La infancia que cada hermano recuerda: por qué dos memorias de la misma casa pueden no parecerse
Crecer bajo el mismo techo no asegura haber compartido la misma experiencia. La edad de los padres, su historia personal y el lugar que cada hijo ocupa dentro de la familia moldean recuerdos que, con los años, suelen entrar en colisión.
Acá, en esta ciudad donde uno se cruza con un conocido cada dos cuadras y donde la familia termina siendo una especie de institución con reglamento propio, hay una pregunta que aparece tarde o temprano en casi todas las mesas de los domingos: por qué mi hermano y yo recordamos la infancia de maneras tan distintas. No es un capricho ni una disputa por quién tuvo la infancia más difícil. Hay razones concretas, y entenderlas puede aliviar más de un conflicto que arrastramos desde la adultez.
La psicóloga Ana Paula Rivadero lo explica con una idea que, a mí, me cambió bastante la manera de mirar las cosas dentro de mi propia familia: los padres no son exactamente los mismos con cada hijo. Ellos también cambian, atraviesan duelos, crisis, separaciones, dificultades económicas, cambios laborales y transformaciones en la pareja. Un padre o una madre de 25 años no es la misma persona a los 40, ni a los 50. Entre medio puede haber habido un duelo, una mudanza, una crisis económica, un problema de salud o un cambio de trabajo. Cada hijo, entonces, nace en un momento distinto de esa historia y conoce una versión distinta de quienes lo criaron.
El lugar de cada uno en la familia
A eso se suma algo más sutil: el rol que cada chico ocupa desde muy pequeño en la dinámica familiar. Desde temprano suelen aparecer papeles bastante fijos, como el responsable, el sensible, el que necesita ayuda, el exitoso o el rebelde. Esas etiquetas, muchas veces puestas sin malas intenciones, tiñen la experiencia cotidiana y la manera en que cada uno procesa lo que le toca vivir.
Un estudio publicado en la revista The Journals of Gerontology entrevistó a 1.369 adultos de 498 familias y encontró que la mayoría de los hermanos criados en el mismo hogar recuerdan de manera diferente el vínculo con sus padres durante la infancia, especialmente en lo referido al afecto recibido, la disciplina y los conflictos. Los investigadores hallaron diferencias marcadas, por ejemplo, en cómo se percibía el calor afectivo de uno y otro progenitor, un dato que suele sorprender cuando aflora en una sobremesa.
- Los padres cambian con el tiempo y cada hijo conoce una versión distinta de ellos según el momento en que nació.
- El lugar que ocupa cada hermano en la familia responsable, sensible, rebelde tiñe cómo vive y recuerda la infancia.
- El contexto económico, la salud y la pareja de los padres varían de un hijo a otro, y eso modifica la vida cotidiana.
- Un estudio con más de 1.300 adultos confirmó que la mayoría de los hermanos recuerda de forma diferente el afecto y la disciplina.
- En la adultez, comparar recuerdos puede abrir un conflicto si se busca quién tiene razón en lugar de qué significa cada recuerdo.
Las diferencias suelen hacerse más visibles cuando los hermanos son grandes y se ponen a comparar recuerdos. Ahí aparece la frase que casi todos nos decimos alguna vez: pero a mí me pasaba tal cosa, ¿cómo no te acordás de eso. Rivadero advierte que intentar determinar quién tiene razón pocas veces resuelve algo. Sería más productivo abandonar la pregunta de cuál de los dos recuerda correctamente y preguntarse, en cambio, qué significa para cada uno aquello que recuerda. El conflicto, dice la especialista, no surge de que uno mienta y el otro diga la verdad, sino de que ambos vivieron experiencias genuinamente distintas a partir de los mismos hechos.
“No hay simplemente una infancia que cada uno recuerda de manera más o menos fiel. Hay distintas construcciones de una misma realidad familiar.”Ana Paula Rivadero, psicóloga
Mi vecina Marta, que vive a la vuelta de casa en el barrio de Belgrano y tiene tres hermanos, me lo resumió una tarde mientras tomábamos mate en la puerta: siempre discutimos por las vacaciones en la casa del abuelo, dice, mi hermana mayor se acuerda de una familia unida, yo me acuerdo de peleas constantes y mi hermano menor, que era el más chico, se acuerda de otra cosa casi sin relación con lo nuestro. Son tres memorias distintas para el mismo lugar y las mismas fechas. Cuando dejó de pelear por quién tenía razón, me dijo, pudo empezar a entender que cada uno había vivido una parte diferente de esa historia común. Y eso, en criollo, fue un alivio.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Nodo San Luis