La cosecha ya tiene reglas claras: los trabajadores rurales podrán conservar sus planes sociales hasta 2027
El Gobierno extendió por doce meses el régimen que compatibiliza empleo registrado en el campo con asignaciones familiares, la Tarjeta Alimentar y el programa Volver al Trabajo. La medida alcanza a unas 50.000 personas y garantiza que las asignaciones no queden por debajo de la AUH.
El cielo sobre el norte pampeano amaneció cubierto y con una llovizna fina que no alcanza a mojar los caminos, apenas suficiente para que el polvo se aplaque un rato en los lotes donde todavía quedan plantas de maíz esperando la entrada de las cosechadoras. Es el escenario clásico del final de una campaña que se hizo larga, con rindes de campo irregulares que en algunos lotes apenas superan los cuarenta quintales y en otros, los más trabajados, se acercan a los noventa. En este contexto, donde cada bolsa que sale del surco cuenta, la noticia que llegó esta semana al Boletín Oficial tiene una lectura muy concreta del surco a la góndola: unos 50.000 trabajadores rurales temporarios podrán compatibilizar durante los próximos doce meses su empleo registrado en las campañas agrícolas con los planes sociales que sostienen al resto del año a miles de familias del interior profundo.
Lo establece el Decreto 1204/2026, publicado esta semana, que prorrogó hasta el 1 de septiembre de 2027 un mecanismo que rige desde 2021 y que vino a resolver una de las decisiones más dolorosas que enfrentaban los hogares rurales cada vez que arrancaba una temporada de cosecha: aceptar un trabajo en blanco y arriesgar las asignaciones familiares, la Tarjeta Alimentar o el programa Volver al Trabajo, o rechazar la oferta formal para no perder esa red de contención que sostiene los meses donde no hay temporada. En mi recorrida por localidades como Eduardo Castex, General Pico y la franja que bordea la ruta 35, he escuchado esa queja repetida hasta el cansancio en los últimos años, y la prórroga, al menos por ahora, vuelve a correr el problema hacia adelante.
Qué cambia con la práctica y cómo cambia la práctica
El régimen alcanza a quienes se desempeñan bajo las modalidades de empleo temporario o permanente discontinuo previstas en la Ley de Trabajo Agrario, así como a los trabajadores agropecuarios con contratos eventuales y a los comprendidos en Convenios de Corresponsabilidad Gremial, una herramienta que en las economías regionales vincula a productores, gremiales y organismos de la seguridad social. En la práctica concreta, esto significa que un cosechero que firma un contrato por tres o cuatro meses para levantar un lote no pierde automáticamente sus asignaciones familiares ni la Tarjeta Alimentar, y en determinados casos puede continuar percibiendo el acompañamiento del programa Volver al Trabajo, siempre que se cumplan las condiciones que fija cada beneficio.
Una de las cláusulas más sensibles para el ingreso familiar, y que en mi experiencia de recorrida por los pueblos del interior genera siempre largas conversaciones en las veredas de los almacenes de ramos generales, es la que establece que las asignaciones familiares correspondientes a estos contratos no pueden ser inferiores al cien por ciento del valor de la Asignación Universal por Hijo. Es decir, se fija un piso por debajo del cual la asignación no puede caer, sin importar cuánto dure la temporada ni cuál sea el nivel salarial del trabajador, lo que en los hogares con varios chicos representa un piso de ingresos cierto para los meses donde el trabajo registrado existe, pero acotado.
El esquema contempla también una pata destinada a los productores: una reducción de las contribuciones patronales para quienes contraten bajo estas modalidades, un incentivo que en la lógica oficial apunta a promover la registración laboral en un sector donde la informalidad sigue siendo una cuenta pendiente, sobre todo en las economías regionales del norte del país y en las cosechas de mano de obra intensiva como la frutícola, la olivícola o la de algodón. Cuando el vínculo laboral se extiende de manera continua por más de seis meses, algunos beneficios monetarios de programas sociales, con excepción de la Tarjeta Alimentar, pasan a computarse como parte del salario, una cláusula pensada para facilitar la transición hacia un empleo formal pleno, aunque todavía es pronto para saber cuántos trabajadores efectivamente lograrán sostenerse en esa condición una vez finalizada la temporada.
“La experiencia de los últimos años demostró que este mecanismo es fundamental para dar previsibilidad a los trabajadores y a las economías regionales que dependen de las campañas.”UATRE, antes de la renovación del régimen
Antes de que se conociera la prórroga, la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (UATRE) había advertido públicamente que unos 120.000 puestos de trabajo rural estaban en riesgo en todo el país por la incertidumbre sobre la continuidad del régimen, una cifra que pone en perspectiva el volumen de mano de obra que gira alrededor de cada cosecha y que vuelve urgente discutir qué pasa con los meses en los que la temporada termina y el bolsón familiar debe seguir llenándose con lo que dejó el surco. La prórroga, en este sentido, no es solo una decisión administrativa: es la confirmación de que, sin ese puente, miles de familias del interior quedarían a la intemperie cada vez que se corta la cadena de la cosecha.
- El Decreto 1204/2026 extiende hasta el 1 de septiembre de 2027 la compatibilidad entre empleo rural registrado y planes sociales.
- Alcanza a unas 50.000 personas y unos 83.000 hijos de aportantes en todo el país.
- Cubre a trabajadores temporarios, permanentes discontinuos, contratos eventuales y Convenios de Corresponsabilidad Gremial.
- Las asignaciones familiares no pueden ser inferiores al valor de la Asignación Universal por Hijo.
- Tras seis meses de trabajo continuo, algunos beneficios se computan como parte del salario, con excepción de la Tarjeta Alimentar.
- Se mantiene la reducción de contribuciones patronales para los empleadores del sector agropecuario.
Cierro la columna como la empecé, mirando el cielo pampeano que sigue encapotado y que promete más humedad para los próximos días, una condición que en esta época del año puede mejorar los rindes en los lotes de soja de segunda o, si se prolonga demasiado, complicar el avance de las cosechadoras en los campos más bajos del departamento Conhelo y de Trenel. Más allá del tiempo, lo que queda pendiente, y que el Estado todavía no resolvió de manera definitiva, es cómo se sostiene a esas mismas familias durante los meses en los que no hay cosecha ni contrato, cuando los pueblos del interior profundo se vacían un poco más y las góndolas de los supermercados del centro del país siguen recibiendo, sin sobresaltos, lo que ese surco les da. La prórroga compró tiempo; el problema de fondo, el de la estacionalidad que ordena la vida rural y que ningún decreto puede borrar, sigue abierto.
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