Saltar al contenido
Nodo San LuisNodo San Luis ⌕ Buscar
Dólar oficial $1.535,00 +0,33%Dólar blue $1.555,00 +0,65%Dólar MEP $1.542,50 +0,42%Riesgo país 648 pb +4,18%
SÁB, 17 OCT 2026
Entretenimiento

«Fackham Hall»: cuando los aristócratas se tropiezan con sus propias reglas

La comedia británica que llega a las salas reversiona los clisés de los dramas de época con enredos matrimoniales, un carterista infiltrado en la mansión y un detective obsesionado con el bigote de Poirot.

CA
Celeste AlcarazCultura y espectáculos · · lectura 4 min
«Fackham Hall»: cuando los aristócratas se tropiezan con sus propias reglas

Llegué al cine con la fila todavía estirándose sobre la vereda y una señora detrás mío que le explicaba a su nieto, con esa paciencia de las tardes de domingo, que Downton Abbey era «lo más serio que se había inventado la televisión inglesa». Le dije que la película que íbamos a ver era justamente lo contrario, y me miró como si la hubiera insultado. Cinco minutos después de que empezara Fackham Hall, que acá se titula Un muerto a la hora del té, ya se estaba riendo a carcajadas. La película tiene esa virtud: toma los modales de tetera y bandeja de plata de los dramas de época y les da vuelta como a un panqueque.

La historia arranca con una boda que se cae a último momento y arrastra a toda una familia aristocrática en su caída. Los Davenport necesitan casar a sus hijas para mantener el patrimonio, los títulos y, sobre todo, la sonrisa del abogado de la familia. El problema es que ninguna de las dos hermanas parece dispuesta a acatar el plan. Poppy, la mayor, ama a alguien de una posición social inferior, y Rose, la menor, ni siquiera sabe todavía que va a quedar en el ojo de la tormenta.

Un elenco que se anima al absurdo

La dirección corre por cuenta de Jim O'Hanlon, que ya había adaptado Emma para la BBC en 2009, y entre los guionistas aparece Jimmy Carr, el humorista británico conocido por sus chistes breves y filosos. La dupla propone un humor que mezcla los juegos de palabras al estilo inglés con situaciones de comedia física bastante desopilantes: puertas que se cierran en el momento equivocado, bandejas que caen en el peor instante y un mayordomo que parece sacado de un dibujo animado.

Thomasin McKenzie, que muchos recordarán por Jojo Rabbit y Last Night in Soho, se pone en la piel de Rose, la hermana menor que termina cargando con las expectativas familiares. Ben Radcliffe es Eric, un carterista que llega a la mansión para entregar una carta y termina contratado como parte del servicio. La química entre los dos sostiene buena parte de la película, sobre todo porque los guionistas aprovechan cada cruce por los pasillos para recordar que en estas casas un criado no podía mirar a los ojos a su señora, ni siquiera por accidente.

Emma Laird interpreta a Poppy con una energía que se nota a kilómetros, y Tom Felton, que arrastra todavía el fantasma de Draco Malfoy cada vez que aparece en pantalla, se luce como Archibald, el primo con el que Poppy estaba a punto de casarse. El detective Watt, a cargo de Tom Goodman-Hill, es uno de los grandes hallazgos de la película: un exagero deliberado de Hércules Poirot, con bigote impecable, dedal inflamado y una obsesión por el orden que termina generando las mejores escenas del filme.

La película dura 97 minutos y no se hace larga: cada escena está pensada para que la risa llegue antes de que el espectador pueda anticiparla. El público de la función a la que fui acompañó con bastante generosa los remates verbales y se entregó de lleno a las situaciones más físicas. Hubo un momento, el del vals torpe entre Rose y Eric interrumpido por la llegada inesperada de la dueña de casa, que provocó una carcajada colectiva que todavía me resonaba en la salida.

La ambientación mantiene la solemnidad de los dramas históricos: los salones parecen sacados de un museo, los vestuarios respetan cada pliegue de la época y la música suena a clavicordio cuando no aparece un piano desafinado para arruinar la fiesta. Esa seriedad formal es la que hace reír más, porque choca de lleno con los diálogos llenos de doble sentido y con las situaciones que llevan las reglas de convivencia al borde del ridículo.

La referencia a Downton Abbey es inevitable y, a la vez, deliberada: la película toma esa estética de família, criados, cenas largas y copas de cristal y la usa como punto de partida para desarmar cada convención. Los casamientos entre parientes, la preocupación por no mezclar sangres, la obsesión por el apellido y por las propiedades aparecen tratados con una ironía que no es cruel, sino más bien cariñosa, como si los guionistas se reiran con esos personajes y no de ellos.

“No es una parodia destructiva: nos reímos porque conocemos el mundo que está en pantalla y porque la película lo quiere con sus defectos y todo.”Celeste Alcaraz, Cultura y espectáculos

Si te gustan las comedias británicas con diálogos afilados, enredos a la antigua y un humor que no necesita ser grosero para hacer ruido, Un muerto a la hora del té es una cita segura. La próxima fecha para verla en salas argentinas ya está confirmada y, por lo que se vio en la premiere, promete seguir llenando butacas. Yo, por las dudas, pienso volver con la señora que me esperaba en la fila: le debo una explicación y, sobre todo, una buena carcajada compartida.

CA
Celeste AlcarazCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo