La IA no piensa: hace cosas por nosotros mejor que nosotros y eso ya es un quilombo
Luciano Floridi, el filósofo que inventó la filosofía de la información, pasa por Buenos Aires y deja una idea clara: la inteligencia artificial no entiende nada, actúa sin mente, y por eso el debate no es si nos va a superar sino cómo la usamos sin perder el juicio propio.
El martes pasado le pedí a una app de mapas que me llevara a una entrevista en Palermo. Me dejó en la puerta de un estacionamiento tres horas antes. Mientras esperaba, leyendo el celular, me topé con una entrevista a Luciano Floridi en Infobae que me hizo sentir menos solo en mi ignorancia: no soy yo, son las máquinas, que hacen cosas por nosotros mejor que nosotros y sin tener la menor idea de lo que hacen.
Floridi es un filósofo italiano que dirige el Digital Ethics Center de la Universidad de Yale. Hace poco estuvo en Buenos Aires y dejó conceptos que vale la pena masticar despacio, porque van a definir cómo nos relacionamos con la tecnología en los próximos años. La base de todo es una distinción simple y demoledora: la inteligencia artificial no es inteligencia.
No piensa, actúa: eso es agencia artificial
Cuando Floridi habla de IA no piensa en una mente electrónica ni en un cerebro de silicio. Piensa en agencia artificial, es decir, sistemas que producen efectos reales en el mundo sin comprender una sola palabra de lo que están haciendo. Para graficarlo, usa una fórmula que repite hasta el cansancio: hace cosas por nosotros, en lugar de nosotros, mejor que nosotros.
¿Y por qué importa esa diferencia? Porque cambia la pregunta del millón. Si la IA fuera inteligente, el debate sería si puede superarnos o no. Como en realidad no entiende nada, el debate se corre de foco: ya no se discute si nos va a ganar, sino cómo la incorporamos sin entregarle el volante de nuestra vida.
La cuarta revolución intelectual: dejar de ser el centro
Floridi enmarca lo que estamos viviendo como la cuarta gran revolución intelectual de la humanidad, una por cada sacudida que nos sacó del centro del orgullo humano:
- Copérnico: la Tierra deja de ser el centro del universo.
- Darwin: la especie humana deja de ser el centro de los seres vivos.
- Freud: el yo deja de ser el centro de nuestra propia mente.
- Turing, via Floridi: el ser humano deja de ser el centro de la esfera de la información.
Esa pérdida de protagonismo no es una derrota, insiste el filósofo. Es, si se quiere ver así, una señal de madurez. Una humanidad adulta se entiende al servicio del prójimo, del ambiente y de las generaciones que vienen, y no como dueña absoluta del universo. La tecnología no pasa a ocupar el trono que dejó vacante el ser humano: lo que cambia es la forma en que nos contamos quiénes somos.
Frenar la IA no sirve: el plan es otro
De este razonamiento sale una conclusión práctica, casi de manual de bolsillo. Pedir que se frene la inteligencia artificial no tiene el menor sentido. Lo que tiene sentido es entender bien qué es, sumarla al trabajo con criterio y, sobre todo, no cederle el juicio propio. Suena a perogrullada, pero ahí está la madre del problema.
Floridi fundó en los años noventa la filosofía de la información, una disciplina que estudia la información como objeto y no solo como herramienta. Desde ahí propone el andamiaje conceptual para integrar la IA sin que nos arrolle. La idea de fondo es que el conocimiento técnico sin pensamiento crítico es un auto sin freno.
Un ejemplo reciente le da la razón en la práctica, aunque él no lo use para eso: la multa millonaria que Meta pagó en Estados Unidos por prácticas engañosas vinculadas a la IA demuestra que cuando se usa esta agencia artificial sin criterio, el costo lo pagan los usuarios y después, en dólares, la empresa. Es decir, primero nos pasamos de vivos y después pagamos el pato. No es muy distinto a lo que me pasó con el GPS, pero con más plata en juego.
“Actúa, se comporta, aunque no tenga mente, ni entendimiento, ni conciencia. Hace cosas por nosotros, en lugar de nosotros, mejor que nosotros.”Luciano Floridi
Mi propio consejo, después del golpe de Palermo y de leer a Floridi, es bien terrateniente: tratá a la IA como tratás al auto. Manos al volante siempre, ojos en la ruta y cero confianza en el GPS cuando te manda a un estacionamiento que no pediste. La máquina hace cosas por nosotros mejor que nosotros, de acuerdo, pero el que se come el garaje soy yo.
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