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SÁB, 17 OCT 2026
Entretenimiento

La historia de amor que De Niro y Streep casi se pierden entre dos paquetes de Navidad

En 1984, dos de los actores más respetados de Hollywood se animaron a un registro íntimo y doloroso: dos adultos casados que se enamoran en el tren de Manhattan. Cuatro décadas después, la película vuelve a estar disponible y permite revisitar un título injustamente relegado.

CA
Celeste AlcarazCultura y espectáculos · · lectura 4 min
La historia de amor que De Niro y Streep casi se pierden entre dos paquetes de Navidad

Me imagino la escena: una librería de Manhattan en diciembre, adornos colgados, gente apurada eligiendo regalos a último momento. Robert De Niro, con cara de no querer estar ahí, y Meryl Streep, con esa cosa suya de parecer que siempre está pensando algo, se chocan y se llevan por error los paquetes del otro. Una pavada, un cruce de bolsas en la puerta. Pero cuando uno piensa en cuántas películas arrancan así, con un encuentro que parece accidente y termina sacudiendo la vida entera, se entiende por qué a esta en particular le siguen pasando factura.

El reencuentro en el vagón

Frank Raftis y Molly Gilmore se vuelven a ver meses después, en el viaje en tren que los dos hacen por costumbre. Empiezan a charlar, después a buscarse, después a faltarles el aire cuando el otro no está. Y acá aparece el quilombo: los dos están casados, los dos tienen hijos, los dos saben lo que les pasa y ninguno sabe bien qué hacer con eso. La película, escrita por Michael Cristofer y dirigida por Ulu Grosbard, no toma atajos. No los pinta como villinos ni los justifica. Los deja ahí, en la incomodidad de sentir algo fuera de lugar y tener que decidir qué hacer.

Lo que me gusta, y lo que me parece que la sostiene forty y pico de años después, es que el drama no está en el romance. Está en todo lo demás. Frank y Molly no pelean contra el mundo, pelean contra lo que ese vínculo nuevo los obliga a revisar: los compromisos que asumieron, las promesas que se hicieron en otra época, la pregunta de qué hacer cuando lo que sentís no coincide con lo que prometiste sentir para siempre. Son dos adultos grandes, con la vida armada, descubriéndose torpes frente a algo que los descoloca.

  • La librería donde se cruzan los paquetes, en pleno Manhattan, en medio de la vorágine navideña.
  • Los vagones del tren suburbano, transformados en territorio de confidencias y de silencios incómodos.
  • Los puntos de encuentro que se van sumando, como pistas de algo que los dos prefieren no nombrar demasiado alto.

La ciudad entera es parte del cuento. No hace falta un departamento de lujo ni una playa en el Caribe: alcanza con una librería, un andén, una ventanilla. Es una historia de rutina rota, de lugares comunes que dejan de ser comunes porque alguien entra a cambiarlos. Y en ese sentido, no cuesta nada entender por qué varios críticos de la época la compararon con Breve Encuentro, aquel clásico inglés de 1945 donde un romance imposible vivía también en escenarios mínimos, casi de diario.

Alrededor de la pareja central gira un elenco de lujo que siempre es garantía: Harvey Keitel, Dianne Wiest, Jane Kaczmarek y David Clennon, entre otros. Cada uno ocupa un casillero en el mapa de matrimonios y obligaciones que Frank y Molly tienen que redefinir. No están solos los protagonistas: están los amigos, los otros matrimonios, las cenas compartidas, las miradas que entienden más de lo que dicen. Es toda una red la que se mueve cuando algo así aparece.

En lo que hace a los números, la película tuvo una recepción bastante tibia. Box Office Mojo le computa poco más de once millones de dólares entre Estados Unidos y Canadá, con un arranque modesto de alrededor de dos millones trescientos mil. Roger Ebert le puso dos estrellas sobre cuatro y fue al hueso con el guion, aunque rescató momentos puntuales de la química entre los dos protagonistas. Algunos la defendieron con ganas, otros directamente la ningunearon. Lo concreto es que no fue un título que le cambiara la carrera a ninguno de los dos, pero sí es de esos films que conviene volver a mirar cada tanto.

La próxima oportunidad, para quien quiera desasnarse o reverla, es esta: la película acaba de quedar disponible otra vez en plataformas y ediciones especiales, y se cumplen los cuarenta y dos años de su estreno original. Quien se acerque hoy va a encontrar a un De Niro contenido, casi contenido, sin los estallidos que lo hicieron famoso, y a una Streep enorme en los silencios, capaz de mover todo el peso de una escena sin levantar la voz. Para mí, alcanza y sobra para dedicarle una de esas noches de manta y sillón, cuando uno está con ganas de ver a dos gigantes haciendo algo que, por una vez, no se parece en nada a sus personajes más célebres.

CA
Celeste AlcarazCultura y espectáculos

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