La esquina de Mafalda: una postal con paciencia y una caminata que arranca en San Telmo
El cruce de Chile y Defensa se llenó de cámaras y de curiosos que van a buscar la foto con la nena de Quino. La visita puede enlazarse con la feria dominical, donde su cara aparece en cerámicas, mates y muñecas tejidas, y con otras estatuas que el barrio fue sumando con el tiempo.
Acá en la ciudad, cuando el domingo se asoma y la mañana todavía está fresca, hay una esquina que empieza a juntar gente antes de que abra la feria. Es la de Chile y Defensa, en pleno San Telmo, donde la estatua de Mafalda se convirtió en uno de esos puntos de encuentro que ya nadie necesita explicar: los que van a comprar antigüedades, los que pasean, los turistas con mapa en la mano y los vecinos de toda la vida terminan pasando por ahí, sacan una foto y siguen caminando. Yo mismo, cada vez que me toca cubrir el barrio, termino parado en esa vereda un rato largo, mirando cómo la nena de Quino sigue sumando cámaras alrededor.
La foto, la fila y el museo a cielo abierto
La escultura forma parte del Paseo de la Historieta, ese recorrido que el barrio fue armando con distintos personajes del cómic argentino, y es la parada más buscada por quienes quieren llevarse el retrato con Mafalda. Como la convocatoria es grande y todos quieren su toma, lo más sensato es tomárselo con calma: la cola para posar es parte del paisaje, no hay un tiempo de espera informado y conviene calcularlo al armar la caminata. La paciencia, en San Telmo, se camina como se camina el adoquinado.
- Llevar la cámara o el celular con batería cargada, porque la espera puede estirarse.
- Respetar la fila y los turnos para la foto, como en cualquier acto compartido.
- Aprovechar la espera para mirar la estatua de cerca y descubrir detalles que en la historieta a veces se pasan por alto.
- Combinar la parada con un recorrido por Defensa, donde los puestos ofrecen cerámicas, mates, cuadernos y muñecas tejidas con la imagen de Mafalda.
- Estar atento a las inscripciones en los recuerdos: hay objetos oficiales y otros que le adjudican frases que Quino no escribió, así que reconocer la cara no garantiza que el mensaje sea auténtico.
- Sumar al paseo otras estatuas instaladas por comercios de la zona, que ampliaron el universo del personaje en la misma calle.
La feria de los domingos, que se extiende a lo largo de Defensa, hace de marco natural para la visita. Entre los puestos de antigüedades y artesanías, la imagen de Mafalda aparece en distintos materiales y formatos, y uno se cruza con ella varias veces sin buscarlo: en una cerámica sobre una mesa, en un mate pintado a mano, en una muñeca tejida que alguien ofrece colgada. Esa repetición tiene algo de happening, como si el barrio hubiera decidido que la nena de Quino también es parte de su fauna callejera. Marta, vecina de San Telmo desde hace más de veinte años, lo dice con una mezcla de orgullo y fastidio: "Yo vengo a la feria desde siempre, pero ahora es otra cosa, hay gente de todos lados sacándose fotos con Mafalda, y a mí me da alegría y un poco de cansancio, porque el domingo ya no es el domingo de antes".
El personaje, además, no está solo. Quino fue sumando a lo largo de los años a Felipe, Manolito, Susanita, Miguelito, Guille y Libertad, un elenco que para el humorista gráfico Tute es uno de los rasgos más ricos de la obra, justamente por la complejidad de esas personalidades y por la manera en que las tiras incorporaron los temas del mundo. Caminar por San Telmo con Mafalda como punto de partida es, en ese sentido, una forma de entrar a ese universo sin apuro, dejándose llevar por la cuadra, los puestos y las estatuas que el barrio fue plantando con el tiempo. Como me dijo Marta antes de seguir perdiendo entre los toldos: "Mientras Mafalda siga acá, la gente va a venir, y mientras venga gente, este barrio va a tener movimiento".
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