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DOM, 18 OCT 2026
Tecnología

La IA en la escuela no viene a salvar a nadie: viene a profundizar la grieta

Un investigador de Londres pone el grito en el cielo: usar inteligencia artificial para tapar la falta de docentes es, directamente, dinamitar la educación.

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Iván GuiñazúTecnología · · lectura 5 min
La IA en la escuela no viene a salvar a nadie: viene a profundizar la grieta

Abrí el cuaderno de mi hija y casi se me caen las lágrimas. No por emoción, sino por espanto: la maestra le había pedido un trabajo con una herramienta de inteligencia artificial (o IA, esos programas que contestan lo que les preguntás) y el resultado era un texto impecable, sin una coma fuera de lugar, y también sin una idea propia. En casa no lo notamos porque el pibe viene aplicando el método copy-paste con destreza desde los ocho años. Pero el punto es otro: ¿de verdad creemos que esto es enseñar?

Eso mismo se preguntó Wayne Holmes, un tipo que investiga hace rato cómo la IA se mete en las aulas desde el UCL Knowledge Lab, un laboratorio de la University College London dedicado a estudiar educación y tecnología. Y la respuesta que dio, en una entrevista reciente, es bastante menos esperanzadora que los videos institucionales que mandan los ministerios.

La calculadora y la IA no son lo mismo

Hay un argumento muy lindo que repite todo el mundo y que Holmes mandó a guardar al placard. La comparación con la calculadora. "Con una calculadora, si apretás los botones correctos en el orden correcto, obtenés la respuesta correcta siempre", dijo el investigador, casi con resignación de profesor que escucha la misma excusa por centésima vez.

El tema es que la IA generativa, es decir, esos sistemas que escriben, hablan o dibujan a pedido, funcionan distinto. Vos le hacés una pregunta y te contestan, sí. Pero a veces contestan cualquier verdura. Y lo peor: muchas veces no podés distinguir cuándo te la cantan clara y cuándo te están mintiendo con cara de angelito. Eso, en un aula, es un problema. En una operación de corazón, sería un desastre. Y en una formación docente, también.

La brecha que nadie quiere ver

Acá es donde la cosa se pone seria y deja de ser un debate de geek. Holmes señaló una paradoja que a mí, criado en un país donde la educación es un mapa de desigualdades, me suena conocida hasta los huesos.

Las escuelas de pedigree, las carísimas, las que llenan las propagandas con chicos sonrientes y edificios dignos de una película, no se venden por tener la última notebook. Se venden por tener buenos docentes. En cambio, en los barrios donde faltan maestros, donde los sueldos no alcanzan, donde la tarea se hace imposible, ahí aparece la IA como la gran solución. Como si un software pudiera reemplazar a alguien que enseña, que contiene, que contiene a cuarenta pibes en un aula sin calefacción.

“Si esa brecha aumenta, debilitamos la democracia para todos.”Wayne Holmes

¿Escuchó, señora funcionaria? Donde falta Estado, aparece el algoritmo. Y no es que esté en contra de la tecnología. Al contrario: uso el celular todo el día y encima todavía le encuentro sentido. Pero confundir una herramienta con un maestro es como confundir un guardapolvo con un docente. Se parecen, pero uno no da clases.

El peligro del pensamiento único

Hay otro costado que Holmes señala y que me parece de manual. La IA generativa no piensa: predice. Elige la palabra más probable en base a un montón de textos que leyó antes. ¿Y qué pasa con las ideas minoritarias, con los enfoques críticos, con las voces disidentes? Quedan afuera. La IA repite lo que ya está repetido.

El propio Holmes lo probó: le preguntó a distintas herramientas sobre los problemas del aprendizaje personalizado, una modalidad que adapta el ritmo de la clase a cada alumno. Todas, absolutamente todas, le dijeron que el único inconveniente era lo difícil que era implementarlo. Ni una sola se preguntó si el enfoque realmente funcionaba. ¿Por qué? Porque en los textos con los que se entrenaron, la idea dominante es que el aprendizaje personalizado es maravilloso. Punto. Chau debate.

Si te parece un detalle menor, probá pedirle a una de estas IAs una crítica al modelo económico que más les gusta a los CEOs de las tecnológicas que las fabrican. Vas a ver.

El hombre, si tuviera que armar una escuela

Cuando le preguntaron cómo usaría la IA si le tocara armar una escuela desde cero, Holmes fue taxativo: no metería ninguna de las herramientas actuales. Punto. La nota lo dejó ahí, interrumpido, pero la frase ya alcanza.

Desde acá, modestamente, me animo a completar lo que el entrevistador debería haberle preguntado: ¿entonces qué hacemos, tiramos las notebooks a la pileta? No, señor Holmes, no. Pero antes de gastar fortunas en licencias y capacitaciones exprés, miremos el aula real. La del pibe que no come antes de entrar, la del docente que cobra tarde, la del edificio con goteras. Esa es la que necesita inversión. Y si sobra algo, ahí sí, charlemos sobre IA con los pibes, aprendamos a usarla, critiquémosla. Pero no la dejemos hacer de maestra suplente en un sistema que ya viene dejando a los chicos a la deriva.

Qué hacer si te toca como padre o docente

Porque acá no se trata de tenerle miedo a la tecnología, sino de usarla con la cabeza puesta. Algunos tips que dejo, sobre todo para colegas que estén en el aula:

  • Nunca uses la IA como reemplazo del docente: usala como apoyo del docente.
  • Antes de pedirle un texto a un sistema, verificá la respuesta con dos o tres fuentes externas.
  • Preguntale a la herramienta lo que no dice: ¿qué postura críticas sobre este tema?
  • En el aula, priorizá enseñar a pensar, no a copiar respuestas.
  • Si notás que una escuela usa la IA para suplir falta de docentes, exigí la presencia de docentes.
  • Invertí en formación docente antes que en licencias de software.

Yo soy el primero que se pasa la vida diciendo que la tecnología nos puede salvar. Después se me cuelga el Wi-Fi y me acuerdo de que no es así. La IA es una herramienta potentísima, sí. Pero una herramienta al servicio de alguien que sabe qué hacer con ella. No al servicio de la desidia estatal, ni del marketing de las empresas, ni del copy-paste adolescente. Lo demás, como diría mi vieja, es pan para hoy y hambre para mañana.

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Iván GuiñazúTecnología

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