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SÁB, 17 OCT 2026
Entretenimiento

Gus Van Sant vuelve a las plataformas con un thriller construido sobre un caso real que suena desquiciado pero pasó

Bill Skarsgård se pone en la piel de Tony Kiritsis, el hombre que en los setenta tomó de rehén al hijo de un banquero para que lo dejaran hablar en televisión. La película ya se puede ver en Movistar Plus después de un paso tibio por las salas.

CA
Celeste AlcarazCultura y espectáculos · · lectura 4 min
Gus Van Sant vuelve a las plataformas con un thriller construido sobre un caso real que suena desquiciado pero pasó

Te cuento lo que pasa con esta película antes de que decidas dedicarle una noche o descartarla de movida: se llama Prime Crime: A True Story, aunque también la vas a encontrar como Dead Man's Wire, y es el último trabajo de Gus Van Sant, un director que viene de firmar títulos tan distintos entre sí como Mi propio idolo privado, Drugstore Cowboy y la oscarizada Milk. Acá se mete de lleno en un thriller construido sobre un caso real de los años setenta que, cuando lo escuchás por primera vez, suena a disparate pero efectivamente ocurrió.

Un hombre, un shotgun atado al cuello del rehén y una cámara de televisión como objetivo

Lo que reconstruye el filme es la historia de Tony Kiritsis, un tipo que se presentó en la sede de un banco donde había pedido un préstamo para comprar un terreno. Cuando se lo negaron, se convenció de que la entidad buscaba quedarse con la propiedad para especular. La respuesta que eligió fue tan extrema como directa: tomó como rehén al hijo del dueño del banco con un dispositivo rudimentario que él mismo había fabricado, capaz de matarlo si alguien intentaba actuar de manera agresiva, y formuló dos exigencias, una indemnización económica y, sobre todo, la posibilidad de hablar en vivo en un canal de televisión nacional para contar su versión.

Ese es el punto de partida y, a la vez, el motor de toda la película. Van Sant vuelve a hacer lo que mejor le sale: instalarse del lado de un personaje que choca contra las reglas del sistema y busca una salida desesperada por fuera de los márgenes. Hay algo del cine de los años setenta, de ese thriller urbano que mezcla presión policial con cobertura mediática en tiempo real, que el director cita con elegancia, sin caer en la parodia ni en el homenaje vacío.

Bill Skarsgård carga con la historia entera

Del lado actoral, la apuesta fuerte es Bill Skarsgård, un actor sueco que tiene una trayectoria que va del terror más desatado, pienso en It, donde encarnó a Pennywise, hasta el drama más medido. Acá le toca cargar con el peso absoluto de la trama y lo sostiene con una incomodidad siempre presente, sin estridencias, transmitiendo esa mezcla de cálculo y desesperación que requiere el personaje. La atmósfera de la película funciona precisamente porque él no se corre nunca del registro contenido, incluso cuando lo que está contando la historia es cualquier cosa menos contenido.

El cierre del film incorpora música de Gil Scott-Heron, un guiño que le carga sentido político al desenlace sin que la película abandone el registro del thriller ni se convierta en un panfleto. Es un recurso puntual pero eficaz, del tipo de los que Van Sant sabe colocar en el momento justo, y le deja al espectador una sensación de que, más allá de si el caso se resuelve o no, lo que importa es la pregunta de fondo: hasta dónde puede llegar alguien que decide montar una protesta individual contra estructuras que, claramente, lo superan.

  • Dirigida por Gus Van Sant y protagonizada por Bill Skarsgård, la película reconstruye el caso real de Tony Kiritsis, que en los años setenta tomó como rehén al hijo de un banquero.
  • Se puede ver en Movistar Plus tras un paso discreto por las salas: recaudó unos 3,8 millones de dólares con un presupuesto estimado por debajo de los 15 millones.
  • El cierre suma música de Gil Scott-Heron, lo que le da al filme una capa política sin traicionar el registro del thriller.
  • ¿Próxima fecha para tener en la agenda? La película ya está disponible en la plataforma, así que la próxima función la manejás vos, desde el sillón, a la hora que quieras.

Una última cosa que me gusta destacar porque resume bien el espíritu del estreno: con un presupuesto moderado y resultados de taquilla más bien discretos, el film encontró en el streaming esa segunda oportunidad que muchas veces las películas necesitan para llegar al público que de verdad las va a disfrutar. La pregunta que queda dando vueltas es si el cine de género con intención autoral tiene, de acá en adelante, más futuro en las plataformas que en las salas. Es un debate abierto, y filmes como este lo alimentan.

CA
Celeste AlcarazCultura y espectáculos

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