En 1973 ya nos avisaron que la IA nos iba a romper el mundo (y nadie escuchó)
Un episodio de Super Friends dibujó hace 53 años lo que hoy vivimos con ChatGPT, las actrices digitales y los apagones globales. Spoiler: la profecía se cumplió.
Empiezo con una imagen familiar: usted apoya el dedo en el celular, la pantalla se congela y, en lugar de solución, le aparece un mensaje en inglés pidiéndole que reincie. Mientras tanto, su café se enfría, la reunión se atrasa y la paciencia se va al carajo. Eso mismo, pero a escala planetaria, es lo que viene anticipando la cultura pop desde hace medio siglo. Y un capítulo animado de 1973 lo clavó con una precisión incómoda.
Se llama "Professor Goodfellow's G.E.E.C.", fue el tercer episodio de la primera temporada de Super Friends, lo emitió la cadena ABC el 22 de septiembre de 1973 y todavía se puede ver en Apple TV con sello de DC Comics. No es un compilado de internet ni un recorte de YouTube: es un capítulo oficial de Hanna-Barbera, emitido un sábado a la tarde, pensado para chicos que hoy tienen nietos.
La profecía escrita en dibujitos
En el capítulo, el profesor Goodfellow inventa la G.E.E.C., que significa Goodfellow's Effort-Eliminating Computer, o sea la Computadora que Elimina el Esfuerzo de Goodfellow. Piense en ella como una versión retro de ChatGPT mezclada con la AFIP y con Mercado Libre: maneja transporte, comunicaciones, compras, ventas, publicidad, contabilidad, fábricas y hasta las maquinarias del campo. Suena conocida, ¿no?
Cuando alguien le pregunta qué van a hacer los actores y los deportistas si la máquina hace todo, Goodfellow responde que no serán personas reales sino "imágenes electrónicas programadas para ejecutar los movimientos". Hace casi 53 años, un guion infantil describió lo que hoy llamamos actrices y modelos generados por inteligencia artificial. En julio de 2026, la productora británica Particle6 anunció Misaligned, presentada como la primera película protagonizada por Tilly Norwood, una actriz que no existe fuera de un servidor.
El modelo de negocio: todos usan, casi nadie paga
El guion también acertó en el mecanismo de adopción. Cuando el gobierno rechaza donar la G.E.E.C. al Estado, Goodfellow la ofrece directo al público, gratis y sin intermediarios. La adopción es masiva e inmediata. El 27 de febrero de 2026, OpenAI reportó 900 millones de usuarios semanales con apenas 50 millones de suscriptores pagos. Traducido a criollo: más de nueve de cada diez personas lo usan sin poner un peso. El modelo ya estaba escrito en un dibujo animado.
La fragilidad: un ratón y un archivo desbocado
Falta la parte que a mí, como periodista tecnológico, me eriza la piel. Uno de los personajes advierte que una falla mecánica "podría causar mucho daño". Goodfellow lo descarta con esa soberbia típica del inventor que cree que su obra es infalible. Minutos después, un ratón entra al sistema y todas las máquinas del mundo se apagan. El 18 de noviembre de 2025, un archivo de configuración de Cloudflare que creció al doble de su tamaño previsto interrumpió servicios de varias plataformas globales al mismo tiempo. Cambie "ratón" por "archivo desbocado" y la escena es idéntica.
Qué nos deja este dibujo animado
- La automatización prometida como del trabajo suele terminar concentrando poder y dependencias en unos pocos proveedores, igual que la G.E.E.C. en un solo edificio.
- Cuando el servicio es gratis, el costo lo pagan otros: datos, atención al cliente precaria y dependencia absoluta del proveedor.
- Las figuras sintéticas (la "imagen electrónica" del guion) ya son una industria: actrices, modelos y hasta locutores generados por IA ya firman contratos.
- Los sistemas centralizados son frágiles por diseño. Un error de configuración puede tirar abajo medio internet, como ya pasó.
- La historia se repite porque nadie mira los avisos que el pasado dejó en formato de caricatura.
Yo caí en esto como muchos: usé ChatGPT gratis durante meses sin preguntarme quién sostenía el servicio ni qué tan estable era la arquitectura. Aprendí a los golpes cuando un día el sistema no respondió y entendí que mi trabajo dependía de un botón ajeno.
Mi consejo, bien terrenal: no delegue tareas críticas en una sola herramienta gratuita; guarde copias locales de lo importante; revise dos veces cualquier dato sensible que le dé un chatbot; y, si puede, pague una suscripción si la herramienta es central en su laburo. Y si le dicen que la nueva app es infalible, acuerdese del profesor Goodfellow y de su ratoncito: la próxima caída no avisa.
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