La jubilación mínima no alcanza ni para los remedios: la canasta de los adultos mayores trepó a más de dos millones de pesos
Medicamentos, salud, alimentos y vivienda concentran casi dos tercios del presupuesto que necesita una persona mayor para vivir un mes en la Argentina. La Defensoría de la Tercera Edad midió $2.090.646 en octubre, contra una jubilación mínima que, aun con bono, ronda los $505.748.
Salgo a recorrer las calles del interior y el termómetro social se mide, en estas semanas, en la góndola de la farmacia más que en la verdulería. El dato que llegó desde la Defensoría de la Tercera Edad y la Sociedad Iberoamericana de Geriatría y Gerontología golpea de lleno a los jubilados: la canasta básica para un adulto mayor alcanzó en octubre los $2.090.646, mientras que la jubilación mínima, con el bono extraordinario incluido, apenas si roza los $505.748. La diferencia no deja margen: el haber más bajo del sistema cubre menos de una cuarta parte de lo que cuesta, según esa medición, vivir un mes siendo persona mayor en la Argentina.
Tres rubros que se comen casi todo el mes
El informe, que releva consumos en la Ciudad de Buenos Aires, el conurbano bonaerense, Córdoba, Rosario y Mendoza, pone números concretos sobre los gastos que más pesan. Medicamentos y atención de la salud encabezan el listado con $518.708 mensuales, una cifra que, mirado en frío, ya supera por sí sola el haber mínimo con bono. Le siguen los alimentos, con $457.742, y la vivienda, con $364.969. Entre los tres concentran $1.341.419, alrededor de dos tercios del total de la canasta. Son, en la práctica, las tres puertas por las que se va el ingreso de cualquier jubilado que intente vivir con lo que le deposita la ANSES.
“Yo lo veo en el pueblo: los abuelos ya no preguntan cuánto sale el kilo de pan, preguntan cuánto sale el blíster de la pastilla para la presión. La jubilación no llega ni a cubrir los remedios, y lo demás se va en luz, gas y alguna cuota.”Ricardo, productor de Tres Arroyos
El cálculo de la Defensoría no es un número lanzado al azar: toma como referencia las pautas de la canasta familiar del INDEC y repondera los gastos según lo que efectivamente consume una persona mayor. En salud, por ejemplo, contempla distintos medicamentos y los descuentos que aplican las farmacias según la obra social de cada beneficiario. En vivienda, la estimación abre el abanico e incluye tanto a quienes son propietarios y pagan expensas y servicios, como a quienes alquilan o viven en una pensión, una variable que pesa fuerte en las grandes ciudades del interior.
- Medicamentos y salud: $518.708
- Alimentos: $457.742
- Vivienda: $364.969
- Total de la canasta: $2.090.646
- Jubilación mínima con bono: $505.748
- Pensiones No Contributivas por Invalidez y Vejez: $375.023
- Pensión Universal para el Adulto Mayor con bono: $418.598
- Variación interanual: 38%
- Variación desde marzo: 14,58%
La fotografía se completa con las otras prestaciones que paga el Estado. La Pensión No Contributiva por Invalidez y Vejez se ubica en $375.023, y la Pensión Universal para el Adulto Mayor llega a $418.598 con el refuerzo. Las dos quedan por debajo, incluso, del rubro medicamentos y salud, lo que describe con una claridad brutal el lugar al que llegó la política previsional: ni siquiera los ítems más críticos del mes encuentran respaldo en los ingresos formales de los adultos mayores más vulnerables.
La comparación contra mediciones anteriores también habla. La misma canasta estaba en $1.514.074 en octubre del año pasado, lo que implica un salto del 38% en doce meses, muy por encima de cualquier pauta de recomposición salarial que haya tenido el sector. Frente al registro de marzo, la suba fue del 14,58% en apenas siete meses, un ritmo que vuelve imposible cualquier estrategia de ajuste por dentro del hogar. Del surco a la góndola, los precios se actualizan a un ritmo que los haberes no pueden seguir, y el Estado, mientras tanto, todavía no resolvió cómo cerrar esa brecha: ni con bonos que se licúan al mes siguiente, ni con una recomposición de fondo que vuelva a poner la jubilación mínima cerca de la línea de la dignidad.
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