La huerta de septiembre se integra al jardín y deja la cosecha a la vuelta de la ventana
Septiembre abre la puerta para combinar aromáticas perennes con cultivos de temporada en un mismo espacio, siempre que se piensen las alturas, el sol y el riego antes de sacar las primeras semillas a la tierra.
Acá, en este tramo del barrio donde todavía se siente el fresco de la mañana y el sol empieza a pegar más derecho, la primavera se nota en otra cosa: en la cantidad de vecinos que vuelven a mirar el fondo de la casa y se preguntan qué van a sembrar este año. La pregunta, claro, ya no es tan sencilla como antes, porque hoy la huerta dejó de ser ese rectángulo apartado detrás del galpón y pasó a convivir, en el mismo metro cuadrado, con el romero, con el laurel y hasta con las flores que tapan el tilde de la vista del tilde del ténder. De eso se trata el planteo que llega para septiembre: diseñar un espacio donde lo ornamental y lo comestible se mezclen sin pelearse, pero sin perder de vista que lo que termina en la mesa requiere cuidados distintos a los del resto del jardín.
Pensar el espacio antes de sembrar
Antes de elegir qué plantar, conviene pararse en el lugar y mirar cómo se va a usar. La huerta puede quedar integrada al paisaje general y ser parte de la vista desde una ventana, pero para que eso funcione el diseño tiene que contemplar tanto la cosecha como el tamaño que va a alcanzar cada especie a lo largo de los meses. También hay que dejar previstos los sectores que quedarán libres para conectar las distintas áreas, porque ninguna planta crece aislada y todo termina ocupando su lugar.
- Elegir un sitio que reciba al menos medio día de sol directo, identificando el norte para reconocer la zona con mayor asoleamiento en la Argentina.
- Tener una toma de agua cercana, ya que en primavera y verano se disparan la evaporación y la transpiración de las plantas.
- Combinar especies perennes con cultivos de temporada para ordenar el espacio y renovar parte de la vegetación año tras año.
- Distribuir alturas, formas y colores pensando en cómo se verá el conjunto desde la casa y desde la calle.
- Anticipar qué cultivos necesitarán protección, como redes para las frutillas, y ubicar esos sectores fuera del primer plano.
Perennes y de temporada, en el mismo cuadro
Una manera práctica de organizarse es mezclar vegetación que dura varios años con cultivos que se renuevan cada estación. El romero, el tomillo, el orégano y el laurel comestible le dan continuidad al conjunto y, de paso, quedan a mano para la cocina. Entre las opciones de siembra de septiembre aparecen el tomate, la albahaca, la berenjena, la lechuga y el pepino, que se pueden incorporar tanto desde semillas como desde plantines, según el tiempo que cada vecino tenga para esperar la primera cosecha.
A la hora de sumar verdes, la ubicación manda. Si la idea es armar un cerco para tapar una vista que no se quiere destacar, como el clásico ténder del fondo, el laurel comestible cumple ese rol y, además, queda a disposición para el guiso. Sobre un alambrado o una reja, el taco de reina aporta flores amarillas, anaranjadas o rojizas que renuevan el color del patio. La elección final depende de cuánto sol recibe cada sector y del lugar que la planta va a ocupar cuando crezca, porque lo que hoy parece un brote tímido en pocos meses puede tapar una ventana entera.
Compost, humus y productos aptos para comer
En el suelo o en macetas, el compost y el humus de lombriz ayudan a mejorar la estructura de la tierra y a sumar nutrientes, algo clave cuando se pretende sacar verduras de un cantero que también cumple función estética. El mantenimiento, además, tiene que contemplar que entre los arbustos van a crecer alimentos, y eso cambia las reglas del juego: los productos fitosanitarios que se usen en todo el sector, incluso sobre las plantas ornamentales cercanas, tienen que estar aprobados para cultivos comestibles, porque lo que se rocía en una hoja termina, tarde o temprano, en la mesa.
“Acá lo lindo es que la huerta ya no es un potrero aparte, va mezclada con el resto del jardín y uno la ve desde la cocina mientras toma un mate.”Estela, vecina de Villa Urquiza
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