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SÁB, 17 OCT 2026
Economía

Jóvenes y billeteras virtuales: la combinación que más deudas impagas deja en el sistema financiero argentino

Casi uno de cada cinco argentinos menores de 30 años con compromisos financieros registra atrasos con plataformas digitales, una proporción que duplica la de la banca tradicional y configura al único segmento etario donde las fintech encabezan el ranking de morosos, según un relevamiento del Instituto Argentina Grande.

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Daniela EscuderoEconomía · · lectura 5 min
Jóvenes y billeteras virtuales: la combinación que más deudas impagas deja en el sistema financiero argentino

Daniela Escudero, Economía — El sistema financiero argentino acumula 5.715.202 personas con deudas morosas, una cifra que equivale al 12% de la población total y que sitúa a la morosidad como una de las variables más sensibles para evaluar la salud del consumo interno. El dato, provisto por el Instituto Argentina Grande, permite reconstruir un mapa en el que las distintas entidades —bancos, fintech, emisoras de tarjetas y entidades no bancarias— concentran volúmenes muy dispares de incumplimientos, con un actor que sobresale en un segmento específico: las billeteras virtuales, que en los menores de 30 años duplican en cantidad de deudores a las entidades tradicionales.

Vamos a los números. La distribución global de los 5,7 millones de morosos se reparte de la siguiente manera: los bancos reúnen 2.468.367 casos, las fintech 1.533.434, otras emisoras de tarjetas 1.261.470, y las entidades financieras no bancarias 804.697. Sin embargo, estos totales ocultan un fenómeno que sólo se visibiliza cuando la información se desagrega por edad: la morosidad con plataformas digitales desciende a medida que aumenta la franja etaria, mientras que la correspondiente a bancos muestra el comportamiento inverso.

El corte generacional como variable clave

Entre los 15 y los 20 años se contabilizaron 53.445 casos de mora con fintech contra 21.669 con bancos, lo que muestra una relación de 2,5 a 1 a favor de las plataformas digitales. En la franja de 21 a 35 años la tendencia se invierte y los bancos toman la delantera con 905.007 deudores morosos frente a 667.055 de las fintech; sin embargo, cuando se observa el subsegmento que va de los 15 a los 29 años —donde el informe centra su análisis— el comportamiento se vuelve a inclinar hacia las billeteras virtuales. En el tramo de 36 a 50 años la relación es de 922.075 contra 557.217, y entre los mayores de 66 años la brecha se amplía a 189.738 morosos bancarios contra apenas 49.523 con plataformas digitales.

El dato más elocuente del relevamiento surge al comparar la incidencia de la mora sobre el total de cada grupo etario. En julio de este año, el 38,1% de los deudores de entre 15 y 29 años registraba al menos una obligación en mora; la proporción desciende al 31,73% entre quienes tienen de 30 a 44 años, al 23,05% en la franja de 45 a 59, al 16,77% entre los 60 y los 74 años, y al 14,47% en los mayores de 75. La pendiente descendente confirma que el grupo etario más vulnerable al incumplimiento es, en términos relativos, el de los más jóvenes, y que esa vulnerabilidad se atenúa progresivamente con la edad.

En términos absolutos, el segmento que reúne mayor cantidad de personas con deudas impagas es el de 21 a 35 años, con 2.188.442 casos, una cifra que representa el 38% del total de morosos del sistema. Este grupo concentra tanto deudores bancarios como de plataformas digitales, y refleja el peso específico que adquiere la economía de los hogares jóvenes en el circuito del crédito, un segmento históricamente más expuesto a la volatilidad del empleo y los ingresos.

Cobranzas y refinanciaciones: cómo se reordenan las carteras

Un indicador adicional que aporta el Instituto Argentina Grande da cuenta de la magnitud del fenómeno: en julio, 882.173 deudores tenían sus compromisos transferidos a empresas de cobranza, una cifra en crecimiento sostenido desde mediados de 2025. Esas carteras representan el 9,6% de las líneas de crédito en mora y alcanzan al 15% de los deudores morosos, lo que evidencia que una porción relevante de los incumplimientos ya escaló a instancias extrajudiciales de recupero.

El Centro de Estudios para la Ciudad, por su parte, analizó la evolución de quienes renegociaron obligaciones entre abril y agosto de 2026: el 50,6% permaneció en la misma categoría de morosidad y el 30,5% logró mejorar su situación, mientras que el resto registró un deterioro en su perfil crediticio. La mayoría de los acuerdos de refinanciación, según el mismo centro, mostraron eficacia limitada cuando la causa de fondo del incumplimiento no se modifica.

“El problema radica en los ingresos. Se puede refinanciar reiteradamente o hacerlo una sola vez, pero siempre se estará condicionado a la imposibilidad de hacer frente al compromiso.”

Quien formuló esa observación fue Mariano Almeyda, director del Centro de Estudios para la Ciudad, al referirse a los límites que enfrenta la herramienta de refinanciación cuando los hogares no logran recomponer su capacidad de pago. La frase sintetiza uno de los núcleos del fenómeno: la mora no se resuelve exclusivamente con ingeniería financiera, sino que requiere estabilización de los ingresos reales.

Qué le cambia al bolsillo de una familia puntana

Para una familia tipo de la provincia de San Luis, el cuadro descrito tiene efectos concretos y diferenciados. Cuando quien percibe ingresos de manera informal o sin relación de dependencia solicita financiamiento a través de una billetera virtual, accede con mayor rapidez pero enfrenta tasas más elevadas y un menor margen de negociación ante un eventual atraso. En un esquema de mora sostenido, la cuenta puede acumular intereses punitorios, afectar el scoring crediticio y derivar en una gestión de cobranza extrajudicial, con el consecuente impacto en la capacidad de obtención de créditos futuros. En cambio, las deudas bancarias, aunque suelen exigir requisitos más rigurosos, ofrecen instancias de refinanciación más estructuradas y tasas, en algunos casos, más bajas. La recomendación práctica que se desprende del informe es central: revisar periódicamente las condiciones de cada línea activa, evitar sumar nuevas cuotas por encima de la capacidad de pago mensual —que como referencia no debería superar el 30% de los ingresos del hogar—, y consultar el centro de atención de cada plataforma ante el primer síntoma de dificultad, antes de que la deuda escale a instancias de cobranza.

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