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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

La feria del libro que se plantó en Neuquén y ya va por la decimotercera: entre Borges, la memoria y el récord de visitas

El Museo Nacional de Bellas Artes abrió sus puertas este viernes con más de 100 stands, 600 actividades y la expectativa de superar las 250.000 visitas del año pasado. La cita se extiende hasta el 20 de septiembre con entrada libre.

FC
Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana · · lectura 4 min
La feria del libro que se plantó en Neuquén y ya va por la decimotercera: entre Borges, la memoria y el récord de visitas

Acá en Neuquén, el viento de septiembre siempre trae algo, y este año lo que trajo fue a los libros. El Museo Nacional de Bellas Artes, en pleno centro de la ciudad, amaneció convertido otra vez en una pequeña ciudad de stands, de lonas, de mesas prolijas donde las editoriales van apilando títulos y los autores firmanes sacan cuentas de a cuántos lectores van a ver la cara este finde. Yo llegué temprano y ya se notaba ese movimiento particular de las ferias del libro, esa mezcla rara de expectativa y de pasado de café que se va colando por los pasillos. La 13.ª edición de la Feria Internacional del Libro Marcelo Martín Berbel arrancó este viernes y se queda hasta el 20 de septiembre, con entrada libre y una grilla que promete mucho más que un paseo.

Lo que más me llamó la atención es el envión que viene tomando la propuesta. Este año hay más de 100 stands, alrededor de 600 actividades ya confirmadas y más de 200 escritores y escritoras anotados para participar de charlas, lecturas y presentaciones. Para que entren todos, la organización decidió abrir todos los auditorios a partir de las 15 y dejar la última exposición a las 21, un detalle logístico que no es menor si uno piensa en la cantidad de gente que se mueve por el museo cada jornada.

Memoria, Borges y el lema que ordena todo

El lema de esta edición es Libros que transforman una ciudad en movimiento, y los organizadores eligieron dos ejes para darle espesor. Por un lado, la memoria a 50 años del golpe de Estado de 1976, un tema que en la región sigue doliendo y que aparece en mesas, conversatorios y presentaciones. Por el otro, la figura de Jorge Luis Borges, a 40 años de su fallecimiento, que vuelve como una de esas obsesiones argentinas que nunca terminan de cerrarse.

  • Más de 100 stands editoriales distribuidos por el Museo Nacional de Bellas Artes
  • Cerca de 600 actividades confirmadas en la grilla oficial
  • Más de 200 escritores y escritoras participando
  • Auditorios abiertos de 15 a 21 para absorber toda la demanda
  • 10.000 estudiantes con visitas educativas guiadas reservadas
  • Libreros con domicilio fiscal en Neuquén acceden a stand sin costo
  • Autores neuquinos participan también de manera gratuita

Los números que ilusionan

La edición anterior cerró con 250.000 visitantes, una cifra que ya de por sí parece exagerada para una feria regional y que se convirtió en un piso a superar. Los organizadores son prudentes y prefieren no prometer, pero está claro que van por más. A eso se suma el costado educativo: 10.000 chicos y chicas de escuelas de Neuquén y la zona ya tienen reservado su turno para recorrer la feria con visitas guiadas, lo que garantiza una corriente constante de lectores jóvenes durante los días hábiles.

Otro punto que vale la pena destacar es el esfuerzo por no dejar afuera a los actores locales. Los libreros con domicilio fiscal en la ciudad acceden a un stand de manera gratuita, igual que los autores neuquinos, una política que apunta a sostener al sector editorial de la zona sin que el costo de participar termine siendo una barrera. En un país donde montar un stand en una feria grande suele ser un lujo, el gesto no pasa desapercibido.

Berbel, el nombre que sostiene la feria

La feria lleva desde hace rato el nombre de Marcelo Martín Berbel, ex subsecretario de Cultura de Neuquén que falleció en 2019, a los 44 años, y que fue el principal impulsor de que esta propuesta se instalara de manera permanente en la ciudad. Cada edición, los que lo conocieron y los que no terminan cruzándose en los pasillos del museo, como si el edificio se encargara de recordarlo. No es un detalle menor para entender por qué esta feria tiene el tono que tiene, entre profesional y muy pegada a la calle.

Yo me quedé dando vueltas por la explanada, mirando los stands recién armados y la fila de gente que ya buscaba la primera firma. Una vecina del barrio Alta Barda, que se llama Laura y va todos los años con sus dos hijas, me dijo mientras esperaba en la puerta que para ella la feria es una especie de ritual de arranque de primavera. Acá, me dijo, uno se cruza con los escritores como si fueran vecinos, y eso no pasa en cualquier lado. Si están pensando en ir este finde, armen la mochila, carguen el celu para la agenda y dense una vuelta por el museo: hay libro para rato.

FC
Facundo CamargoSociedad y vida cotidiana

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