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SÁB, 17 OCT 2026
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La compra que Nintendo nunca quiso explicar: cómo dos películas porno casi rescriben la historia del fontanero

A comienzos de los noventa, cuando Super Mario todavía reinaba en cada consola, un director de cine para adultos produjo dos parodias que terminaron en el archivo más profundo de la compañía japonesa. El caso sigue siendo uno de los más curiosos de la historia de la propiedad intelectual.

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Celeste AlcarazCultura y espectáculos · · lectura 3 min
La compra que Nintendo nunca quiso explicar: cómo dos películas porno casi rescriben la historia del fontanero

A esta altura, casi nadie discute que Super Mario Bros. es uno de los íconos más grandes de la cultura pop del siglo XX. Pero hay un capítulo poco conocido, casi de novela negra, que tiene como protagonista al propio Nintendo y a un par de películas que la compañía decidió comprar para que nadie pudiera verlas. La historia arranca a comienzos de los años noventa y tiene como escenario de fondo el descalabro de la primera -y por muchos años única- adaptación cinematográfica oficial del fontanero.

Una parodia filmada en dos días

El responsable fue Buck Adams, director y figura del cine para adultos de la época, que vio en el furor de Super Mario una oportunidad demasiado buena como para dejarla pasar. Con un presupuesto realmente bajo -alrededor de 20.000 dólares- y un cronograma de rodaje de apenas dos jornadas, Adams y su equipo armaron una parodia pornográfica del personaje. El material grabado fue tan voluminoso que la producción terminó partiéndose en dos películas: Super Hornio Brothers y una secuela.

Lo que pasó después fue un golpe de timing que, mirado en perspectiva, resulta casi tragicómico. Las dos cintas para adultos se estrenaron casi en simultáneo con la Super Mario Bros. (1993) oficial, dirigida por Rocky Morton y Annabel Jankel, que fue un fracaso resonante en taquilla y recibió críticas durísimas en todos los idiomas. La imagen del personaje ya venía golpeada por ese resultado cuando alguien en Nintendo decidió mover ficha.

La compra silenciosa

La estrategia fue tan simple como llamativa: comprar los derechos de ambas producciones para que dejaran de circular. Lo notable no fue la decisión en sí, sino la discreción con la que se ejecutó. Según reconstruyó la prensa especializada, la adquisición se hizo de manera deliberadamente silenciosa, sin comunicado oficial, sin ruidoso. El objetivo era archivar las cintas sin sumarle un centímetro de publicity adicional al asunto.

El plan funcionó durante más de una década. Hubo un largo período en el que mucha gente dudó de que esas películas hubieran existido alguna vez. Las copias no estaban en los videoclubes, no aparecían en los catálogos de las ferias de comics ni en los circuitos de coleccionistas. El silencio fue la mejor publicidad de la medida: cuando nadie habla de algo, es más fácil que todos crean que nunca pasó.

Recién en 2009, ya con el video en internet en pleno apogeo, apareció una copia de Super Hornio Brothers 2: King Pooper Returns, que incluía un resumen de la primera entrega. El actor Ron Jeremy, protagonista de ambas producciones, fue quien terminó de confirmar la versión oficial: los derechos le pertenecen a Nintendo y, legalmente, no es posible relanzarlas. La primera parte, en cambio, sigue desaparecida hasta hoy.

El episodio quedó como un caso singular en la historia de la protección de propiedad intelectual: una empresa de videojuegos comprando cine para adultos, no para distribuirlo, sino para garantizar que nadie pudiera verlo. Una movida poco ortodoxa que muestra hasta dónde está dispuesta a llegar una compañía para resguardar a sus personajes más emblemáticos.

Lo que dejó el affaire

  • La compra se realizó con discreción deliberada para evitarle publicidad extra a las cintas.
  • El objetivo fue archivar el material y bloquear cualquier reestreno o distribución futura.
  • La estrategia funcionó más de una década: muchos dudaron de la existencia misma de las películas.
  • Recién en 2009 se filtró una copia de la segunda entrega; la primera sigue sin aparecer.
  • Ron Jeremy confirmó que los derechos pertenecen a Nintendo y que no se pueden relanzar legalmente.

A mí, lo que más me llama la atención es el contraste: una corporación enorme, con presupuestos millonarios, gastando una suma imposible de precisar para comprar dos películas que nadie iba a ver. Es un recordatorio de que, en la industria del entretenimiento, el control de marca a veces pasa por medidas que parecen exageradas, pero que las compañías consideran inevitables cuando el personaje en cuestión vale miles de millones. ¿Sabías de la existencia de estas cintas, o fue Nintendo lo suficientemente efectiva como para mantenerlas en el olvido hasta hoy?

CA
Celeste AlcarazCultura y espectáculos

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