La IA en la escuela: ni vicio sagrado ni atajo infalible, el punto medio es el que aprueba
Un relevamiento de PISA sobre más de cuarenta países muestra que los alumnos que usan chatbots con moderación les fue mejor en ciencias que a los que los usan siempre o casi nunca. La diferencia la marca el para qué, no el cuánto.
A mi hija le pedí que me resumiera un texto de cien páginas para una reunión de cooperadora. Lo hizo con un chatbot en veinte segundos. El resumen era brillante, con una prosa que ya quisiera yo para esta columna. El problema llegó cuando le pregunté un detalle puntual del capítulo cuatro: me miró con cara de póker. Ahí entendí que el asunto no es si la herramienta funciona, sino cómo la usás. Spoiler: usarla como piloto automático te puede salir caro.
El último informe del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes, más conocido por sus siglas PISA, que es como el Mundial de los exámenes pero sin camisetas ni hinchada, puso la lupa sobre el uso de inteligencia artificial en las aulas. La muestra abarcó a estudiantes de más de cuarenta países, entre ellos los que integran la OCDE, esa mesa chica de naciones ricas donde Argentina suele figurar más por compromiso que por presupuesto.
El número que abre todo
El 86% de los alumnos de países OCDE usó algún chatbot de IA al menos una vez para una tarea escolar durante el período relevado. Traducido al barrio: casi todos los chicos le pidieron algo a la máquina. La pregunta de fondo, entonces, dejó de ser si la usan y pasó a ser cómo la usan. Y ahí es donde el informe encuentra el dato más jugoso.
El grupo que mejor rindió en ciencias no fue el de los usuarios intensivos ni el de los abstemios digitales. Fue el del medio: los que la usaron con moderación, con un objetivo puntual y sin delegarles la tarea entera. La ventaja se notó sobre todo en dos prácticas concretas: pedirle a la IA que resumiera una lectura larga y usarla para investigar un tema nuevo antes de meterse de lleno en el material.
- Uno de cada cinco estudiantes usa chatbots de IA de forma casi cotidiana para tareas escolares.
- Ese grupo intensivo obtuvo, en promedio, calificaciones más bajas en ciencias que quienes directamente no los usan.
- El círculo vicioso: a menor lectura crítica, más cuesta darse cuenta cuando la respuesta de la IA es incompleta o directamente errónea.
- Delegar siempre el resumen y el razonamiento en la herramienta reduce las oportunidades de practicar esas mismas habilidades.
Lo que dice la OCDE, sin vueltas
“El uso moderado e intencional de la IA para las tareas escolares y el aprendizaje puede estar relacionado positivamente con el rendimiento estudiantil.”Informe PISA de la OCDE
La comparación que eligió el organismo es de esas que se entienden sin diccionario. Según el documento, ocurre lo mismo que con el deporte: no te ponés en forma mirando fútbol por tele, sino pateando la pelota. Traducido: aprender no es consumir contenido, es pelearse con material nuevo hasta que tu cabeza cede un poco. La IA puede ser tu sparring, pero si la dejás pelear por vos, perdés por puntos.
El dato de contexto ayuda a no caer en pánico moral. La caída en las calificaciones de lectura, matemática y ciencias que muestra PISA viene desde 2003, o sea mucho antes de que existiera ChatGPT, que arrancó en noviembre de 2022. La IA no inventó el problema; como mucho lo amplificó en una generación que ya venía cuesta abajo.
Mi conclusión, después de leer el informe y de haberme acordado varias veces de mi propia hija: dejá que la IA te ahorre el trabajo mecánico, pero reservate el trabajo fino. Pedile que te ordene un texto largo, que te traduzca una sigla rara, que te sugiera un ángulo para investigar. Pero no le entregues el razonamiento entero, porque lo que no ejercitás, se atrofia. Y atrofiado, no rinde: ni en ciencias ni en la vida.
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