa para que nadie esté solo. Como repite María, chaqueña de 72 años que participó del programa y a la que le gusta que la llamen por el apodo de toda la vida: mientras uno pueda moverse, aprender y querer a alguien, la cabeza todavía tiene viaje por delante.
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