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SÁB, 17 OCT 2026
Tecnología

Ella corta verduras con la cámara en la cabeza: así se entrena a tu robot de cocina

Divya vive en India y filma cuatro horas por día de tareas domésticas con un celular sujeto a la frente. Los videos terminan alimentando sistemas de inteligencia artificial que enseñan a los robots a manipular objetos.

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Iván GuiñazúTecnología · · lectura 3 min
Ella corta verduras con la cámara en la cabeza: así se entrena a tu robot de cocina

Empecemos por lo concreto: a vos te pasó alguna vez de pedirle al robot de barrer que limpie cerca de la mesa y terminar persiguiéndolo por toda la cocina con el calzado puesto. Bueno, ese pequeño fiasco hogareño es, técnicamente, un problema de entrenamiento. Y la solución, según cuentan, llega de un lugar impensado: una mujer en el sur de India cortando verduras con un teléfono atado a la frente.

Se llama Divya, vive en el distrito de Karur, y su trabajo consiste en filmar lo que cualquiera haría un martes a las siete de la tarde: picar cebolla, limpiar la mesada, acomodar la sala. La diferencia es que cada gesto queda registrado y enviado a una plataforma que alimenta a modelos de inteligencia artificial, esos programas que hacen que las máquinas entiendan qué les pediste, piensen mejor dicho. Traducido a criollo: es como mostrarle a un changuito nuevo dónde se guarda cada cosa en la cocina, pero en vez de repetirle veinte veces, le pasás un video y listo.

Por qué sirve una cámara en la cabeza

La posta de este asunto es qué se hace con esas imágenes. Para que un robot con IA aprenda a manejarse en una casa necesita ejemplos de cómo se mueven las manos, cómo se agarra un vaso, cuánta fuerza se hace para abrir una heladera. Eso lo cuenta el material: los registros permiten analizar cómo se manipulan objetos y qué movimientos se necesitan para completar una actividad. No es magia, es la diferencia entre una máquina que repite una secuencia fija, como un CD en bucle, y otra que puede adaptarse a lo que encuentre. Una cocina con manchas, luz mala, un perro echado al medio: cualquier robot entrenado con videos de Divya va a poder improvisar.

Divya produce el material con un teléfono sujeto a la cabeza, así la cámara capta desde su punto de vista mientras corta o limpia. Después manda los videos. Punto pelota. La dificultad está en que no todo lo que graba sirve.

Cuatro horas de filmación, dos aprueban

Acá viene el primer dato para dejar de romantizarlo: la mayoría del trabajo no se paga como grabación exitosa. Divya cuenta que, cuando filma cuatro horas en un día, se aprueban entre dos y dos horas y media. O sea, casi la mitad se descarta. No es que grabe mal: el filtro de calidad es parte del laburo.

Y grabar no es lo mismo que hacer. La propia Divya lo explica: una tarea que conoce y hace habitualmente puede llevarle el doble cuando debe registrarla. Traducido: cortar verduras, algo que en media hora lo liquida, le lleva una hora con cámara en la frente. Tiene que pensar los movimientos, repetir, cuidar el encuadre, acomodar la luz. Es la diferencia entre cocinar para tu familia y cocinar para un programa de televisión.

Lo que cambió en su billetera

El ingreso, aclara, modificó la relación con el dinero cotidiano. Antes necesitaba pedirle plata a su marido hasta para recargar el saldo del celular. Ahora puede pagar esa recarga y hacer compras por su cuenta con lo que obtiene de las grabaciones. Lo dice ella, queda claro, no lo estoy adornando.

Su experiencia deja a la vista una aplicación concreta del trabajo humano en el aprendizaje de robots: convertir actividades cotidianas en ejemplos visuales. Dicho de otra manera, cada vez que mandás un video hac algo sirviendo la mesa, estás, sin saberlo, enseñándole a una máquina cómo lo harías vos. Yo, como buen accidental, ya imagino al robot intentando abrir una botella de vino.

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Iván GuiñazúTecnología

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